Deportes

Primer gol en el cosmos

Este fragmento del libro " De fútbol somos" de Rodolfo Braceli representa el sentimiento del escritor para con el desaparecido Luján Sport Club. El domingo volverá a verse en el Bajo la histórica casaca Granate.

En el agosto de 1973 había en el espacio una nave-estación norteamericana, la Skylab, con tres astronautas a bordo. Siete veces al día, durante 15 minutos, esa estación perdía todo contacto con la central de Houston.

Pero justamente en esos ratos el contacto se restablecía a través del Vanguard, el buque madre de la NASA, que navegaba 50 millas mar adentro, en el Atlántico, a la altura de Mar del Plata. Junto con el fotógrafo González Cociña un día me embarqué en el Vanguard, esa pequeña fortaleza destinada a la comunicación entre la tierra y el espacio. El objetivo era no sólo describir la intimidad de ese laboratorio flotante sino intentar “el primer reportaje espacial”.

Luego de estar dos días adentro de ese laberinto electrónico, los ratos de quince minutos de comunicación con los astronautas pasaron a convertirse tanto en una necesidad como en un entretenimiento. Hubo un momento de cierto dramatismo cuando dos de los motores de la Skylab se averiaron; se pensó en la posibilidad de suspender la misión y enviar una nave de salvamento.

Pero todo se solucionó sin drama. En otro de aquellos contactos recuerdo que el astronauta Garriot se quejó porque las frutillas de su almuerzo estaban feas. Inmediatamente se chequeó en el Vanguard una muestra paralela de esas frutillas y se le informó que estaban “en buen estado y sabrosas”. Garriot, sin disimular su mal humor, se quejó de las frutillas. Desde el Vanguard lacónicamente le dijeron “prueba con los duraznos”.

Más allá de lo dramático o lo trivial, al tercer día tuvimos posibilidad de conversar, traductor mediante, con los astronautas. Podía yo pedirles cualquier cosa que me pareciera “un aporte experimental”. En la primera oportunidad le pedí que por un par de minutos no hicieran nada especial, “hagan ocio, miren el lejano atardecer de la Tierra por la escotilla”. “¿Para qué?” -me preguntó el terco de las frutillas. “Para nada, para gozar del momento”, -le contesté.

Ya con más confianza le pedí algo que mi traductor trasmitió entre perplejo y alarmado: le pedí a Garriot que pronunciara y gritara la palabra “gol” e inmediatamente después “de Luján”.

Costó un par de arduos minutos para que Garriot entendiera mi pedido, pero finalmente lo satisfizo. Imitando mi énfasis, allá en lo más hondo de los altos cielos gritó: “Gooolll... Goooooooollllllll de Lujááánn...” Damas y caballeros, no sé si queda claro: éste fue, para los tiempos, el primer gol espacial que se hundió en el vientre del cosmos.

(Luján es mi Luján Sport Club de Mendoza –después Asociación Atlética Luján de Cuyo, integrada por Luján, Chacras de Coria y Mayor Drummond–. Originariamente, camiseta granate. Granate profundo como el malbec. Cancha situada en un hoyo muy al lado del río. Sitio de viñedos, de luminosos vinos oscuros. Sitio donde mis padres me nacieron y donde aprendí a respirar.) 

(Fragmento del libro “De fútbol somos”, editado por Sudamericana.)
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