Deportes

Los "por qué" de Los Tordos campeón

El conjunto del carril Urquiza sumó una nueva conquista a sus vitrinas, la número 13 en los últimos 20 años. Más que un campeón, Tordos es un modelo exitoso de gestión.

Tordos dio tres vueltas olímpicas ayer en Marista. El hecho, que parece inusitado, ya es digno de reconocimiento por el sólo hecho de haber llegado a la instancia. Pero los Pájaros fueron más allá y ganaron los tres partidos, con tres planteles distintos, y se dieron el lujo de dejar jugadores afuera.

Pero seguramente, se podría decir que ahora es fácil hablar con el resultado puesto. Más allá de lo meramente resultadista, el modelo de Los Tordos debe ser aplaudido, con y sin vuelta olímpica.

En 1988 Tordos consiguió su primer título, interrumpiendo casi 30 años de hegemonía entre Marista y el Mendoza RC (y algún título sanjuanino), a sólo 27 años de su fundación como club. A partir de allí, los Pájaros dieron 13 vueltas olímpicas en los últimos 20 años, es decir que ganaron el 65% de los títulos de Primera.

Hoy, el presidente de la Unión de Rugby de Cuyo, Pedro García, es de Los Tordos, al igual que el entrenador del seleccionado Mayor, Ramiro Pontis.

Institucionalmente tuvo sus vaivenes como todos, pero nada grave. El crecimiento no ha sido sólo deportivo, porque las instalaciones de Tordos son de las mejores en la provincia. Sponzoreo, marketing y una modernización general también justifican sus resultados.

En la cancha
Pero más allá de explicar por qué Tordos es un gran club y obtiene los resultados, la tarea más compleja está en explicar lo que ocurrió ayer en Marista.

“Tordos le jugó a Teqüe, como si fuera Teqüe”, dijo alguno, cuando terminó el partido. No es tan sencillo, pero sí es cierto que la disciplina de los Pájaros en lo táctico, y sobre todo defensivo, fue implacable, algo que Teqüe había hecho su patrimonio en el último tiempo.

Tordos tackleó, presionó y empujó en el scrum. Argumentos del ADN teqüino, pero además fue efectivo, disciplinado y facturó en las pocas oportunidades que tuvo. El ABC de una final, algo que el Azulgrana conoce de memoria.

Teqüe no pudo. Pero no porque no haya intentado, a sus limitaciones en la ofensiva hay que reconocer el mérito del rival, que no fue poco. Los Azules están acostumbrados a someter al rival y con Tordos no ocurrió. Ahí terminó su juego.

Del otro lado, Tordos jugó con su mentalidad ganadora en un partido donde hubo pocas diferencias. “El que se equivoca, pierde”, “en una final los errores se pagan caros”, todas frases hechas que finalmente tienen asidero. Alejandro Bär quebró una vez, y Tordos hizo el try de la victoria.

¿Final deslucida?
El color fue impecable. Ambiente, respeto, niños, familias, sana diversión y valores dentro del campo de juego, que fueron un ejemplo para otros deportes, se pudieron ver en Marista.

Sin embargo, de rugby, poco y nada. Muchos se justifican en la instancia para el juego mezquino. Otros de definen como resultadistas. Lo cierto es que el espectáculo no fue el mejor para la vista.

¿Ser precavido asegura el resultado?, ¿el “libreto” ayuda a ganar?, ¿el estudio minucioso del rival debe ser la base del juego?. Preguntas con un debate enorme. Lo cierto es que tanto Lamicela (DT de Los Tordos), como Kretschmar (DT de Teqüe) mostraron un planteo sin permiso para lo inesperado.

Tal vez, fueron los jugadores quienes se autopresionaron por la instancia. Tal vez, ya no se puede ser espontáneo, tal vez ya no hay lugar para hacer lo que no se puede o debe hacer. No digo que sea patrimonio de Tordos y Teqüe, ni siquiera que esté ocurriendo sólo en el rugby. Digo que ocurre y que no es algo que ayude a la evolución del juego.
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11 de Diciembre de 2016|03:42
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