Deportes

De la ilusión al desencanto en poco más de dos horas

La irregular actuación de Nalbandian y Calleri en el punto de dobles que se perdió este sábado ante España movilizó a la gente que colmó el estadio Islas Malvinas marplatense y que modificó diametralmente su estado de ánimo.

El público argentino comenzó a jugar su partido desde el principio, cuando asumió un protagonismo decisivo, consciente de que el dobles era clave para el desenlace final de la serie contra los españoles, luego del paso en falso que protagonizó ayer Juan Martín Del Potro.

"Pongan huevos, que España tiene miedo" fue el canto de guerra inicial, cuando todo parecía encaminarse a un triunfo celeste y blanco, y el ocurrente "Maradó, Maradó" para premiar cada toque sutil del cordobés Nalbandian, quien ofreció varios de su amplio repertorio en el primer set.

Es que el viernes, en la primera jornada, el amplio favoritismo que se le adjudicaba al equipo argentino, por el gran presente de Nalbandian y Del Potro, sumado a la ausencia de Rafael Nadal, el as de espadas de España, hicieron que el público observara el partido casi como en un teatro, como si se tratara de un mero trámite, y las reacciones de aliento fueron divididas o para el cordobés o bien para el tandilense.

Sin embargo, la inesperada derrota de Del Potro ante Feliciano López cambió el mapa de la serie e influyó en el público para el dobles, en el sentido de que salió a alentar con la intención de influir en el juego. Es decir que se unieron los dos grupos diferenciados de la Davis, la barra de cordobeses que alentaba sin parar a Nalbandian, y por otro el de los tandilenses fanáticos de Del Potro.

Entonces, gritaron juntos en cada intervención de Nalbandian y Calleri, e incidieron por primera vez en el 6-5 del primer set, cuando hostigaron, contagiando a todo el estadio, a Fernando Verdasco.

"Tienen miedo, Verdasco tiene miedo, Verdasco tiene miedo", fue el canto que motivó dos dobles faltas seguidas del madrileño, con el consecuente quiebre de servicio y set para Argentina por 7-5.

A partir del segundo parcial, Nalbandian bajó su nivel y Calleri directamente falló en la mayoría de los puntos claves, algo que le permitió a España ponerse en carrera al llevarse el parcial por 7-5.

"¿Por qué no tenés un hermano, David?", lanzó ocurrente un espectador, tras el enésimo fallo grosero de Calleri al intentar una volea. Y ahí rugió fuerte ese grupo de 500 españoles, para alentar a Verdasco, el que más altibajos anímicos mostró.

Esos españoles se hicieron notar más que los 10.500 argentinos hasta que vino la reacción del tercer set, cuando se levantó primero un 5-1 hasta forzar la definición en el tie-break, y luego se lo perdió en forma increíble, después de desperdiciar una ventaja de 5-1.

Ahí la gente se dio cuenta de que el triunfo sería para España, acusó el impacto y cesó en su aliento, sumida en una profunda desilusión, típica de los tropiezos deportivos. En este caso, por tratarse de una final de local, con todo lo que eso genera y la asignatura pendiente que significa la Davis para la Argentina, la gente se fue más cabizbaja de lo común, dado que es poco probable que una definición similar se repita al menos en el corto plazo.

Igualmente, aún restan dos puntos y los muchachos del "Luli" Mancini tienen la oportunidad única de transformar la desilusión en alegría, la frustración en éxito y la desazón en júbilo. Depende de ellos.
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10 de Diciembre de 2016|10:04
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