Ofrecen como espectáculo, el baile del caño, para cumpleaños y casamientos

Las hábiles bailarinas ofrecen su "arte" en las calles de la Quinta Avenida. Por 300 dólares están dispuestas a poner patas para arriba cualquier fiesta. La audaz promoción se realiza en las calles, en donde las bailarinas despliegan sus piernas sobre un caño montado en una bicicleta.

¿Quién es esa chica? Abrazada a una barra vertical fijada al remolque de una bicicleta, Ariel abre y cierra sus piernas mientras se desliza en las alturas de la noche neoyorquina. Ella es una Polerider (o sea, una bailarina de barra ambulante) y forma parte del equipo de pole dancers que surcan las calles de la Gran Manzana sobre tres ruedas.



El idelólogo del espectáculo es Andrew Katzander, quien tuvo a bien unir ecologismo, deporte, erotismo, publicidad y mucho morbo antes de montar una empresa que se dedica a amenizar bodas, bautizos, comuniones y cualquier celebración subida de tono que se precie. Todo comenzó una noche en la que decidió subirse a la bicicleta con una amiga y probar. A penas la chica comenzó a sacarse la ropa, la gente se aglutinó y se armó.

Atascos considerables, policías extasiados, motoristas a la carrera y espontáneas que dejaban atrás a sus novios para subirse a la plataforma e improvisar un baile erótico. "Posaban para sus novios, pero tuve que impedir que se quitaran la ropa en varias ocasiones. ¡Una locura! La gente que no paraba de lanzar monedas e invitarme a fiestas. Sin ninguna duda, fue el mejor paseo en bicicleta de mi vida", cuenta en su blog Katzander, a quien se le ocurrió la idea cuando pedaleaba frente al club de striptease Hustler.

 


Bastó organizar un casting para encontrar a modelos acróbatas dispuestas a soportar los rigores de la madrugada neoyorquina. Otras proceden de la cantera de la academia Shockra Studio, mientras que los artilugios móviles fueron obra de un equipo de ingenieros. La prueba de fuego, superada, consistió en construir una suerte de triciclo con plataforma y neones que garantizase la estabilidad tanto del mástil como de las chicas, que a juzgar por estas imágenes gozan de una forma física envidiable.

Además de un reclamo para fiestas (a 300 dólares la hora), el responsable del invento pretende sacarle rentabilidad con la inserción de publicidad en el vehículo, aunque no ha tardado tiempo en vender todo tipo de  merchandising a través de internet. Ahora mismo no precisan ciclistas para pedalear duro por NYC, aunque todavía hay plazas de bailarinas libres. Se hacen llamar The Veloettes y se manejan en la barra tal que así.

Fuente ADN.es

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19 de octubre de 2017 | 10:18
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