El secreto de los templarios

Por Temple España

Tras la primera Cruzada las ruinas del templo de Salomón se convirtieron en escenario del nacimiento de una nueva Orden de monjes-guerreros: los templarios. La misión de estos soldados de Cristo era la de preservar a los cristianos y los Santos Lugares de la amenaza de los infieles. A medida que su fama y su influencia se extendían por Oriente y Occidente aumentaban las leyendas y los misterios asociados a la Orden del Temple. Aquí, un pasaje del libro.

En España su presencia es importante y su historia, rica en acontecimientos destacados. Participaron en la Reconquista y construyeron asentamientos en los reinos cristianos de Aragón, Castilla, Navarra y León, donde crearon sus propias iglesias, oratorios y camposantos; un magnífico patrimonio de carácter eclesiástico y pecuniario ubicado en territorios destacados por su significado místico.

Gran guía de la España templaria propone un sugerente recorrido por los enclaves templarios más destacados de la Península, un itinerario plagado de asombrosos enigmas e historias trepidantes que ponen de manifiesto el carácter contemplativo y combatiente de la orden religiosa más cautivadora de todos los tiempos.

El secreto templario

¿Cuál sería en realidad el secreto que pudo custodiar una orden de caballeros de Oriente y Occidente? Lamy parece tenerlo claro: «Un secreto que, de una manera u otra, aparecía como un medio de entrar en comunicación con otro mundo o con otro nivel de conciencia, mundo celestial o mundo infernal, o más probablemente los dos. Y si ello fue así, deberíamos poder encontrar las huellas en el mensaje que nos dejaron en la piedra» (La otra historia de los templarios. Martínez Roca, Barcelona, 2005).

Ese secreto cabría encontrarlo no sólo en la piedra, sino en el propio lugar elegido, donde se erigen iglesias, ermitas o catedrales financiadas y «diseñadas» por los freires templarios. Las encomiendas de la Orden, en muchos casos, se fueron instalando de forma casual y aleatoria en determinados lugares, gracias a las diferentes donaciones de reyes y nobles. Otras, sin embargo, fueron escogidas de forma muy precisa…

El investigador Juan Ignacio Cuesta Millán, coautor de la presente guía, dice al respecto de estos enclaves: «Esta oscura Edad Media terminaría con la explosión artística más formidable de la historia. La aplicación del arte sagrado, del hermetismo, a la arquitectura transformaría el románico en el gótico, en el que el santuario (…) se concibe como una verdadera réplica del Cielo, con toda su gloria. La catedral, la heredera de toda la sabiduría, ahora es un libro escrito en piedra que comprendía todo el conocimiento secreto, todos los símbolos, todas las energías, todas las claves. Un engranaje equilibrado que establece un puente entre el hombre y la trascendencia mediante la conciencia. En su interior encontramos, incluso en nuestro tiempo, todas las vías por las que acceder a nuestra más íntima verdad» (Lugares de poder: los enclaves donde el hombre trasciende. Nowtilus, Madrid, 2003).

Los templarios, al igual que los iniciados de todos los tiempos, estaban interesados en convertir la Tierra en un reflejo del cielo, para hacer verdadero aquel adagio hermético, síntesis de la analogía entre macrocosmos y microcosmos, que reza: «Quod est inferius es sicut quod est superius, et quod es superius es sicut quod est inferius» (como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba).

Para los maestros canteros, la geometría de los templos condensaba y retenía la energía sutil del Universo, a fin de serenar el espíritu y estimular la meditación y oración de los fieles. En su cosmovisión, el arco y la bóveda ojival propician que en la posición erguida las corrientes telúricas sólo pasen a través de la columna vertebral. La sensación de altura hace que el peregrino mire hacia arriba, elevando su alma. Cuando se recorren las naves y deambulatorios de las soberbias catedrales o de los viejos enlosados de las iglesias, muchos perciben la penetración de estas corrientes que ayudan a alcanzar otros niveles de conciencia; es lo que podemos denominar ascesis o trascendencia. ¿Realidad o sugestión?

La realidad es que la experiencia mística ha movido a muchos hombres a lo largo de los siglos, y ha inspirado las más bellas obras maestras en campos como el arte, la arquitectura, la poesía… El estilo arquitectónico templario, al contrario que el cisterciense que es característico, adopta la forma arquitectónica tradicional del lugar en el que se establece. Aunque construyeron templos octogonales y con rotonda circular, en recuerdo de su Casa Madre de Jerusalén (la mezquita de Al-Aqsa, en árabe Al-Masjid al-Aqsa, literalmente «la mezquita lejana»), en la mayoría de los casos las iglesias templarias son rectangulares, o con planta de cruz latina; esto suele ser lo habitual, sobre todo en el mundo rural. En sus portadas, series de canecillos o tras sus muros podemos observar una decoración sobria y sencilla, no exenta de significados simbólicos que a menudo aluden a escenas muy concretas del Antiguo y Nuevo Testamento, fundamentalmente del libro del Apocalipsis o, en cualquier caso, de motivos propios del rico bestiario medieval.

Todas las rutas de las tierras ibéricas, de norte a sur y de este a oeste, llevan a Compostela; y en cada una de estas rutas podemos encontrar una miríada de restos del Temple y su característico simbolismo que, por otra parte, la Orden no se inventó, sino que adoptó de la emblemática tradicional cristiana: cruces patadas, Agnus Dei, pentalfas, pantocrátores, tetramorfos, símbolos solares y escatológicos, espirales, octógonos, patas de oca…

El Camino de Santiago es la «Vía Láctea en la Tierra» o «Camino de las Estrellas». Uno de los recorridos que el ser humano, desde la Prehistoria, siguió para trascender y unirse a lo divino, para traspasar las puertas de la muerte y resucitar con la sabiduría de aquel que ha encontrado su destino a la luz del Dios único. Un Camino hacia el Sol Invictus que, como no podía ser de otra forma, la tradición jacobea asimila a la triunfante religión del Resucitado.

La presencia de los Soldados de Cristo en el Camino de Santiago, que en el aspecto místico y militar obedece al cumplimiento de su misión como fuerza de asimilación y protección de esta vía terrenal hacia lo celeste, podría resumirse en las palabras del escritor valenciano Juan G. Atienza, al que cabe reconocérsele ser pionero de la divulgación popular de los enclaves templarios españoles, que dan título a un capítulo de su obra La mística solar de los templarios (Martínez Roca, Barcelona, 1983): los templarios perseguían «la discreta posesión de la tierra mágica». Ellos eran los guardianes de Tierra Santa, pero no sólo de la de ultramar, sino de toda «tierra santa» y de aquellos caminos que nos conducen a ella.

De Gran guía de la España templaria, de Temple España. Madrid, Aguilar, 2008.

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2 de Diciembre de 2016|16:31
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