La noticia como utopía. La experiencia de MDZ

Lo que sigue es la disertación realizada en el Tercer Congreso Internacional que se realizó en la Universidad de Palermo, Buenos Aires, por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea).

MDZ formó parte de una mesa titulada Los hacedores del periodismo 2.0.

Muchos de mis colegas, formados como yo en el periodismo gráfico tradicional, me preguntan a menudo cuáles son las diferencias entre aquel periodismo en el que crecimos, y este, el digital que parece lentamente imponerse a pasos agigantados.

A lo largo de más de un año hemos construido en MDZ, minuto a minuto, una experiencia propia que es importante compartir con estudiantes y profesionales, y sobre la que este encuentro permite reflexionar.

Distintos soportes, distintas cabezas

Para ser sintéticos, habrá que reafirmar de entrada que el periodismo es el mismo y que en todo caso lo que cambia es la cabeza de quienes lo hacen. No hay aquí una batalla de soportes, sino de pensamientos. Por más que las herramientas sean distintas, y que ahora los entonces viejos reporteros se parezcan cada vez más a robots multimedia provistos de dispositivos capaces de grabar, fotografiar, filmar o reproducir situaciones que antes exigían más atención, esfuerzo y creatividad del periodista para poder narrarlas con certeza.

Hoy esta tecnología facilita el registro, pero no el talento para la descripción certera, o la metáfora apropiada que revele el placer por la lectura preexistente a la incorporación de los links, el hipertexto, las animaciones, los slides fotográficos y los videos en las notas.

Lo que antes era noticia, ahora también lo es. Todo hecho novedoso, actual, veraz que involucre el interés público, ya sea porque se vea afectado o simplemente sorprendido, es para los periodistas una obligación reflejar. En todo caso lo que cambia es la percepción profesional que tenemos de esa noticia, que deja de ser un caso cerrado, un objeto contundente y profuso, para transformarse ya en el mundo digital en un universo abierto, en construcción, en constante evolución y susceptible al aporte de otros que no son estrictamente periodistas.

Pero, y paradójicamente, esta intromisión lejos de contaminar, ayuda a estructurar una historia potente, certera y atractiva como la que cualquier manual periodístico de antaño o un maestro de entonces, recomienda siempre escribir.

La visibilidad de la noticia en construcción

El periodismo digital permite que un anuncio mute, minuto a minuto, en un relato de acción simultánea, al que a su vez puedo ir incorporándole información y nutriendo en forma de crónica, para obtener luego de dos o tres horas de publicación de ese material, la noticia que al día siguiente los diarios de papel van a imprimir.

Mientras en el siglo XIX y en casi todo el siglo XX este proceso era una cocina oculta de los medios y los periodistas, especie de procedimiento secreto que de un momento a otro paría una noticia, ahora ese proceso adquirió visibilidad a través de la creación de tantas versiones como se crean necesarias hasta completar el sentido total de una información. La noticia se crea, se recrea, se construye de cara al lector y con su intervención. Obviamente, en ese trajín de esa noticia en construcción de cara al público, se corre el riesgo de la imprecisión, al publicar situaciones incompletas, visiones fragmentadas o realidades parciales, en lo que ya se ha transformado una crítica clásica hacia el periodismo digital. Y eso es cierto. Pero ¿acaso el periodismo gráfico tradicional no incurre muchas veces más que lo aconsejado en el mismo error? 

En MDZ hemos experimentado en grandes coberturas como elecciones, o visitas presidenciales, inmensas y casi esquizofrénicas maratones de publicación de contenidos, actualizados cada cinco, siete o diez minutos. Esa nueva versión que venía a reemplazar a la anterior iba incluyendo más y mejor material hasta lograr una perfección que en definitiva nunca se alcanza, pues la noticia es como la vida. Cuando se detiene, otro continúa; pero mientras tanto, siempre está cambiando de tiempo, espacio y lugar. Y esa persecución infinita, casi utópica, es uno de los pasatiempos predilectos de los periodistas.

Tres grandes absolutos del periodismo digital

En ese aspecto, el periodismo digital plantea tres grandes absolutos: 1) el de la instantaneidad, 2) el de la escala y 3) el de la percepción. La difusión de una noticia debe ser rápida por definición, de allí la obsesión de la primicia, y en Internet ese postulado universal es más posible que nunca. Lo on line significa estar al mismo tiempo en distancias disímiles, y es –definitivamente- el valor agregado esencial de esta nueva forma de hacer periodismo.

El segundo ítem hace que todo lo local sea global y también viceversa. La web obliga a que las barreras entre lo provincial, regional, nacional, internacional sean más que difusas. Los motores de búsqueda como Google o cualquier otro, no distinguen divisiones físicas o políticas, y es verdaderamente cierto que la aldea ahora es global.

