Elogio de la negritud

"Es ineludible: ¿cómo no hablar del triunfo del negro en Estados Unidos, cuando uno lleva toda una vida de militancia de la negritud? Negro de piel, negro de alma, negro de mierda, negrito lindo, negro hijo de puta, negro culiado" Todas las variantes han sido transitadas por aquellos a quienes la naturaleza nos acercó más al mono que a los ángeles de un paraíso nazi o al Jesucristo de Robert Powell".

 

Es ineludible: ¿cómo no hablar del triunfo del negro en Estados Unidos, cuando uno lleva toda una vida de militancia de la negritud? Negro de piel, negro de alma, negro de mierda, negrito lindo, negro hijo de puta, negro culiado… Todas las variantes de la negrura han sido transitadas por aquellos a quienes la naturaleza nos acercó más al mono que a los ángeles del paraíso nazi o al Jesucristo de Robert Powell.

Ahora, resulta que llegamos nosotros al poder y estamos lícitamente emocionados, porque nos costó toda una vida de derrotas darnos cuenta de que, en el fondo y a largo plazo, es mucho mejor ser negro que rubio. Y debo decirlo: ahora que ya envejecí veo que mis amigos rubios ya no son rubios, sino pelados o, en el mejor de los casos, canosos impotentes y, sin embargo, yo sigo con pelos, impotente, sí, pero agitando mi cabellera bajo la tormenta.

Cuando era niño, quería ser rubio y llamarme Marcelo. Quería tener el pelo lacio, sacudir la cabeza de acá para allá y que el pelito volviera a su sitio. Quería estar impecable, tener las uñas cortas y todos los dientes en su sitio, como un niño de comercial de mayonesa.

En verdad, nunca logré nada de eso. Cuando era niño, yo quería ser amarillo, pero era marrón. Yo quería tener pecas en lugar de sabañones y que mi novia, sí, la mujer de mi vida, fuera cualquiera de las tres Trillizas de Oro.

Ahora, no quiero nada de eso. Ahora, todo es diferente gracias a Obama. Ahora, yo quiero ser Cornel West.


Cornel West


Gente como Cornel West corre, por estos días, el serio riesgo de convertirse en ídolo. Como bien lo pinta el chileno Ricardo Román es hoy por hoy uno de los tipos más encantadores, ejemplares y polémicos de la Madre Patria, los Estados Unidos de América.

Doctor en Filosofía y graduado en Literatura, Cornel ha escrito casi veinte libros (algunos, como “Race Matters”, han vendido centenares de miles de ejemplares) y editado dos discos de rap y hip hop. Es además docente de niños bien de Princetown y Harvard, pero lo es del mismo modo de presos y de villeros del gran país del Norte.

Cornel es un tipo encantador. Veamos lo que dice: “No es este sistema el que me permite ser lo que soy, es la gente trabajadora que ha batallado, ha resistido y se ha rebelado para crear la posibilidad de que yo pueda llegar hasta donde estoy. El sistema sólo se ha interpuesto en el camino. Yo no le doy crédito al modelo americano, yo les respondo a los miles de Cornel West que viven en ghettos para negros, muchos de los cuales están camino a la prisión simplemente porque no tienen oportunidades”.

Esta clase de sentencias, por supuesto, no les suelen caer muy bien a muchos blancos que tienen que soportarlo en sus habituales apariciones televisivas.

El filósofo, además, se ha dado un lujo inusitado para un filósofo de la contemporaneidad y aun para casi todos los actores del planeta.

Es que los hermanos Larry y Andy Wachowski crearon especialmente para él un papel a su medida en las Matrix I y II. En ellas, West es el Consejero de Sión y hasta tiene diálogos con Keanu Reeves.

Cornel es un tipo complejo y admirable. Es, de hecho, la clase de negros que detestan los blancos: usa trajes finos, habla con tono callejero y tiene el  pelo como un Globetrotter.  


 “Soy un hombre negro que está conectado con la batalla por la libertad, especialmente de la gente joven, por lo tanto uso una variedad de distintas formas para llegar a ellos”, quien, para nuestros ojos, sería algo así como un Felipe Pigna, pero multiplicado por dieciocho.

