Pidieron prisión perpetua para el policía que asesinó a Chandía

La fiscal y la querella solicitaron prisión perpetua para el policía Juan Carlos Oruza por el asesinato del joven Jonathan Chandía. Para la parte acusadora, fue un homicidio agravado por el cargo del uniformado. Sin embargo, el defensor pidió que se lo absuelva y consideró que el arma se disparó de forma accidental por un golpe de Chandía. Hoy elaboraron los alegatos y mañana, a las 11.30, se conocerá la sentencia.

El asesinato del joven Jonathan Chandía ya entró en su etapa decisiva y, luego de que hoy las partes se explayaran con los alegatos, finalmente la sentencia y resolución tendrá lugar mañana, a las 11.30 en la Séptima Cámara del Crimen. La fiscal, Susana García y los abogados querellantes, Carlos Varela Álvarez y Lucas Fallet mantuvieron la calificación con que fue elevada a juicio la causa y solicitaron que se condene al policía imputado, Juan Carlos Oruza a prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por la función –policía-. La querella también solicitó que se tenga en cuenta el agravante de la alevosía. En tanto, el abogado defensor, Ariel Civit, solicitó al tribunal que se lo absuelva, considerando que el disparo se escapó de manera accidental y que fue a raíz de un golpe que la víctima le dio al arma.

Careos
Pasadas las 10, los magistrados ingresaron a la sala y, de inmediato, se dio lugar a los careos que el imputado y la defensa habían pedido durante la jornada de ayer. El primero de los enfrentamientos fue entre Oruza y el principal Rolando Rojas, quien aquella fatídica noche del 28 de mayo del 2006 era el coordinador de la Unidad Operativa de Godoy Cruz y jefe de Oruza. Es que fue Rojas quien, durante la instrucción y el debate, declaró que la mañana siguiente al asesinato de Chandía, Oruza le confesó que habían “plantado un arma” en el lugar.

Con una elocuente habilidad –que luego fue destacada por la fiscal García en los alegatos-, Oruza tomó rápidamente el control del careo y lo transformó en un interrogatorio, intentando desacreditar a toda costa lo declarado por Rojas.

“¿Cuándo dice usted que yo le confesé lo del arma?”, lanzó de inmediato Oruza, vehementemente, a lo que Rojas le dijo que había sido varias horas después del hecho. “Fue entre las 6 y las 7 de la mañana, me contaste cuando volviste”, respondió Rojas, quien no se amedrentó ante los gritos de Oruza.

El careo no se prolongó por más de 10 minutos, y en ese lapso Rojas se encargó de reafirmar lo que ya había declarado, al tiempo que negó tener parentesco con el ex subsecretario de Seguridad, Omar Pérez Botti mientras Oruza se lo achacaba en la cara.

“¿Sabés que pasa, Oruza?, acá se están dando muchas vueltas y vos tenés que decir la verdad, hermano. No sé lo que buscás, Oruza. Yo busco la verdad y si te equivocaste admitilo”, disparó Rojas, quien eligió un lenguaje coloquial para dirigirse a Oruza, mientras que éste no dejó de tratarlo de ‘usted’.

Oruza, a su turno, le retrucó que si realmente él hubiese hecho semejante confesión, como superior, Rojas debería haber dispuesto de inmediato su detención. “¿Por qué esperó 48 horas para presentarse ante la Justicia, entonces?”, preguntó el imputado, quien además resaltó el hecho que los otros efectivos que llegaron al lugar nunca hicieron mención al arma colocada.

“Yo no maté a nadie, papá. No me tires el fardo a mí. No des vuelta y decí quien te dio el arma (que plantaron en la escena)”, continuó Rojas, quien cerró con un contundente: “Admitilio, papá”.

Luego fue el turno de Roque Jouas, amigo de la víctima y uno de los tres jóvenes que esa noche caminaban por la calle Boulogne Sur Mer al 300 cuando Oruza y su compañero les ordenaron que se detengan. Durante el juicio, Jouas declaró que el vio como Oruza mantenía a Jonathan Chandía tirado boca abajo en el piso y, mientras lo pisaba con su piernas derecha, le disparó en la nuca.

Sin perder la vehemencia, Oruza se tiró en el piso de la sala para reconstruir ese momento y que Jouas le indicara cómo lo había visto junto con su amigo. En tanto, el joven le dijo que había observado como lo pisaba estando sobre un puente en la vereda.

