El arte, el olvido y lo imposible

"Es como si, en realidad, las bombas atómicas más allá del daño menor de aniquilar a algunos cientos de miles, hubiesen tenido como objetivo estratégico el de hacer que cada uno de nosotros, y para siempre, fuese olvidando el verdadero sentido de las cosas".

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, creció una característica humana hasta cambiar definitivamente el destino del planeta. Ahora, quienes deseen saber de qué se trata la humanidad deberán analizar su capacidad de olvido.

Es como si, en realidad, las bombas atómicas más allá del daño menor de aniquilar a algunos cientos de miles, hubiesen tenido como objetivo estratégico el de hacer que cada uno de nosotros, y para siempre, fuese olvidando el verdadero sentido de las cosas.

Mirá, el olvido funciona así:



Y es que, a esta altura de los acontecimientos, con tantos dioses muertos haciendo fila para entrar al único cementerio de que dispone la fe, uno ya no tiene ganas (o ya olvidó) de recurrir a los mecanismos de la culpa. Entonces, olvida. Y dice: el hombre ya no es el hombre, es una máquina de superficialidades, un desplegado abanico de naderías, un acto fallido es el hombre, un animal del olvido.

Vamos a un ejemplo concreto: ¿por qué el arte ya no es popular? Podríamos hacer la misma analogía con la religión, pero hoy no tengo ganas. Volvamos al arte: ¿Por qué ahora lo popular es un equipo de fútbol o un programa de televisión? ¿Por qué no es  popular un doloroso soneto de Quevedo sobre la angustia ante la muerte, una foto de niños o de obreros de Sebastiao Salgado o Máximo Arias, el monólogo que Hamlet puso en el puño de Shakespeare para volverlo inmortal, un pas de deux, con el piano de Rachmaninov agonizando en “Aguas Primaverales” o esa tonada sobre un amor ausente que un puestero lavallino deja posada en el silencio con actitud ceremoniosa y lenta?

El "Intendente", personaje de la obra "Ladrillos de coraje".

El verdadero arte sabe de nuestra desidia y, por eso, sigue prefiriendo el mandato de los verdaderos artistas: ponernos al límite, nunca condescender, fracturar la realidad para hacer brotar más realidad y, sobre todo, hacer algo que la televisión, los credos, los periodistas, las esposas, los jueces y los funcionarios jamás harán: decir la verdad.

Sin embargo, no nos suicidemos aún. Cierto es que, si nos tomamos el trabajo, encontraremos tesoros escarbando un poco en la chatarra del olvido; se trata de esas pequeñas cosas que siguen haciendo de la vida un acontecimiento modestamente inolvidable.

Aquí va una: el otro día, fui a ver una obra de teatro, una obra de arte, una obra de arte popular de verdad.


Ladrillos de coraje


La obra “Ladrillos de coraje” es una pieza de teatro comunitario con treinta artistas en escena, dirigida por Ernesto Suárez, Pablo Flores y Dardo Boggia y producida por Marcelo Lacerna.

El trabajo cuenta la historia de lucha de apenas un puñado de obreros de la fábrica Cerámica Cuyo, quienes intentan recuperar su fuente de trabajo, atacada por las políticas económicas de los años ’90 en la Argentina.

El escenario es la propia fábrica, donde actores, músicos, murgueros y cineastas volcaron sus oficios en pos de un objetivo general: relatar en clave teatral la historia contada por los propios obreros de Cerámica Cuyo.

Así, apoyada en la verdad, nace la magia: se suceden “los hechos, las angustias, las alegrías, los engaños del poder demagógico, las tentaciones, las desilusiones, la solidaridad, los sueños, la esperanza y el coraje de los obreros y sus familias”, cuentan los protagonistas.

Y la magia reside en el hecho de que, sin apelar a los golpes bajos, los hechos objetivos del pasado se transforman en objeto de belleza, de conocimiento y de emoción, al punto de que muchos de los que vieron el avant premiere dejan salir con naturalidad sus lágrimas.

O sea: de la verdad al relato histórico y de éste al arte y la épica. El mismo proceso que supo seguir Homero hace tal vez tres mil años y, claro, en el caso de que Homero haya existido…

¿Y por qué es popular esta obra? Sencillamente, porque cuenta cosas que le ocurren al pueblo, ese que no baila sobre el hielo ni bajo la lluvia ni vive una vida Cinzano ni integra una familia diet ni tiene siempre, ante la amenaza de la muerte, el último recurso de la doble tracción.

Hablo del mismo pueblo que se entregó al olvido. Ese que sigue soñando con arrancarle la ropa a la rubia más tetona, pero, ojo, no porque sea famosa, sino por un oculto fin superior: ella es una carta más en la baraja de lo imposible.

Y cerremos con esto: hasta nuevo aviso lo imposible será el único antídoto eficaz contra el olvido.




Ficha Técnica:

“Ladrillos de coraje”
Estreno: Hoy, domingo 16 de noviembre, a las 19 horas.
Lugar: Fábrica Cerámica Cuyo, Carril Mathus Hoyo 1972 – El Bermejo – Guaymallén.
Otras funciones: Domingos 23 y 30 de noviembre - 19:00 horas.
Entrada Libre, salida a la gorra.

 

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