Naturalmente, imaginarán que este negro es un acérrimo, declarado, jubiloso, persistente y prestigioso enemigo de George W. Bush, quien, extrañamente, mire usted, tiene más cara de simio que quien les escribe, yo mismo, que acepto estar más cerquita del mono que de Nicole Kidman, en la cadena evolutiva promovida por el Ku Klux Klan.

Por cierto, ¿se enteraron lo que dijo Thomas Robb, cabeza del KKK, al enterarse que Barack Obama había ganado las elecciones? El tipo dijo que, en realidad, Barack no es negro, sino mulato y además, como dato importante, que “fue criado por una madre blanca”.

Robb dijo también que se viene “una guerra racial entre negros y blancos y que los afro-americanos son aliens que quieren destruir la cultura cristiana. Espectacular, un lujo el muñeco.


Black Power


Cuando yo era chico, quería ser rubio y llamarme Marcelo. Cuando Cornel West era chico, precisamente cuando iba a tercer grado, lo echaron de la escuela por golpear a una maestra que lo obligó a jurar la Bandera... El chico bien sabía lo que era ser catalogado como un desastre social.

A los 17, se inscribió en Harvard y en sólo tres años se graduó con honores en Lenguas del Cercano Oriente y Literatura. Asistió luego a Princeton, nos marca Román "donde se recibió de filósofo con una tesis sobre la dimensión ética del pensamiento de Marx".

En 1984 comenzó a trabajar en el Departamento de Estudios Americanos de la Universidad de Yale. Tres años después fue despedido: "Había protagonizado una protesta universitaria contra el apartheid en Sudáfrica, que terminó con West arrestado y encarcelado”. Ahora, es un filósofo de culto que trabajó en forma, como tantos, para que Obama ganase en Estados Unidos.

Ese mismo chico, bisnieto de esclavos, rebelde y agresivo, negro de piel y de alma, negro hijo de puta, semejante quizás a un niño de los barrios pobres mendocinos, se ha convertido en figura de influencia para un par de generaciones de jóvenes en Estados Unidos. ¿Por qué lo logró? Fácil: porque tuvo la oportunidad de hacerlo. Barack Obama es otro caso testigo, del cual mucho ya se ha escrito y se está escribiendo.

Al fin y al cabo, la única receta de la que debieran tomar apunte quienes tenemos responsabilidades y ámbitos de decisión sociales es la de generar oportunidades para todos. Así, los Cornel y los Barack llegan solitos.

Lo demás, es puro cuento.

Opiniones (4)
20 de agosto de 2017 | 08:25
5
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20 de agosto de 2017 | 08:25
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  1. No voy a opinar sobre los problemas de personalidad de este periodista porque es tarea de psiquiatras,pero me gustarìa que me contestase ¿cùantos de los àngeles de un paraiso nazi o cuàntos Jesucristos de Robert Powell,viven de arriba como sì lo hacen todos los "negritos" que ud victimiza y cobran los famosos plan jefes de familia ? Dejemonos de hipocresìas!!!!!!
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  2. Ulises, bien las ideas en la nota. Innecesario el uso del término "culiado". Tiró todo el estilo de la nota abajo. No soy pacata simplemente, amo la lengua como para que se la bastardee sin necesidad.
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  3. Me quedo con el término criollo ¡ guau !... me deja pensando una sarta de tonteras....mmm creo que lo mas duro de el color es haberlo relacionado desde tiempos inmemoriables con el alma: blanca o negra y si encima sos morocho : condena social En si , todos los diferentes son los reales luchadores por la libertad en todas sus acepciones....y la disfrutamos todos ¿ eh? No voy a dejar pasar una, por lo menos una intervención cada tanto de el excelente periodista que nos regala unas pinceladas de "su" visión de el mundo y nuestros comportamientos.
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  4. Creo que el autor comete un error al diferenciarblancos y negros, yo creo que lo que debe es decir humanos que no tiene igualdad de oportunidades. Da lo mismo, para mi entender, un blanco que un negro pobre, analfabeto, mal alimentado, enfermo. Elols serán apartados por eso y no por su color. ERsa es mi pequeña experiencia de vida. Creo que el autor se ha sentido quizás marginado por sus ideas, pero le aseguro que soy un blanco marginado por sus ideas. No importa el color, importa el pensamiento y su aplicación. Ojalá me equivoque, pero creo firmememnte que un blanco sucio es igual a un negro, amarillo o rojo sucio. En fin es un sucio y nada más. Con bañarse alcanza.
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