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Todos los ojos del fútbol argentino están posados en Germán Denis

El delantero de Independiente cambió las reprobaciones por los aplausos y ovaciones de los hinchas. Atraviesa su mejor momento: lleva convertidos once goles en nueve partidos.

Germán Denis está viviendo una primavera propia de una estrella del rock: todo lo que toca lo convierte en oro y de allí que haya devenido en una permanente fuente de delicias para la mitad de Avellaneda y, por añadidura, en el chico del momento.

Once goles en un total de nueve partidos lo convierten no sólo en un firme candidato a goleador del Apertura sino en un legítimo aspirante a superar la marca récord (en la era de los torneos cortos) del mismísimo Martín Palermo.

Ironía de la vida, ironía de un deporte donde casi todo es conjetural, circunstancial, efímero, Denis es el mismo muchacho al que la hinchada de Independiente supo hostigar con singular crueldad hasta no hace tanto.

En realidad, hasta junio de este mismo 2007, cuando desperdiciar situaciones propicias frente al arco llegó a ser tan natural que incluso el propio protagonista terminó por dudar de sus condiciones.

Pero bastó que Pedro Troglio llegue a Independiente para que en la curva de rendimiento de Denis se opere un cambio brusco, radical, extraordinario.

Primero Troglio le restituyó la autoestima asegurándole la titularidad, luego lo instó a bajar de peso y ponerse en óptimo estado atlético y por último sostuvo la apuesta con su idea de juego propiamente dicha: un Independiente de neto corte ofensivo, con varios abastecedores, redundaría en mayores condiciones para el resurgimiento del delantero.

Y, en efecto, así fue desde el debut ante Lanús: dos goles esa noche, y otros dos el domingo siguiente ante Tigre, y así hasta llegar a los dos ante Colón, en Santa Fe, para superar esa decena a la que hasta los más pintados del puesto sueñan con alcanzar en un torneo completo.

"La suerte está de mi parte", declara Denis, con sincera humildad, probablemente curado en salud, persuadido de que los goleadores son también hijos de las rachas, del azar y de lo inefable.

Es que no hablamos de un chiquilín, por cierto; hablamos de un futbolista de flamantes 27 años que supo curtirse en clubes del ascenso (Talleres de Remedios de Escalada, Quilmes, Los Andes), componer aceptables campañas en Colón y Arsenal de Sarandí y acopiar su dosis de experiencia europea, aunque sin mayor suceso, en el Cesena de la serie B de Italia.

Claro que, valga el perogrullo, como 27 años no son 34 (los de Palermo, por ejemplo) quién será capaz de descartar a Denis como una posible alternativa en el ataque del representativo argentino.

Después de todo desvela al seleccionador la búsqueda de un número 9 corpulento, capaz de sustituir a Hernán Crespo y, sin ir más lejos, Denis formó parte del borrador previo a la nómina bautismal del aguardentoso Basile.
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10 de Diciembre de 2016|20:56
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