La fiesta aniversario de una prestigiosa bodega mendocina

La Casa Vinícola Valentín Bianchi celebró su octava década en el mundo del vino junto a más de 350 invitados. El encuentro tuvo lugar en San Rafael y contó con sorpresas y homenajes a lo largo de la noche. Andrea Frigerio fue la conductora de la reunión y Mora Godoy, la bailarina de lujo. Fotos y detalles de la fiesta, en esta nota.

La familia la siente su propia casa, mendocinos y clientes de distintos rincones del mundo, también. Renombrada, distinguida y al servicio de los mejores brindis, Bodega Bianchi festejó su 80° aniversario en el universo del vino. El lugar donde todo comenzó y los días seguirán, fue el sitio elegido para reunir a más de 350 invitados.

En el incomparable paisaje del atardecer, entre los viñedos y la soberbia Cordillera como tapiz de fondo, se llevó adelante una reunión con ocho décadas por festejar. La bodega enclavada en San Rafael, y la familia que lleva adelante el legado, resultaron los anfitriones de la noche. Una gran foto reunió a las distintas generaciones que quisieron sellar este momento inolvidable.

A su llegada, los invitados fueron recibidos por una orquesta de cuerdas interpretada en las figuras del Carnaval Veneciano, uno de los más elegantes del mapa. La gran carpa montada en el parque exterior de “Casa Bianchi” fue ambientada con telas y largos mesones que generaron el clima cálido necesario para representar el largo "viaje" de esta familia.

Andrea Frigerio y Mora Godoy le dieron el glamour necesario a la fiesta. También asistieron Analía Maiorana, Martín Barrantes y Ginette Reynal, entre otros. Pero el motivo excedió la presencia de las celebridades, y en ningún momento se perdió de vista resaltar que la casa vinícola permanece en manos de la familia fundadora.

Una serie de films rememoró los inicios del camino del vino que Don Valentín, su fundador, decidió recorrer tiempo atrás. Entre los ejes de su destino, figuraron imágenes de la lejana Italia, dejos de la música de Ennio Morricone, el arribo a Buenos Aires y su descubrimiento de “la América”.

Del recuerdo no vivido, los invitados se dejaron sorprender por la reconocida bailarina Mora Godoy, quien junto a su cuerpo de baile, le aportó el ritmo del tango a la fiesta. La coreografía, por demás sensual, fue especialmente preparada para la ocasión.

A lo largo de la reunión, los asistentes disfrutaron diferentes maridajes con los vinos clásicos de la bodega y sus mejores exponentes, como el prestigioso Enzo Bianchi Grand Cru y la línea Famiglia Bianchi. Todo acompañado con platos de la cocina mediterránea y bajo la experta guía del enólogo de la casa.

Los momentos emotivos se sucedieron y la familia estuvo representada en diversos homenajes a lo largo de la noche. Entre ellos, figuró la bellísima placa conmemorativa de los 80 años de trayectoria, diseñada por el prestigioso Maestro Orfebre Juan Carlos Pallarols.

Fue Don Enzo Bianchi, hijo de Valentín Bianchi, quien la recibió junto a otros representantes de la segunda generación. Todos acordaron que la creación sería pronto colocada en la bodega para recordarle a los visitantes que "éste ha sido y es un sueño tan real que los descendientes de esta familia lo comparten y honran".

Para el final, hubo un brindis general con el acompañamiento de Nessum Dorma, la famosa aria del acto final de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini. La voz de un destacado tenor le dio a la fiesta un cierre con lo mejor de la lírica italiana.

Comienza una nueva etapa...

“Sentimos que era momento de iniciar un nuevo período que nos permitiera poner el foco en nuestras fortalezas y dar paso a una nueva manera de relacionarnos con nuestros consumidores", afirmó Raúl Bianchi, presidente de la empresa.

Y agregó: “Casa Bianchi destaca los atributos que han hecho de nuestra bodega una marca cercana al público, con buen nombre y trayectoria. Como Familia de Vinos, la cartera de productos será diversa, cada línea tendrá su personalidad y estilo, pero siempre conservando un origen común”.

Es que la bodega proyecta actualizarse en imagen y renovar su propuesta. Así es como a los vinos más tradicionales del sello, se sumarán las últimas tendencias del mercado, orientadas a satisfacer las demandas de los nuevos consumidores y los segmentos más dinámicos.

Los últimos párrafos merecen recordar a Don Valentín, fundador de la bodega en 1928. “Hombre de convicciones, un luchador”, en palabras de sus allegados. Siendo muy joven, emprendió su viaje a la Argentina y al llegar al sur de Mendoza encontró el lugar donde concretaría su anhelado deseo: tener su propia casa de vinos.

Esa pequeña empresa vitivinícola, fruto del esfuerzo y el trabajo, empezó a funcionar bajo el nombre Establecimiento Vitivinícola "El Chiche". Años más tarde, en 1934, llegó la primera gran satisfacción de Valentín: el premio al “Exponente Máximo de Calidad" por su vino Nuestro Borgoña. 

Luego se incorporaron sus hijos, entre ellos, Don Enzo. Con el tiempo, el crecimiento se hizo constante y en 1960 nació la identidad con que actualmente es conocida. A 80 años de su creación, hoy sintetiza el compromiso de su fundador y su familia. Para ellos, la misión sigue siendo la misma: producir vinos de alta calidad con estilos y personalidades diferentes.

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