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"Los argentinos alentarán fuerte, ¡pero no son animales!"

"¡A veces parece que los españoles piensan que les van a tirar con piedras! No, no habrá nada de eso...", asegura el argentino Juan Martín Del Potro, número nueve del ranking mundial de tenis.

Está agotado, pero Juan Martín Del Potro no piensa en el cansancio, piensa más bien en no dejar "pasar el tren" que puede llevar a él y a sus compañeros al primer título de Argentina en la Copa Davis, un éxito en el que el apoyo del público puede ser clave.

"El público argentino es como cualquiera que quiere que gane su equipo. Se va a sentir la localía, claro, pero no deja de ser un partido de tenis", dijo el número uno argentino durante una entrevista con la agencia dpa de cara a la final que comienza el viernes en Mar del Plata.

"Queremos que alienten y que no pase nada más que eso", insiste.

Del Potro carga con una presión inesperada, porque era difícil imaginar que llegaría a noviembre como clara carta ganadora del equipo. Tras resentirse de una lesión de espalda en Australia miró los primeros meses de la temporada desde afuera, recuperándose y practicando en solitario en Buenos Aires con su entrenador, Franco Davín.

Pero tras Wimbledon llegó la explosión, con cuatro títulos conquistados en forma consecutiva y más triunfos que lo situaron en el Masters de Shanghai.

Y desde Shanghai llegó el sábado Del Potro a Argentina. Pasó un domingo en blanco, de descanso total, y hoy inició los entrenamientos junto a David Nalbandian, Agustín Calleri y José Acasuso, los otros integrantes del equipo.

¿Cuál es la clave del éxito de Del Potro? Davín parece ser parte de ella.

"Con Franco me siento muy cómodo, me cambió mucho la cabeza, la forma de jugar. Verlo afuera me transmite tranquilidad. La diferencia con los buenos jugadores está en aprovechar los momentos que tenés para sacar ventajas".

Y Del Potro, sin dudas, aprovechó esos momentos en los últimos meses. Sólo Rafael Nadal, Roger Federer y Andy Murray ganaron más torneos que él esta temporada, y cuando al número uno del mundo se le pregunta por sus pronósticos para 2009, sitúa siempre a Del Potro entre los "top ten".

La fama, dice Del Potro, no se le va a subir a la cabeza.

"Mi vida sigue siendo la misma, yo sigo entrenando en Tandil con mi familia, mis amigos. Quizás ahora hay mucha más gente alrededor, que quiere estar conmigo, pero tengo los pies sobre la tierra, lo puedo controlar. Y para eso está la gente a mi alrededor que me cuida y quiere lo mejor para mí. Me aferro a ellos", asegura con esa llamativa tranquilidad que impregna su discurso.

Tranquilidad -o, más bien, experiencia- que le faltó con aquella ya famosa frase en la que amenazaba con "quitarle los calzones" a Nadal de sus rincones más íntimos.

El argentino sufrió por aquel arrebato de euforia sustentado en la adrenalina del triunfo en semifinales ante Rusia. Temió perder la buena relación que tiene con Nadal, pero el español, otra cabeza asombrosamente serena, zanjó el asunto con inteligencia.

"¿Que quieres subir a mi habitación para hablar? Sube si quieres, pero sólo para jugar a la play", dijo el número uno del mundo a Del Potro, que desde su habitación en el hotel Puerta de América en Madrid quería un encuentro cara a cara para arreglar las cosas.

"Soy un chico, y a veces me equivoco", reconoce Del Potro. "No me tiene que pasar más".

La renuncia de Nadal a jugar la final dejó al fin de semana sin ese vital condimento de ver al número uno del mundo en acción, y aunque Del Potro lamenta que no juegue, sabe que la oportunidad es ahora más grande aún.

"Va a ser la primera final de local. Tenemos un tren al que nos tenemos que subir, no podemos dejar pasar esta oportunidad".
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