¿Por qué alguien querría matar a un policía?

Hace casi exactamente 10 años, el 19 de octubre de 1998, el asesinato del policía Héctor Castillo desencadenó un acto sedicioso sin precedentes en la Policía de Mendoza. Ayer 20, en el Día del Policía, mataron a otro efectivo.

Le di mi documento
me quiso llevar igual,
le pedí explicaciones,
no me las quiso dar.

Sacó su machete,
me quiso pegar,
yo saqué mi navaja,
lo tuve que matar.

…


Lo maté.
Lo maté.

Tuve que matar a
un policía.
Tuve que matar a
ese policía.

(Letra de una de las canciones más populares del grupo “Resistencia urbana”)




Para muchas “tribus” urbanas violentas de Centroamérica, matar a un policía es el pasaporte de ingreso a la agrupación.

Aquí también ocurre: cuando un delincuente ya inscripto en el hampa lo hace, suma puntos en su ascenso social dentro de la organización.

Hasta aquí, algunos de los posibles motivos para matar a un uniformado, cuando no ocurre por casualidad o cuando no está instigado para generar consecuencias insalvables, porque cuando un policía cae se provoca un efecto dominó que nunca se sabe cómo termina.

El caso del hampa que busca rédito entre los suyos no parece, sin embargo, ser el caso ocurrido este 20 de octubre en Las Heras, sobre el final del Día de la Policía, aunque es temprano y el duelo está vigente como para ensayar lecturas sobre el caso puntual.

Pero hay que saber algo: ¿qué ocurre cuando se mata a un policía? Quién lo hace, lo sabe: no se trata de un acto inocente; luego de ello no se puede pasar desapercibido y la marca que el hecho deja es indeleble.

Para los que fueron atrapados (y sobrevivieron a ello), ese sólo dato les otorga poder en prisión. Y quienes así lo han hecho, con la real intención de producir ese daño y asumir ese costo/beneficio, lo exhiben en su piel, orgullosos, con una marca tatuada que así lo delata.

Si un criminal consumado liquida a un hombre de la ley sabe que “los viudos” del muerto le jurarán persecución eterna, tal como lo indica una regla no escrita de cualquier fuerza policial del mundo. Por lo tanto, su acto matador -si fue calculado- oculta, seguramente, alguna otra intención.

Pero también Mendoza sabe de las consecuencias políticas y del cambio de humor social que acarrea la muerte de un efectivo. Han sido este tipo de hechos y no otros, precisamente, los que desencadenaron los mayores planteos de desobediencia desde el interior de la fuerza hacia sus jefes, sean estos civiles o superiores uniformados.

Así ocurrió, por ejemplo, en las instancias previas a la Reforma policial de 1998, con una fuerza cuestionada por desapariciones y crímenes que la tenían del otro lado de la ley, pero que rebalsó el vaso cuando, tras el asesinato del agente Héctor Tito Castillo, un millar de hombres de azul se movilizó desafiando lo establecido por la Constitución provincial, en un claro acto de sedición mientras otros 5 mil adherían pasivamente a la huelga.

Fue allí cuando unos 600 efectivos de Gendarmería tuvieron que hacerse cargo de la seguridad provincial, en tiempos en que Arturo Lafalla gobernaba la provincia y Alejandro Cazabán era subsecretario de Gobierno.

Aquel hecho ocurrió, precisamente, el 19 de octubre de 1998, hace casi exactamente 10 años.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 13:57
2
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19 de noviembre de 2017 | 13:57
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  1. Si bien no estoy de acuerdo con Conte en muchos aspectos, esta vez le doy la razón. A esas causas hay que sumar la facilidad conque se mueven los delincuentes, cualquiera sea su status, en virtud a que esta gestión de gobierno es totalmente inoperante (en este y en muchos otros temas). Lamentablemente esta "práctica delictiva" va a ir en aumento, ya que se crean competencias dentro de los ámbitos delictivos. Mientras miles de personas lamentamos este aberrante hecho, hay algunos que lo celebran como un logro. Hay que apuntar a un cambio cultural, comenzando por la educación y por el trabajo, pero obviamente que a una persona instruída es mas dificil manejarlo, por lo tanto no es interes de este Gobierno educarlo. El primer paso para el cambio es que funcionarios corruptos e inoperantes cedan su lugar a quienes realmente saben que hacer y no improvisan, ademas de trabajar mancomunadamente con el resto de las áreas (educación, salud, trabajo, etc.). Personalmente creo que el tan mentado "Pacto Social" impulsado por esta gestión, es solo un "Auxilio, no sabemos que hacer".
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