“Te has olvidado vos, esta persona nunca estuvo sobre el puente”, refutó el imputado, mientras que Jouas no sólo que insistió con ese detalle, sino que reiteró que su amigo estaba reducido y gritando. “El Chanta (Jonathan) hablaba, vos le dijiste dos veces ‘Callate’, y después le disparaste. Estás mintiendo, por qué no decís que vos lo mataste y que le dijiste rata”, arremetió el joven.

“Dejá de decir cosas que no son coherentes, no tiene cavidad lo que estás diciendo”, contraatacó Oruza, quien en todo momento se empecinó en demostrar que desde la posición en la que estaba Jouas era imposible que viese que hacía Chandía.

Alegatos
Una vez concluidos los dos careos, los jueces dieron lugar a los alegatos. La primera fue la fiscal, quien comenzó recapitulando brevemente los hechos de aquella noche en la que Oruza y su compañero Díaz se bajaron del móvil en la calle Boulogne Sur Mer de Godoy cruz con la idea de requisar a tres jóvenes que caminaban por allí, a quienes habían confundido con tres asaltantes que acababan de perpetrar un robo en un kiosco.

“Hemos escuchado a Oruza que comenzó pidiendo disculpas, diciendo que se equivocó al bajar con el arma cargada y con bala en boca, y que no quería matar a Chandía sino que se le escapó el tiro”, comenzó García.

Acto seguido, se detuvo en las circunstancias en que les ordenan que se detengan para requisarlos. “Cuando los tres están reducidos, y eso está acreditado, Oruza le dispara en la cabeza a Chandía. Pero él estaba boca abajo, ¿qué peligro podía implicarle esta situación a Oruza para que le dispare?”, continuó la fiscal, quien aclaró que cuando dice que los jóvenes estaban reducidos no se refiere a que no hayan estado gritando ni protestando, sino que era claro que no representaban peligro alguno. “Oruza manifiesta que el no ve el arma en ningún momento, sino que es su compañero el que se lo dice. En todo caso, eso podría haber significado una situación de riesgo, pero éste desaparece cuando el joven (Diego Chandía, hermano de la víctima), la larga. Es cierto que existió un arma en tre los jóvenes, pero ni siquiera la llevaba Jonathan y además ya había salido de la posibilidad de ser accionada cuando le disparan”, sostuvo García.

Sin embargo, García especificó que la conducta de Oruza no tiene ningún justificativo, bajo ningún punto de vista. “Si Chandía hubiera sido el autor del ilícito, yo me pregunto, ¿está justificada la conducta de Oruza, sería correcta su actitud?. Por supuesto que ni siquiera así podemos justificar su actitud. Porque excedió las obligaciones de su cargo y no fue legítima defensa. Él (Oruza) disparó porque se ofuscó al ver que Chandía no se puso sumiso como si lo había hecho jouas, Chandía gritaba y cómo lo acalló Oruza… Con un tiro”, especificó la fiscal, quien resaltó que el imputado actuó y disparó con dolo directo, ya que tenía conocimiento y amplia experiencia por lo que sabía las implicancias que tenía bajar con el arma cargada y la bala en boca. 

Para el cierre, y antes de solicitar la pena de prisión perpetua, García rechazó cualquier planteo de inimputabilidad o de homicidio culposo que pudiese hacer la defensa. “Esto es un homicidio, no tiene otro nombre ni justificación”, sentenció García.

Luego fue el turno de la querella –Fallet y Varela Álvarez- quienes, en sintonía con la fiscal, coincidieron a la hora de pedir la pena de perpetua para Oruza. Sin embargo, los abogados solicitaron que, al agravante por el uso de arma de fuego y por la función pública, se le agregue el de la alevosía porque “existía una persona en calidad de indefensión y el imputado sabía que no corría peligro, pero igual disparó”, según manifestó Fallet.

Asimismo, el joven letrado descartó que haya existido culpa en el episodio, sino que Oruza lo hizo con dolo. “Que haya tenido sobrecarga horaria o que admita que se equivocó al bajar con el arma cargada forma parte de presiones subjetivas. Pero jamás justificaría su accionar, porque Oruza disparó a matar y tuvo esa intención”, continuó Fallet, agregando que “tal vez el único pecado que cometió (Chandía) fue pedir explicaciones sobre los atropellos que estaba sufriendo. Y la única respuesta que obtuvo fue un disparo en la cabeza, por no hacer nada, por estar festejando su cumpleaños”.

