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Los proyectos a largo plazo no existen

La salida, si se quiere, apresurada del entrenador de Gimnasia y Esgrima Gustavo Orellano da por tierra con esos viejos argumentos que esgrimen los dirigentes de turno en los diferentes clubes del mundo, respetar los trabajos a largo plazo. Una falacia.

Nuevamente, Juventud Antoniana, dejó a otro entrenador de Gimnasia sin trabajo. El pasado 2 de marzo, Antoniana derrotaba al Lobo 2 a 1 en el Víctor Legrotaglie y la térmica de los hinchas explotó en insultos, amenazas e incluso piedras.

Esto motivó a que el ya insostenible Marcelo Vázquez, renuncie escoltado por una realidad lamentable y con el Blanquinegro al borde del abismo.

Al día siguiente, el aire renovado sopló en el parque, porque un hombre “de la casa” según los dirigentes, se hacía cargo del Lobo. “Más que un fierro caliente, estoy agarrando un volcán” fueron las primeras palabras de Orellano como flamante técnico, consciente del presente que cubría al Mensana, pero el Chueco decidió adentrarse una vez más en la jungla de cemento.

El 4 de marzo, fue su primera práctica con un plantel corto, absolutamente caído anímicamente y sin ningún tipo de respuestas.

El trabajo de Orellano, debía ser corto y conciso: rescatar al Lobo que se hundía en las profundidades. Para ello fue contratado y no defraudó. Su debut fue en la 25º fecha de la temporada 07/08 y fue victoria sobre Luján por 1 a 0.

A partir de ahí, el sendero que tenía como posible fin la promoción, comenzó a desviarse hacia la salvación.

Con resultados importantísimos, como el histórico 2 a 1 contra Atlético Tucumán en el jardín de la república frente a 25000 y el milagroso partido contra Juventud Unida, también por 2 a 1 con un doblete de Cipriani en los últimos 3 minutos, Gimnasia salvaba por primera vez la categoría en un Argentino A.

“Esto se festeja como un campeonato”, decía Orellano, a quien todos los aplausos apuntaban y que con ese “campeonato” obtenido el 20 abril, se había ganado su puesto en el siguiente torneo.

Con el Centenario del club amaneciendo en el horizonte, los dirigentes decidieron aspirar a más, para que no se vuelvan a cometer los mismos errores  que las temporadas pasadas.

El primer paso fue ratificar al técnico salvador en su cargo. El siguiente paso, fue cumplir en gran parte, la petición de Orellano por los jugadores, que según él “la dirigencia se portó bárbaro porque cumplió en un 90%”.

Con una confianza plena en su técnico, el club decidió apostar en un proyecto futbolístico a largo plazo con Orellano a la cabeza, con un trabajo en inferiores inclusive y que con un posible ascenso como culminación.

Ese famoso “proyecto” que pregonan tanto los dirigentes del fútbol, resultó ser un espejismo más en el crudo desierto mendocino.

Cuando se habla de “apostar”, se habla de arriesgar, de confiar, de creer, pero una vez más, se deja en claro que los “proyectos a largo plazo”, no existen en ningún club.

Con una pretemporada de 2 meses y con un objetivo claro, el Lobo debutó con victoria en el actual torneo.

La ilusión del hincha se encendió y luego se alimentó con la gran victoria en Salta, que luego fue ratificada por un emocionante triunfo ante Alumni, para quedarse con la punta de la Zona C.

Con los festejos por los 100 años como marco y con la bandera Mensana flameando en la cúspide, todo era color de rosas.

El primer traspié fue en terreno cordobés contra Racing, pero tan solo era una mancha, en el mejor arranque de Gimnasia en los Argentino A. El remedio llegó rápidamente con una dosis ganadora ante Desamparados.

Luego llegó el “clásico” ante Maipú. Con dos jugadores menos, el equipo de Orellano logró un heroico empate ante el Cruzado 1 a 1, resultado que se celebró como una victoria.
Ese festejo sería la última de Orellano y los suyos.

El primer golpe de lleno que sufrió el Lobo, fue ante Talleres de Perico, que le arrancó un empate siendo último.

Posteriormente, la primera ubicación la perdió en Santiago del Estero y esa fue la chispa que encendió la mecha. Pero paradójicamente, la marca de 14 puntos lograda en la primera ronda, dejaba bien parado al Mensana.

