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Maradona "reinventa" a la selección a su imagen y semejanza

Diego Maradona, el hombre que se reinventó a sí mismo mil veces, dejó en claro desde su puntapié inicial como entrenador nacional lo que quiere de los jugadores de la selección argentina. "Lo único que importa es la camiseta", dijo.

"Tantas veces me mataron, tanta veces me morí", podría tararear Diego Maradona la canción que inmortalizó la voz de Mercedes Sosa. Y el hombre que se reinventó a sí mismo mil veces, dejó en claro desde su puntapié inicial como entrenador nacional que piensa en una selección argentina a imagen y semejanza.

"Lo único que importa acá es la camiseta (...) Los jugadores tiene que demostrar ganas de estar en la selección", dijo el héroe del título mundial de México 86, sentado este martes junto al "padre de la criatura" campeona hace 22 años, el nuevo secretario técnico Carlos Bilardo.

Si algo nunca ha faltado en la vida de Maradona, para bien o para mal, ha sido la pasión (el Mundial de Italia que terminó jugando en un tobillo lo atestigua). La que entregaba en el campo de juego en dosis idéntica a su fantástica técnica, la que lo condujo hasta el borde mismo del abismo autodestructivo, llámese vía drogas o alcohol.

Un interesante juego de las diferencias permite sacar algunas conclusiones del matiz que tendrá "la era Diego" al frente de la selección albiceleste. En su primer contacto oficial con la prensa en su nuevo rol, Maradona no tuvo necesidad de hablar -y nadie le preguntó- sobre cuestiones tácticas, tan lejos está de Marcelo Bielsa y sus obsesiones, como su traje negro a rayas de la ropa deportiva que vestía una y otra vez el ahora entrenador de Chile.

"No tengo miedo a que se me caiga la corona. Tenemos una minicrisis y sería un cobarde si no estuviera acá. Yo soy de la gente", respondió, más desde las vísceras que desde la cabeza, cuando le preguntaron si no se exponía demasiado al derrumbe de su mito, por obra y gracia de un par de resultados desfavorables.

Sentimiento, goce: Maradona pretende para sus jugadores lo que él mismo sentía dentro de la cancha, tan distante de lo que la selección venía transmitiendo, más cercano a un trabajo burocrático que a la imaginación al servicio de ganar, gustar y quizá golear.

"Quiero que disfruten, que hagan del fútbol una diversión dentro de la cancha. No pediré nada de lo que no les hayan pedido los demás (técnicos), pero con mi librito", argumentó el otrora "Pelusa", que logró claro está, lo que ninguno de sus antecesores en el banquillo: que la prensa del mundo pusiera cámaras y micrófonos a granel en un lugar hasta ahora ignorado fronteras afuera, el moderno centro de entrenamiento que la selección tiene en la localidad de Ezeiza.

Aclaró que para la "selección no existen amistosos, sino partidos internacionales" y que los futbolistas que militan a nivel local tendrán tantas chances como los del exterior. "No soy un seleccionador, sino un entrenador que quiere estar arriba (de los jugadores)", completó como tercera diferencia con respecto al ideario de su antecesor Alfio Basile, quien dejó una selección envuelta en dudas y con algún peligro cierto de quedar fuera de Sudáfrica 2010.

Lejos también de la circunspección con rasgos de timidez indisimulada de otro de sus predecesores, José Pekerman, y de la tensión que denotaba últimamente el vozarrón de Basile en cada aparición pública, el dúo Bilardo-Maradona disfrutó de una presentación acorde a sus características histriónicas, en una rueda de prensa matizada con anécdotas y risas, más caótica que formal.

Y así como la orgullosa razón suele disfrazarse de lo que llamamos lógica, la pasión -siempre con el pulso acelerado- no sirve para ocultar las contradicciones. Tal vez por eso, de cara a las críticas que puedan venir, mientras Bilardo afirmaba esperar "los palos, porque te hacen fuerte", Maradona -por lo general poco contemplativo con sus detractores-, argumentaba que el "mundo futbolístico" -en alusión a la prensa- puede no estar feliz con su designación en función "de un reportaje que no das o que quitás".

Maradona, "inventor" de fútbol sin licencia un siglo después de que los ingleses lo patentaran, asegura que su desembarco en la selección como técnico llega en el "mejor momento" de su vida, justo cuando "Como la Cigarra" podría afirmar "gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando".
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