A la hora de justificar el dolo, Fallet destacó que el policía sabía que el arma iba cargada y que, pudiendo dispararle en una pierna si su verdadera intención era reducirlo y calmarlo –como él dijo desde un principiuo-, igual le apuntó a la cabeza. “Es inverosímil que nos quiera hacer creer que en un movimiento Chandía le pegó en una mano y eso hizo que se dispare el arma".

A su turno, Varela Álvarez recordó todos los casos de gatillo fácil registrados en Mendoza, comenzando con Garrido – Baigorria, pasando por Sebastián Bordón y terminando con el de Jonathan Oros. Casualmente fue la misma Séptima Cámara la que condenó al agente Claudio Vaca, aunque no lo contempló como un caso de gatillo fácil, sino que lo hizo por el delito de homicidio en legítima defensa.

Durante su alegato, en el que se detuvo en metáforas y comparaciones con escenas de películas y citas del escritor Ernest Hemingway, el abogado consideró que el caso de Chandía y Oruza “es la radiografía de una institución con mala fama”, en alusión a la policía.

“Quien iba camino a celebrar su cumpleaños, iba camino a su muerte sin saberlo. Jonathan cumplió  años, pero no pudo celebrar. Murió el mejor día de su vida, por una bala policial”, sostuvo Varela Álvarez, quien resaltó que Jouas es “un sobreviviente y que por él, gracias a él, no tenemos otro caso Garrido – Baigorria”.

Asimismo, el abogado resaltó la valentía de Rojas al denunciar la confesión de Oruza. “¡Bienvenida sea la policía por Rojas!. Por esa persona vale la institución policial, no por Oruza, no por Quirogam no por Dos Santos”, continuó Varela Álvarez, disparando contra quienes encubrieron a Oruza y no le permitieron a Rojas –de acuerdo a lo denunciado por él- que le diga la verdad al entonces gobernador Julio Cobos. Incluso, el abogado solicitó que se le inicien compulsas por encubrimiento a los mencionados efectivos quien, en el año 2006 integraban la cúpula policial de la Provincia.

Para el cierre, fue el turno del defensor, Ariel Civit. Histriónico, como durante todo el debate, Civit dedicó varios minutos a intentar desacreditar las declaraciones de Jouas y del hermano de Jontahan, deteniéndose en “contradicciones e incongruencias” entre los testimonios de ambos. Así fue como volvió a centrarse en la ubicación de los dos jóvenes, sosteniendo que era imposible que vieran lo que ocurría con Jonathan.

Incluso, Civit dijo que era imposible que Oruza haya pisado a Chandía mientras estaba en el piso y que en ese momento, estando el joven boca abajo, le haya disparado. “Seguramente estos chicos, dado el dolor, han supuesto que Oruza quiso fusilarlo”, destacó el abogado.

“A los policías se los está matando como pájaros en la calle. Oruza cargó el arma cuando su compañero le gritó que tuviese cuidado, que uno de los chicos tenía un arma. Hasta Robocop hubiese cargado el arma en ese momento”, continuó casi a los gritos el letrado, agregando: “¿Qué se le va a exigir a un policía, que se inmole?. Si ellos mismos se pusieron el mote de sospechosos con la aparición de un arma entre ellos”.

A la hora de cerrar sus alegatos, y antes de solicitar la absolución para su defendido o .como pena máxima- que se lo condene por homicidio culposo, Civit se alejó un poco del tema. Es que intentó pintar a Chandía y a sus amigos como un chico “rebelde”, dado que les gustaba y bailaban hip hop, un ritmo al que también consideró como “rebelde y anti sistema”.

“Hoy en día la juventud tiene una rebeldía más contundente y se evidencia como insultos y desobediencia a la policía. Yo no digo que Chandía fue un delincuente, ni se me ocurre considerarlo. Pero si fue desobediente e imprudente”, sentenció Civit, quien fundamentó su pedido de absolución considerando que el arma se disparó a raíz de un golpe que Chandía le dio.

Sin pelos en la lengua, a su turno la fiscal García le replicó con dureza. “Como pocas veces he presenciado lo que se describe en derecho como una falacia argumentativa. (Civit) Parte de inferencias ilógicas y desvirtúa las pruebas. Esto es imposible de aceptar, echarle la culpa al muerto de su propia muerte excede los límites. Jonathan Chandía no es culpable de su muerte”, sentenció la fiscal.
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