Ironía, historia y literatura en la ópera de Carlos Fuentes

Sátira, ridiculización y crítica hacia el presidente mexicano Antonio López de Santa Anna (1794-1876), responsable de la pérdida de grandes porciones del territorio ante Estados Unidos, predominan en la primera ópera escrita por Carlos Fuentes, estrenada hoy en esta ciudad en México.

López de Santa Anna, quien gobernó México en 11 ocasiones distintas, cada vez con diferentes aliados, se ve en la ópera como un hombre apasionado, emprendedor, ambicioso de poder, que no dudó en ordenar la explotación de los recursos naturales de México para obtener financiamiento para su ejército.

Además se hacen constantes referencias a su pata de palo, que usó tras perder una pierna en la denominada guerra de los pasteles en Veracruz, iniciada por comerciantes franceses e incluida en la trama.

La idea de escribir esta ópera, contó Fuentes esta semana en una conferencia de prensa, surgió hace varios años cuando acordó con Mario Vargas Llosa reunir a 12 escritores para que se inspiraran en “su dictador favorito” para la creación de una nueva obra.

De allí surgieron varias novelas sobre distintos líderes políticos: Gabriel García Márquez escribió El otoño del patriarca, cuyo personaje central se inspira en dictadores como el colombiano Gustavo Rojas Pinilla, el español Francisco Franco y el venezolano Juan Vicente Gómez; Alejo Carpentier publicó El recurso del método y Augusto Roa Bastos Yo, el supremo, ambos sobre el líder paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia.

Fuentes dijo que en su caso se inclinó por una ópera porque quiso poner a quien describió como “el personaje más llamativo de nuestra colorida vida política”, a bailar y cantar “con todo y su pata de palo”.

Precisamente, Fuentes hace un guiño a García Márquez al mencionar al general Aureliano Buendía, personaje de su novela Cien años de soledad, como una de las personas que Santa Anna conoce durante uno de sus exilios en Colombia.

Aunque la letra de las canciones y los diálogos son extremadamente sencillos, están cargados de refranes autóctonos. Las metáforas entre el bien y el mal, los símbolos de la religión y la brujería, así como los efectos especiales, son destacables.

La música, variada y muy emotiva, fue escrita por el cubano José María Vitier y es uno de los mayores aciertos de la puesta en escena. La dirección estuvo a cargo de Lorena Maza.

En una presentación para los medios el miércoles hubo problemas técnicos que los organizadores aseguraron tener corregidos para el estreno, parte del homenaje nacional a Fuentes con motivo de su 80 cumpleaños. Aparte del estreno sólo se hará una presentación adicional en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 1 de diciembre.

Santa Anna está encarnado por el tenor Fernando de la Mora, quien sólo al final ofrece una interpretación en la que la brillantez y potencia de su voz se ve magnificada.

El personaje de la muerte es uno de los que más resalta, interpretado por Hernán del Riego, que con un ajustado vestido negro con cola y velo del mismo color, las manos pintadas de rojo y una máscara de calavera ronda constantemente a Santa Anna. Los estadounidenses también salen satirizados cuando se recrea al mandatario mostrándoles lo que hoy conocemos como el chicle.

“No espero nada de los hombres, sólo Dios sabrá perdonar”, dice Santa Anna al final de sus días, cuando su segunda esposa contrata mendigos para que vayan a rendirle honores.

Fuente: AP

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