Una muestra convierte a sus visitantes en pasajeros del Titanic

Por Mila Trenas / EFE

El barco más famoso del mundo, el Titanic, atracó en Madrid en la exposición “Titanic. Objetos reales, historias reales” que reconstruye la vida y tragedia del barco más grande y lujoso que se hundió hace 96 años, en la madrugada del 15 de abril de 1912.

Más de 230 objetos rescatados del fondo del mar por la compañía RMS Titanic Inc, organizadora de la exposición, además de la reconstrucción de camarotes y otros espacios del barco, acompañan al visitante en un viaje por la historia del buque, desde su diseño y construcción hasta su hundimiento durante el trayecto inaugural tras chocar con un iceberg en el Atlántico Norte.

En 1994 se le reconocieron a la compañía RMS Titanic, Inc. sus derechos sobre las posesiones del Titanic. Durante las siete expediciones realizadas en 1987, 1993, 1994, 1996, 1998, 2000 y 2004 la compañía ha recuperado 5.500 artefactos, desde parte del casco hasta pequeñas piezas.

Cheryl Muré, directora del departamento de Educación de la empresa y responsable de lo relacionado con los aspectos didácticos de la exposición, destacó que en esta muestra el visitante se convierte en pasajero “y vive con emoción la tragedia que siguió a este viaje, en el que lo más importante son las historias de los pasajeros y la tripulación”.

Los objetos exhibidos “son únicos e irremplazables y ayudan a echar un vistazo a la vida en 1912 y al barco más grandioso de todos los tiempos”. En este viaje, algo fantasmal, que propone la exposición tienen especial importancia los 2.228 pasajeros, de los que murieron más de 1.500.

Alguno de los 230 objetos rescatados del fondo del mar.

Desde el sumergible utilizado para recuperar los objetos depositados a 3.800 metros de la superficie, hasta el iceberg que se puede tocar y que da una idea de la temperatura a la que se encontraba el agua del mar aquella fatídica madrugada, el recorrido por la exposición va marcado por las pasarelas que dan paso a salas o cubiertas ambientadas con diferentes sonidos.

El visitante recibirá una réplica de los billetes del Titanic para iniciar un viaje cronológico que recorre la construcción del transatlántico, la vida en el buque con recreaciones de las cabinas de primera y tercera clase, el puente de mando o el Café Verandah, espacio inspirado en el café de la clase más lujosa, su trágico hundimiento, y los sorprendentes objetos rescatados.

“Titanic. Objetos reales, historias reales”, visitada por más de 18 millones de personas en todo el mundo, permite oler la fragancia que todavía despiden los pequeños frascos de perfumes del perfumista Adolf Saafeld; contemplar las vajillas en las que comían los pasajeros, apreciando las diferencias existentes entre las de una clase y otra, las piezas de porcelana con el logo de la naviera White Star Line, e incluso una botella de champán que nunca fue descorchada.

Otros objetos representativos son las fuentes de horno perfectamente conservadas recuperadas de la arena, donde se hallaron alineadas como piezas de dominó, o una olla y una cacerola procedente de las cocinas.

Parte especial es la que exhibe los objetos personales de los pasajeros, como unos pantalones, una billetera de piel o un saquito de satén que probablemente se usó para guardar joyas u horquillas para el pelo. Una de las vitrinas muestra un par de ligas azules, unas pequeñas bandas elásticas utilizadas para que no se cayeran los calcetines y que pertenecieron al viajero Franz Pulbaum.

Pasta de dientes, una pitillera con cigarrillos turcos y egipcios, productos cosméticos, joyas, naipes, botellas, partituras, pinzas de ropa, lentes o un clarinete partido por la mitad ayudan en la reconstrucción de la vida de los pasajeros, mientras que un fragmento del casco, que se puede tocar, manillas de puertas, un gancho de carga, un cronómetro, la columna de la rueda del timón del puente de navegación, el telégrafo de emergencia o la gran campana que colgaba del mástil dan idea del Titanic.

La exposición finaliza con la historia de una pareja española que viajaba en el Titanic, Víctor Peñasco Castellana y su mujer María, cuya luna de miel acabó en una tragedia de la que ella sobrevivió.

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