Pero volvió a caer, esta vez en San Luis, ante Juventud Unida por 2 a 0, motivando a que salieran a flote algunas críticas hacia el equipo comandado por Orellano, que hasta ese momento, su lugar como adiestrador no era discutido.

Llegó fecha libre y con ello la posibilidad de limar asperezas, de replantear conceptos de juego y sobre todo de levantar los ánimos, aquellos que una vez supo alzar el Chueco.

Pero ante Antoniana no hubo respuestas, sino más dudas, cuestionamientos y exigencias, acompañadas por insultos.

Es que el Lobo dejó una imagen deplorable, sin fútbol y lo que hizo fastidiar más aún a los hinchas, sin actitud. Ante tanta presión,  Gustavo Orellano tuvo que dar un paso al costado, empujado por algunos dirigentes.

Sí esos mismos que le dieron el espaldarazo hace apenas 8 meses atrás.

Como tantas veces en Gimnasia, la bomba explotó una vez más y también como tantas veces, la cabeza del técnico rodó otra vez.

Pasó con Vázquez, pasó con Coleoni, pasó con Dillon, pasó con Dubanced, nuevamente con Vázquez y ahora con el entrenador que mejor hizo las cosas desde lo futbolístico y que a pesar de eso el crédito que le brindaron fue escaso.

Es injusto por un lado, observar a los hinchas descargarse con el técnico que salvó a Gimnasia del descenso y a algunos dirigentes bajándole el pulgar al hombre que levantó a un plantel cuando estaba muerto.

Al trabajo hay que respetarlo y respaldarlo, y conllevarlo con seriedad y más cuando se lleva adelante y se esgrime por todos lados la idea de un “proyecto a largo plazo”.

Por ahí la sensibilidad por no tener buenas campañas en torneos anteriores y por temor a ver otra vez esos fantasmas, la comisión directiva tomó esta precipitada decisión, con tan solo 10 partidos disputados, de los 36 que hay en la primera fase.

Si se eleva el estandarte del trabajo continuo, de la posibilidad de llevar a cabo un proyecto con principio y fin, no es coherente que un bajón futbolístico a esta altura del torneo sea la respuesta para la salida de un técnico.

Otra prueba más queda archivada en los registros del fútbol mendocino y en el club Gimnasia y Esgrima, de que los “proyectos” no existen.

Los números que arrojó la campaña de Gustavo Orellano

En total: Gimnasia con Orellano como técnico disputó 18 partidos entre dos torneos, obtuvo 7 victorias, sufrió 6 derrotas y empató en 5 ocasiones (20 goles a favor y 21 en contra). 

Como local: Ganó 5 veces, perdió 1 partido y empató 2 encuentros (9 goles a favor y 5 en contra)

Como visitante: Logró 2 triunfos, 5 caídas y 3 igualdades (11 goles a favor y 16 en contra).
 
Argentino A 07/08: 8 partidos (12 puntos), con 3 victorias, 2 derrotas y 3 empates. Convirtió 9 goles y recibió 8 tantos.

Gimnasia 1 (Quiroga) – Luján 0
Gimnasia 0 – Desamparados 0
La Florida (Tuc.) 1 – Gimnasia 0
Libertad (Sunchales) 3 – Gimnasia 2 (Donatti e/c, Anzorena)
Atlético Tucumán 1 – Gimnasia 2 (Marchetti x2)
Gimnasia 2 (Cipriani x2)
– Juventud Unida 1
Talleres de Perico 1 – Gimnasia 1 (Nonino)
Juventud Unida 1 – Gimnasia 1 (Ceballos)

Argentino A 08/09: 10 partidos (14 puntos), con 4 victorias, 4 derrotas y 2 empates. Convirtió 11 goles y recibió 13 tantos.

Gimnasia 1 (Prieto) – Juventud Unida 0
Juventud Antoniana 1 – Gimnasia 2 (Álvarez, Prieto)
Gimnasia 1 (Prieto)
– Alumni 0
Racing (Cba.) 2 – Gimnasia 1 (Fernández e/c)
Gimnasia 3 (Ortíz, Álvarez, Ruíz)
  – Desamparados 2
Deportivo Maipú 1 – Gimnasia 1 (Álvarez).
Gimnasia 0 – Talleres de Perico 0
Central Córdoba 3 – Gimnasia 1 (Álvarez)
Juventud Unida 2 – Gimnasia 0
Gimnasia 1 (Álvarez)
– Juventud Antoniana 2

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7 de Diciembre de 2016|13:39
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