Sorpresa: el “Lazarillo de Tormes” no sería anónimo

Por Roberto Jiménez / EFE

La autoría del Lazarillo de Tormes, uno de los principales enigmas de la historia de la literatura española, ha encontrado en el escritor y periodista salmantino José Delfín Val a uno de sus últimos teóricos e investigadores, al proponer a Fray Juan de Ortega como el “primer sospechoso”.

Portada de la edición de Medina del Campo de 1554, impresa por Mateo y Francisco del Canto.

La tesis de Val parte de un fragmento de la Historia de la Orden de San Jerónimo (1595-1605), de la que Juan de Ortega fue Padre General cuando en 1554 se publicó la primera edición de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, como así se titula la primera novela de la picaresca según los críticos.

El autor de esa historia, José de Sigüenza, al evocar la figura del Padre General Juan de Ortega, anota textualmente: “Dicen que siendo estudiante en Salamanca (…) hizo aquel librillo que anda por ahí, llamado Lazarillo de Tormes. (…) El indicio desto fue haberle hallado el borrador en la celda, de su propia mano escrito”.

“Es una teoría elemental si se quiere, pero puede ser cierta perfectamente, ¿por qué no?”, explicó José Delfín Val, quien además de formular su propuesta recoge en su último libro, La picaresca femenina (Ámbito Ediciones), las principales teorías existentes sobre la autoría del Lazarillo de Tormes.

Recalca el escritor salmantino cómo José de Sigüenza “habla de un borrador, no de una copia, que se le encontró a Juan de Ortega siendo estudiante de Teología en la Universidad de Salamanca”, detalle a su juicio fundamental a la hora de fijar la paternidad de un manuscrito, ya que “en aquella época las copias o traslados de libros famosos no solían salir sino años después de su edición”.

“Es lógico que la novela se editara sin nombre habida cuenta de que, cuando salió de la imprenta, Juan de Ortega era el Padre General de los Jerónimos y no resultaba adecuado a su cargo que estampara la firma en un relato donde se criticaban ciertas costumbres mundanas del ámbito religioso”, ha añadido el estudioso.

No obstante, el “dicen” con que José de Sigüenza encabeza su referencia a Fray Juan de Ortega como responsable de “aquel librillo que anda por ahí”, representa para José Delfín Val un freno a la certeza y por tanto una teoría más junto a las que atribuyen el Lazarillo al ingenio de Luis Vives, Diego Hurtado de Mendoza o Alfonso de Valdés.

“¿Quién fue el verdadero autor de la novela que tanto revuelo armó en su tiempo? Nunca se ha sabido ni se sabrá mientras no aparezca una prueba documental fiable”, apunta en su último libro este escritor de más de una decena de estudios históricos y etnográficos centrados especialmente en la literatura.

Se titula La picaresca femenina, lleva como subtítulo el de Putarazanas, bujarrones y cornicantores, ha sido editado por Ámbito Ediciones y consiste en un documentado ensayo sobre ese tema que abarca desde el Fuero Real de Alfonso X “El Sabio” hasta la España del siglo XVII.

En un estilo ameno y tono divulgativo, no exento de rigor, repasa algunas de las pícaras más famosas de la literatura española como la Celestina o Justina, recuenta las mujeres de Lázaro de Tormes, da cuenta de los hábitos y usos amorosos de los españoles en la historia, y repasa las disposiciones eclesiásticas y civiles más para su control.

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