Por su parte, esto obliga a que la percepción de los asuntos micro deje de mirarse con la piedad o la contemplación que suponen las cosas menores. O que sólo lo macro alcance niveles de importancia. Una vez en la web, da lo mismo si hablamos de Madrid, Mendoza o del pueblo más pequeño del país. El alcance y la disponibilidad es la misma, tan sólo podrá modificarse la velocidad de acceso y la cantidad de gente que pueda estar más o menos interesada en ese contenido.

En MDZ recientemente, hemos incorporado dos segmentos localizados, de índole regional pero de trascendencia global. Valle de Uco, una región conformada por tres departamentos del oasis central de Mendoza y Gran Este, conformado por otros cuatro. Se trata de una experiencia inédita que pone a disposición de regiones a veces olvidadas, una herramienta de vinculación e interacción con el mundo, de difusión de la realidad local con una dinámica global. 

Sin embargo, aquí no hay que volverse locos. Nosotros pensamos, escribimos y hacemos MDZ para los mendocinos. Más allá de eso, somos conscientes que el mundo nos está leyendo. Y a ellos también les hablamos, porque ellos también nos interesan. Pero la prioridad está más que clara: nuestro diferencial es la calidad de información local que podamos ofrecer. Y para eso trabajamos.

Los paradigmas que supimos construir

Uno de esos viejos colegas, me decía hace tiempo entre café y café: “lo bueno que vos tenés acá es que no hay cierres…”. Una buena observación que no por aguda deja de ser correcta, y que en todo caso, más que un alivio es un problema. Por el contrario al papel, en el digital hay miles de cierres. Cada minuto es el límite de un nuevo cierre que el editor, o el propio periodista se auto imponen para que la nota nunca quede desactualizada. Y en el caso que así ocurriera, para generar un nuevo contenido con ese dato reciente que cambió tanto el panorama de esa noticia en evolución que ya es otra noticia.

Por ello, y porque aún el universo y el camino de los diarios digitales en Internet está aún por hacerse, desde MDZ siempre pregonamos que no había paradigmas. Que en todo caso estaban por inventarse, y que –lo mejor de todo- nosotros mismos podíamos ser parte de esa concreción. En ese sentido, establecimos un sistema de actualización profundo y constante, que hoy forma parte del ADN de nuestro diario.

Asimismo, y sin pretender ninguna alusión ideológica, buscamos establecer un equilibrio entre un sector más dinámico, el de la izquierda, más vinculado a la información y la noticia, y otro más reflexivo y de profundidad, ubicado a la derecha. Nuestra izquierda es el vértigo de un diario que corre al ritmo del mundo; y nuestra derecha un ámbito de pensamiento y valoración, de debate e interpretación. Demostramos que la web también soporta contenidos de análisis y de opinión como lo hace desde siempre el papel, pero claro, con sus reglas y sus tiempos.

Internet no puede ser una pantalla estática que pretenda reflejar una realidad tan dinámica como es el mundo de hoy. Debe tener una pantalla lo suficientemente movediza como para mostrar, al menos en algún punto que pueda ser comprensible, la velocidad, el impacto de los fenómenos políticos, económicos, sociales y culturales del mundo de hoy. Entrar a un diario digital que no es más que la versión electrónica de un diario de papel pensado hace 24 horas e impreso hace siete u ocho es un sinsentido absoluto. Es la misma diferencia entre mirar una fotografía en blanco y negro y un video en colores y en alta definición.

Resulta que ahora los lectores piensan...

Todos sabrán aquel dicho tan común de las redacciones que expresa que no hay nada más viejo del diario de hoy. Imagínense si ahora debemos empezar a decir que no hay nada más viejo que la pantalla que tenés frente a tus ojos… Un despropósito y un derroche de energía y posibilidades que sería imperdonable si no lo ponemos a disposición de los lectores.

Los lectores, nuestra siempre codiciada legión, ese objeto de deseo que también, acorde a los tiempos, han mutado. Los medios gráficos clásicos inspiraron el tradicional esquema comunicativo en el que unos emiten y otros reciben, en un eterno circuito en el que los periodistas no teníamos ni idea de lo que pasaba por la cabeza de ese tótem al que siempre se menciona pero pocas veces se contempla.

Hoy, en el imperio del periodismo 2.0 los lectores dejaron de ser la urna de depósito de nuestras veleidades o elucubraciones para convertirse en sujetos tan activos como nosotros, que opinan, piensan y discuten de igual a igual. Que a veces tienen más información que nosotros, o que simplemente no están de acuerdo ni con nuestros enfoques, ni con nuestra sintaxis, ni con nuestros títulos. Y lo peor de todo, lo dicen…

El periodismo digital también ha obligado a reducir esa brecha artificial entre el periodista y los lectores, ha derribado ese podio absurdo desde el que habitualmente se levanta el dedo y se decide –como un juez- lo bueno y lo malo. El periodismo 2.0 es democratizante en tanto y en cuanto sean cada vez más democráticas las condiciones que lo hacen posible, es decir la tecnología y el acceso a Internet, algo que lentamente en nuestro país, es cada vez más real.

