Una convicción, varios desafíos

No puedo precisar con exactitud en qué momento supe de Internet, ni cuándo entendí que la red era la autopista universal, la Babel en la que todos nos podríamos comunicar. Sí recuerdo que una tarde, un amigo con el que trabajé en uno de los grandes diarios del interior, el Río Negro, me llamó a su vetusta Macintosh y me mostró el Netscape Navigator… ¿lo recuerdan? Y allí, corría el buscador Altavista, que además de páginas podía encontrar archivos. También era posible navegar -en viejísimas conexiones dial up- las páginas de contenidos estáticos que ofrecían los medios tradicionales, más algunas específicas que nos interesaban. Creo que esto fue a mediados de 1995.

Poco después, descubrimos que en Internet podíamos entretenernos, y hallamos –como aficionados a ese universo particular- una de las primeras comunidades virtuales del mundo -organizada alrededor del ajedrez- el Internet Chess Club, convertido hoy en la red deportiva global más importante del planeta en cuanto a la participación online de sus socios. Más tarde, llegó la hora de comprar por Internet… libros, música, software, computadoras, e inmediatamente autos y casas, y lo que fuere.

Y después… todo pasó demasiado rápido. Fue el lapso en que los periodistas descubrimos que el uso de Internet cambiaría nuestra forma de trabajar, de concebir la información, de contar una historia, irremediablemente… y para siempre. Entendimos además, en un proceso doloroso, autocrítico, y que lejos está de terminar, que los anónimos compradores de diarios se transformarían en visitantes exigentes y atrevidos, capaces de comentar nuestro trabajo en tiempo real, enviarnos sus devoluciones, enojarse, protestar, y demandarnos –finalmente- el máximo esfuerzo, concentración, y calidad, cara a cara… o casi. Y no sólo eso. Además, se convirtieron en cronistas de su propia realidad y comenzaron a editar sus contenidos personales. Textos, videos, fotos, comunidades virtuales, redes sociales, bloggers… La gente se fue colando en la comodidad de nuestro anonimato. ¿Representan una amenaza al periodismo… O se trata de una oportunidad? En todo caso, ahora asistimos en pleno a esta serie de transformaciones, un cambio virtuoso que nunca se acaba.

Así, en ese escenario caótico, los periodistas debemos buscar nuestro espacio. La opción pasa por transformarnos, o asistir inexorablemente al fin de nuestras costumbres de toda la vida.

Por qué aquí…

Aunque me había ido de Mendoza a principios de 2005 para radicarme en la Patagonia, mantuve estrechos contactos con el medio. El paso de siete años en la gerencia periodística de Los Andes, un diario tradicional, me había dado una lista de contactos, relaciones sociales, fuentes, y sensaciones y sentimientos que no se pierden. Por eso, me enteré del proyecto MDZ a poco de su salida, y desde Puerto Madryn, donde me había instalado, lo seguí con interés.

Una tarde, recibí un correo electrónico de un periodista al que conozco, con el que había trabajado varios años, en el que les contaba a los miembros de su lista de distribución el “salto” que había dado desde el papel, a un ‘diario’ online. A ese correo se sumaron otros más de distintos colegas, algunos ex compañeros; otros, feroces competidores. Creo que esa suma me sacudió, porque fue algo así como la prueba palmaria del cambio. Además, desde las redacciones de los grandes diarios del mundo llegaban las noticias del futuro, la ‘integración’ de redacciones, el abandono del papel, la interactividad plena con los lectores, la web 2.0… Internet móvil… los blogs informativos… En verdad, no me lo podía perder. A los 43 años, y con una larga carrera como editor de medios regionales gráficos, líderes en sus áreas de influencia y circulación, sentí la necesidad de tomar “el bolso y el cepillo de dientes” (como decían antes nuestros padres), la notebook… y dar el salto hacia adelante.

¿Si hay dilemas? Seguro que sí. MDZ On line no es un medio tradicional. Es una comunidad informativa en la que los periodistas, los accionistas, y los usuarios y lectores que se suman día a día; compartimos códigos, lenguajes, sensaciones, ideas, certezas, recelos y esperanzas en clave periodística. La pregunta es ¿Puede un periodista “tradicional” desarrollar su trabajo, honrar las normas de la profesión, cumplir con el rigor informativo, contagiar y entusiasmar con la exactitud de la información, brindar un servicio útil, ser creíble, confiable, serio e irreverente a la vez, en un diario online? No tengo dudas. Se puede.

De la misma manera, la red no es un impedimento para intentar ser profundo, analítico, ético, o para cumplir con ese “deber ser” que nos imponemos los diarios y los periodistas: Periodismo es decir lo que alguien no quiere que se diga. Y esa es una definición que no cambia. Sí puede crecer, complementarse con otras, enriquecerse con el aporte de quienes nos leen todo el tiempo. Pero el espíritu es inalterable, como la fórmula del agua.

Hoy, me sumo a MDZ porque comparto la visión de quienes lo imaginaron, de quienes lo hacen, y de una familia emprendedora que cree, en lo más profundo de sus convicciones, que se debe arrojar luz en muchos lados oscuros para buscar el camino correcto, en un clima de respeto, de libertad, de tolerancia, y de defensa del derecho irrestricto de todo ser humano, a saber qué sucede.

Los periodistas no somos dueños de la información, mucho menos de la verdad, aunque ésta sea la meta permanente. Tampoco lo son las empresas editoras, ni las fuentes que la brindan, ni el poder… La información es de ustedes, de la gente. La necesitan, cada día, para tomar sus mejores decisiones de vida, desde los detalles más cotidianos y triviales, hasta los más profundos, los que son para siempre. Y nosotros estamos aquí para facilitar ese acceso y agregar valor, para luchar por el derecho universal de entender qué pasa en nuestro pueblo, en nuestro país, en el mundo.

Entonces, un diario online es algo así como la tecnología con alma. Es la herramienta que nos permite llegar a todo, y a todos. Y en el caso particular de MDZ, con una visión clara: iluminar el sendero para que Mendoza sea un mejor sitio para vivir, para crecer, para formarse, para criar a nuestros hijos y dar rienda suelta a los sueños colectivos, fundacionales si se quiere, de esta tierra.

En eso estamos. Y contamos para ello con todos y cada uno de ustedes.

Opiniones (0)
22 de octubre de 2017 | 23:42
1
ERROR
22 de octubre de 2017 | 23:42
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Wildlife Photographer of the Year 2017
    18 de Octubre de 2017
    Wildlife Photographer of the Year 2017
    Lo perdí todo víctimas del terremoto en México
    17 de Octubre de 2017
    "Lo perdí todo" víctimas del terremoto en México