La historia de amor que cruzó la Cordillera de los Andes

Federica Curi y Gonzalo Saens vinieron desde Chile junto a los familiares y amigos del novio para celebrar su boda. El lugar elegido fue la Bodega Séptima, en donde se recibió a más de 300 invitados de la pareja. El día nublado no fue impedimento para festejar el enlace. Shows musicales y mucho pisco sour, en una fiesta que duró hasta la medianoche.

El día amaneció nublado y frío. Federico Zanfagnini -un wedding planner muy madrugador-, realizó varias llamadas telefónicas. Sin lamentos. "Así son las cosas. A veces el tiempo no acompaña", pensó. Rápidamente batalló contra las inclemencias y decidió cambiar la terraza por el salón además de alquilar varios caloventores.

Al mal clima los novios le pusieron buena cara. Y así, la fiesta de casamiento de Federica Curi y Gonzalo Saens se desarrolló casi como había sido prevista. El wedding planner tuvo todo que ver ya que a primera hora de la mañana realizó los cambios necesarios para que la celebración fuera perfecta.

Los comienzos del amor

Tiempo atrás, esta mendocina se estableció en Chile por motivos laborales y fue en la capital del vecino país, donde conoció a Gonzalo. Tras 5 años de noviazgo, la pareja decidió casarse en Mendoza y es por eso que dejaron en manos de Federico Zanfagnini la organización de la fiesta.

Ellos, desde Santiago, monitorearon las acertadas decisiones del experto y mantuvieron comunicación con él en todo momento. En un principio concretarían su matrimonio a fines de octubre, pero debido al embarazo de una amiga de Federica hubo que adelantar la fecha de la boda. Es que Pilar -la compañera en cuestión-, será mamá en los próximos días.

Dos semanas antes de protagonizar la fiesta en Mendoza, los novios se casaron por civil en Chile. Pero cuando el gran día llegó, arribaron los invitados de los novios provenientes del país vecino. La familia y los amigos de Gonzalo cruzaron la cordillera para participar del importante enlace.

La ceremonia religiosa se celebró en la iglesia de Chacras de Coria. La novia lució un modelo de crepe francés del diseñador Ariel Quintana. El vestido, al bies, fue enteramente bordado en perlas disgregadas hacia arriba y hacia abajo, marcando el principio y el final de las tablas a la altura de la línea imperio. La cola, desmontable, fue realizada en seda natural y bordada también en perlas.

Al calor de la fiesta

Una vez en la Bodega Séptima -lugar elegido por su bellísimo e imponente entorno-, los invitados fueron bienvenidos con una recepción en el salón. Bruschetas, ceviche de salmón, carpaccio de lomo, langostinos rebozados, pinchos, empanadas, pizzetas, quesos, fiambres, frutos secos y burritos fríos de pollo, fueron algunas de las exquisiteces que preparó el chef Matías Podestá. El grupo “Blue Moon Jazz” deleitó a los presentes con su música en vivo. Además, para acompañar el cóctel, argentinos y chilenos eligieron entre una gran variedad de aperitivos: mojitos cubanos, caipiroska, caipirinha, pisco, vinos y espumantes de la bodega.

En las mesas, el menú fue completado con el plato principal: filet en croute de hongos, batatas asadas, salsa criolla y bouquet de verdes; y el postre, tarta de crema de limón, frutillas frescas, helado de mascarpone con frutos rojos y shot de texturas de naranja. Durante el almuerzo, el grupo Contramarca ofreció un show de tango con bailarines en escena.

Las asistentes se destacaron por su elegancia. Algunas optaron por vestir pantalón y otras usaron vestidos de todos los largos, pero siempre con mucho glamour. Entre los 300 invitados, estuvo el intendente de capital, Víctor Fayad, y la familia del ex gobernador de Mendoza, Felipe Llaver.

Para "romper el hielo" en la pista de baile, dj Fabu eligió unas cuecas chilenas después de finalizado el tradicional vals. Cerca de las 17, empezó la verdadera fiesta al ritmo del variadísimo repertorio del musicalizador, que dejó contentos a todos por igual.

En la barra de tragos, los más solicitados fueron pisco y mango sour, whisky y espumantes. Los argentinos dejaron un poco de lado el clásico fernet, para probar las delicias preparadas con productos traídos desde Chile.

La boda se llenó de color cuando apareció en escena el cotillón. Sombreros fluorescentes, con las banderas de Argentina y Chile, formaron parte de la original propuesta.

Las amigas de Federica la llevaron en andas por todo el salón y la lanzaron hacia arriba en reiteradas oportunidades. Por su parte, el novio se animó al karaoke y sorprendió a todos con su entonada voz.

Al caer la tarde, la baja temperatura invitó a los presentes a disfrutar café con dulces petit, tartas y tortas. Para quienes no sintieron el frío hubo helados y para quienes prefirieron algo salado, la opción fue jamón crudo en pan casero y mini choripanes.

La fiesta se extendió hasta casi la medianoche, cuando los invitados se retiraron felices de haber acompañado a los recién casados en uno de los momentos más importantes de sus vidas.

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