Así, en nuestros diarios digitales, superadores de aquellos iniciales portales de noticias de hace algunos años atrás, las crónicas, las columnas o los artículos, más que objetos cerrados de análisis, pasan a ser disparadores de discusiones, motivadores de inquietudes, o simples foros de discusión del tema propuesto. O directamente, de otros temas que la comunidad, en su diálogo interactivo, define y decide como más interesante, actual o profundo. 

Interactividad para construir nuevas agendas

Esta interactividad es otro factor novedoso, aún extraño para los periodistas, que por lo general todavía son más proclives al oficio solitario, que a la construcción comunitaria que proponen las redes sociales vinculadas a la web. Dar ese paso al frente puede significar un enorme acercamiento a lo que la misma sociedad reclama de los periodistas y los medios: el involucramiento en los temas que le interesan a los ciudadanos y no en la agenda que los gobiernos o las empresas construyen y que los periodistas estiman.

Este intercambio, que aflora en los foros y en los comentarios de las notas, si bien todavía inmaduro e incipiente, más utilizado para el agravio o la descalificación anónima que para el perfeccionamiento de contenidos, significa para las empresas periodísticas una preocupante fuente de calumnias e injurias disfrazadas de libre expresión. Es de esperar que se comprenda la valía del espacio, que lo tiene, y que no tienda a perderse entre los que se cansan de leer allí amenazas o denuncias sin fundamento.

Internet también permite tener nuestro propio rating, conocer a cada hora la cantidad de lecturas de cada contenido colgado y ver la evolución de intereses de los lectores. Son muchos los reyes que quedan desnudos cuando lo que se presumía importante, no lo es tal y que lo que se menospreciaba resulta que es atractivo para tanta gente. Aquella siempre vaga categoría de “lo importante” sufre fuertes embates cuando llega al tamiz de Internet. Sin embargo, y para no abundar, sería un error restringir el periodismo digital tanto a la dictadura del “clic” como únicamente a su dimensión técnica.

El periodismo digital sigue necesitando imperiosamente de hombres y mujeres que se exciten ante una noticia trascendente, que sientan la adrenalina de una cobertura dificultosa, que se cuestionen ante cada adjetivo el porqué de su uso. Pero sobretodo y especialmente, necesita reafirmar doblemente sus valores éticos, de compromiso social y constancia profesional que lo aleje tanto del copy-paste, como de la tentación que supone un texto que se sabe efímero.

Tal vez este sea el mayor desafío del periodismo digital: el de trascender la seducción de lo momentáneo, el de articular la rigurosidad con la agilidad;  el de hacer funcional lo atractivo con la precisión, poniendo aquí todo el énfasis que sea posible, para seguir contando lo que en definitiva es la misma historia del periodismo desde sus orígenes: la de unos hombres preocupados por el destino de otros hombres, de su patria y de su mundo, como un espacio de libertad, igualdad y justicia para mejorar, que tal vez nosotros no veremos, pero que otros tantos como nosotros, seguramente contarán y seguirán contando.


(*) El autor es licenciado en Comunicación Social. Editor de MDZ, docente de la Universidad Nacional de Cuyo y miembro de Fopea.
Opiniones (2)
17 de agosto de 2017 | 19:19
3
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17 de agosto de 2017 | 19:19
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  1. Desde mi punto de vista la noticia sirve cuando se da mas importancia a aquellas que sean edificantes y no las que sean referidas a personas o hechos intrascendentes .Voltaire decia refiriendose a un acontecimiento intrascendente " A la gente le interesa recibir soluciones no problemas" .Cuando vemos noticieros hablando a D`Èlia dan ganas de apagar el televisor como yo lo hago porque son personas irracionales que no se merecen darle prensa
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  2. UN EXCELENTE ANÁLISIS DE MEDIOS DIGITALES, QUE NO DEJAN DE SER MEDIOS...
    Esto creo que es fundamental, más allá de los avances tecnológicos y del consecuente achicamiento del mundo. De cualquier forma siempre hay que seleccionar 10 o 20 noticias de las miles que se producen a diario, y esa elección marca el plus a favor del medio. Es cierto que la interacción enriquece -más allá de los elefantes en un bazar- el enfoque, la teoría o los fundamentos de las noticias. Es bueno también para el lector, porque en su afán de opinar, le enseña a leer. Es bueno también tener en claro que no siempre gana el que llega primero, sino el que llega a tiempo y tener la suficiente suerte -yo no creo en ella- para que nuestras neuronas trabajen como tienen que trabajar, en sociedad con el sentido común y no con la retórica de los intelectuales o seudos, que más que informar, hacen conocer al mundo como ha crecido su ego.
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