Abel Albino: el doctor de la esperanza
Estudió Medicina en nuestra provincia, Chile y Tucumán. Pronto descubrió que la paz la encontraría trabajando cerca de la infancia y abocado a prevenir la desnutrición. A través de la Fundación Conin, Abel Albino comenzó una labor solidaria que hoy se extiende en todo nuestro territorio. Hoy, te lo presentamos en "Sinceramente".
Nació en Mendoza. Pero su historia, marcada por la solidaridad y la entrega al prójimo, cambiaría la de cientos de niños y familias de bajos recursos de todo el país. Desde su humilde lugar y sus ganas de "hacer algo", Abel Albino construyó un imperio de esperanza y no hizo más que trabajar para que otros fueran felices.
 
Una vocación imparable con el compromiso como estandarte, lo llevaron a seguir la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Tucumán para luego obtener el mismo título en la Universidad Nacional de Cuyo. Años después, hizo su especialización en Pediatría en Chile y en 1992 viajó a Navarra para profundizar sus conocimientos en Biología Molecular.   
 
Sin embargo, "descubrió que no se sentía en paz", relata Cecilia, una de sus hijas. Un mensaje de la Madre Teresa de Calcuta publicado en un diario lo invitó a servir a los demás para encontrar la tranquilidad en sus acciones. Meses más tarde y de regreso en Europa, la voz de Juan Pablo II predicando un "ocúpense de los más necesitados", volvió a marcarlo. 
 
El doctor Abel Albino se animó a responder sinceramente.

- Mi orgullo íntimo: mi familia, mi patria.

- Mi peor defecto: la ansiedad.

- Mi carácter: alegre, tenaz, solidario.

- Mi sueño imposible: que el mundo retorne a la espiritualidad.

- Mi mujer ideal: fina, femenina, alegre.

- Mis lecturas preferidas: la de los grandes hombres de la historia.

- Mi modelo de país: grande, rico, poderoso, donde "todos" vivamos 100 veces mejor.

- Mi deporte favorito: caminar.

- Mendoza: mi casa.

- La música que me transporta: clásica, tango y flocklore.

- Mi comida favorita: asado y vino tinto.

- Tres lugares en el mundo: sacando mi país, Roma, las Islas Canarias y Perú.

- ¿Cuándo surgió tu interés por ocuparte de la desnutrición infantil?

- Todo empezó con un artículo periodístico que encontré en la calle mientras hacía una beca de Biología Molecular en Navarra, siguió con unas palabras del Papa en Roma y se concretó en una entrevista con el profesor Monckeberg en nuestra provincia.

Así fue como en 1993 nació en Mendoza la Fundación Conin -Cooperadora para la Nutrición Infantil-, porque "nadie puede ser feliz entre desdichados". Tanto el equipo de profesionales, como el cuerpo de voluntarios, amigos y colaboradores logran que, día a día, la infancia esboce al menos una muestra de alegría.

Como profesional de la Salud, Abel Albino advirtió que los más necesitados eran los niños enfermos, especialmente los débiles mentales, y que la única causa reversible era aquella generada por el hombre mismo: la desnutrición. Entonces, los centros de prevención se multiplicaron a lo largo y ancho de nuestro territorio y hasta alcanzaron el continente africano.

"La sonrisa de un niño me produce alegría y al mismo tiempo, compromiso. Considero que como sociedad somos muy solidarios. Mi mayor satisfacción es ver crecer la infancia sana en cuerpo y alma", afirma el doctor. Hace 9 años quedó viudo, fruto de su matrimonio nacieron María Cecilia (27) -decoradora-, María José (26) -estudiante de Derecho-, María Julia (24) -estudiante de Publicidad-, María Pilar (21) -estudiante de Enología- y María Luisa (18) -aún en la secundaria-.

María Cecilia, su hija mayor, sostiene que lo que más admira de él es "la tenacidad con que sigue su camino, sus principios y convicciones. Mi padre es un gran amigo y a pesar de amar su patria y su religión, ha sido lo suficientemente inteligente para no caer en el fanatismo. Me enorgullece que a casa vengan amigos de todas las ideologías".

Una estampilla lleva su foto y una escuela pública de Mendoza tiene su nombre por voto de los alumnos. Y Abel Albino agradece; aún este espacio de sinceramiento, "que más que una atención es un cariño".

En 2007 la Cámara de Diputados de la provincia lo declaró Ciudadano Ilustre por su labor contra la desnutrición infantil y en septiembre de este año recibió el premio Konex por la fundación que lleva adelante, entre otras importantes distinciones que ha obtenido a lo largo de su carrera humanitaria.

Resta un pensamiento, el de su hija Cecilia... "Mi padre es un hombre común y su grandeza está en que el objetivo que se propuso en la vida es más grande que él mismo".
 
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