Gustavo Ramet: un hombre que vivió para la Policía y murió en su día

Era cabo primero y tenía 39 años. Fue asesinado cuando volvía a su casa luego de participar del acto por el aniversario de la Policía. Anécdotas, aportes y la paradoja de quien murió congeniando dos amores: la música y la lucha contra el delito.

El 20 de octubre se conmemora el día de la Policía de Mendoza. Y el de ayer fue el 198 aniversario, pero no fue un día más para la fuerza. El cabo primero Gustavo Ramet (39), quien justamente volvía de participar junto a la banda musical de la fuerza del acto, fue asesinado de un balazo en la cabeza por dos delincuentes que tenían como objetivo robarle el arma. El propio ministro de Seguridad, Carlos Ciurca se detuvo en lo ilógico de la situación, si se tiene en cuenta que –de acuerdo a los pocos datos aportados por los testigos- Ramet estaba entregado a la voluntad de los delincuentes y en ningún momento ofreció resistencia. Conocido este dato, son múltiples las hipótesis: que lo mataron porque querían “sacar chapa” en el ambiente tumbero, que esa era su verdadera intención, que observaron al cabo realizar algún movimiento sospechoso que los asustó. Múltiples versiones para una sola verdad que, tal vez ni siquiera el propio Ramet entendió en sus últimos segundos de vida y, probablemente, tampoco lo hayan hecho los delincuentes. O sí, y en ellos quedará la confirmación de alguna de estas versiones.
El de ayer era el 15º día del policía que él celebraba como miembro de la Policía de Mendoza y en su día, junto con sus compañeros, había participado del acto oficial celebrado en el auditorio Ángel Bustelo.

“Interpretó tres temas con la banda en la apertura del acto y después se fue. A las 20.30 había entrado de franco, pero él se fue con sus compañeros a la sede del Cuerpo de Caballería (ubicado en la calle Boulogne Sur Mer, cerca del límite entre Capital y Las Heras) para ayudarlos a guardar todos los instrumentos. Lo hizo porque sabía que después, en la segunda parte del acto, había un ágape y se fueron todos juntos a guardar los instrumentos y así podía volver lo antes posible para participar del agasajo”, destacó conmovido Víctor Nicotra, director de la banda de música de la Policía.

Y tomando una de esas decisiones que luego a uno, con el desenlace ya ocurrido, lo llevan a preguntarse ‘¿por qué?’, Ramet decidió volverse desde Caballería hasta su casa caminando. “Estoy cerca, a diez cuadras”, le dijo a sus compañeros cuando éstos se ofrecieron a llevarlo en un vehículo, y se dio media vuelta y partió. Eran las 21.15, habían pasado exactamente 45 minutos desde que había entrado en franco cuando en la equina de Cippoletti y Las Moreras –en el límite entre los barrios Cementista y Reconquista, ambos de Las Heras-, los dos delincuentes lo increparon mientras hablaba con otra persona –aparentemente un soldado voluntario- con la intención de robarle el arma. El desenlace es el ya conocido, con un disparo que ingresó a su cabeza desde la altura del cuello y salió por la parte de la nuca, con los delincuentes huyendo en una moto llevándose el arma reglamentaria de Ramet y con el uniformado desplomándose ante la vista del hombre que hablaba con él en ese momento y otros pocos testigos.

“No tenía por qué ir a Caballería, fue porque quiso, porque amaba lo que hacía. Amaba su profesión y amaba el uniforme. Si llegaba a su casa y su mujer ya tenía la comida lista, el no se sentaba hasta que no se sacaba el uniforme, lo limpiaba y lo dejaba colgado”, continuó con su emotivo recuerdo Nicotra, quien también lo recordó por los aportes musicales que hizo para la banda. “Se encargó de investigar sobre un estudio y descubrió que en otros países cuando muere un policía la banda no toca la marcha fúnebre tradicional, sino que interpretan una especial para policías caídos. Y trajo esa costumbre para acá, fue un gran propulsor para que la banda use ropa de gala”, sostuvo Nicotra.

Quien vio a la banda de la Policía alguna vez, de seguro que se le grabó la imagen de Ramet. Sobresalía por su gran estatura y era “el que tocaba el bombo”, además de demostrar con el bastón una asombrosa habilidad. “En la policía hay distintos géneros o actividades. Desde lo medular, hacemos música. Pero en caso de necesidad o extrema urgencia, pueden ser dispuestos a operativos o allanamientos… Es la primera vez que un integrante de la banda muere en cumplimiento del deber”, sentenció el director de la banda.

Ramet tenía 39 años, 15 de ellos los había entregado a la fuerza a la que ingresó como miembro de la policía vial. Pudo congeniar su amor por la música y por la policía ingresando a la banda, que integró hasta el último día de su vida. Murió a menos de una hora de su última presentación, dejando una esposa, un hijo de 5 años y toda una familia que, destrozada, lo veló durante toda la mañana de hoy y participará de su entierro esta tarde en el Cementerio de Los Apóstoles.  Murió, casualmente, el Día de la Policía.
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