El idioma y sus divertidas curiosidades

Por Ana María Bertolini / Télam

La lengua española tiene tantas palabras extrañas e inusuales, que leer de corrido el diccionario resulta simpático: de pronto, se cae en cuenta que acecinar un jabalí no es matarlo y que tampoco se es ignorante por escribir esa palabra con ce.

También se aprende que sólita no significa andar un poco sola por la vida pero con acento; que aunque suene horrible, es válido decir tripudo por obeso y que estar lurio es estar loco.

“¡Diablos!”, podría exclamar algún desprevenido tras leer esto, pero más le valdrá refrenarse y gritar “¡mengues!”, que para el diccionario es lo mismo que Satanás.

Los cocineros la saben correcta, pero evitan usarla en sus libros de recetas, hartos de discutir con los editores que acecinar se escribe tal cual, con ce, y que no se trata de acuchillar a nadie, a menos que se lo escriba con ’ese’. Resulta que acecinar o cecinar, es salar y ahumar la carne para su conservación; asesinar, en cambio, es matar con alevosía.

Así, las muy famosas fetas de salmón rosado, jabalí o ciervo de la Casa Weiss -sinónimo del ahumado en Bariloche- son acecinadas antes de su envasado al vacío, para que resulten más ricas y se conserven mejor, más allá de que en la fase previa un animal haya sido muerto, esperemos, sin alevosía.

Además de ahumar y salar, otro sinónimo de acecinar es amojamarse, extraña palabra que lleva enseguida a otra búsqueda.

Amojamarse significa enflaquecer y ponerse la piel seca y arrugada, especialmente por la vejez, lo que de inmediato remite al deseo de aplicarlo a la suegra: “¡Qué amojamada que se la ve!” le sonará a ella como un piropo y hasta lo agradecerá, siempre que no se cometa el error de aclararle de qué se trata.

Ahuehué o ahuehuete no significa hacer huevos, ni mezclarlos con maníes (cacahuetes), ni ahuecar, ni ser alcahuete: el diccionario informa que era el árbol sagrado de los indígenas de América del Norte, antes de que proliferara cual ciprés en los jardines de Hollywood.

Con “debelar” pasa algo parecido a “acecinar”: no es develar ni tampoco desvelar y ni por las tapas tiene ese significado.

A lo mejor los militares lo sepan porque debelar es rendir al enemigo por las armas: “El fuego aéreo terminó por debelar a las tropas enemigas”, sería una frase aplicativa.

Develar, en cambio, es quitar el velo, destapar lo oculto; algo que desvelar también significa, aunque se prefiera usarlo por quitar el sueño o entretener en demasía.

¿Y qué hay con sólita? Como ya se adelantó, no se equipara a andar un poco sola y con acento; lejos de esto, sólito o sólita es lo acostumbrado, algo que se hace ordinariamente: “Una cena sólita”, “su sólito rezo”.

Precisamente, viene del verbo irregular soler, que es tener costumbre de algo, por ejemplo, “él suele pasear por las mañanas”. Asimismo, sólito y sólita son antónimos de insólito e insólita, que se aplican a lo no ordinario, a lo desacostumbrado.

Según el diccionario, es lo mismo decir tripudo que obeso; en tanto que estar lurio o luria, equivale a haber perdido el juicio en asuntos amorosos, ser loco o estar chiflado.

Pero mientras tripudo resulta grosero, exclamar “¡estás lurio!” es exquisito: es como decir que le suenan las campanas a quien ha enloquecido como Ulises en alta mar.

Cuando el coletazo de la sirena al fin lo deje boqueando entre tiburones asesinos (que, para peor, la familia Weiss no acecinará porque no son de buen gusto) se podrá reconfortar al infortunado diciéndole: “¡Por favor, no te amermes!”.

Amermar suena a mamerto o a marmota, pero para el diccionario es producir o causar aburrimiento, sopor o decaimiento. En tal sentido, “no te amermes”, sería desearle que no decaiga.

Cuando una charla es aburrida se puede decir “esta conversación me amerma” y si alguien está con sopor, es correcto emplear “el calor lo amerma” o “el analgésico lo amermó”.

Sin duda, suena mejor que “mamerto” o “marmota”, aunque a ambos también los envuelva el sopor: según el diccionario, mamerto es un ser “tonto o lechuguino” y marmota es un “dormilón”. Lo de lechuguino quedará para una próxima búsqueda, pero vaya sabiendo que el té de lechuga es muy bueno contra la ansiedad.

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