Bordando el fin del año

En la época de balances, este artículo nos invita a explorar el símbolo de la costura, como una forma de comprender los hilos que tejen nuestra existencia.

Nos suele pasar que para estas fechas empezamos a hacer los clásicos balances de cierre de año. Y es frecuente que encontremos áreas que no dieron el resultado esperado. Frente a esa sensación intensa de que algo "me quedó en deuda" es que nos invito a dos cosas.

La primera, educar la mente a las posibilidades que cada experiencia nos da, en lugar de sólo centrar la mirada en el resultado. La segunda recordar que la Vida es un hermoso espacio donde hemos venido a completar lo faltante, a desplegar lo que somos y tenemos como potencial.

Esta es una maravillosa oportunidad para pasar por el taller de costura espiritual

En medio de este proceso, también pasamos por ver lo que no somos, no tenemos aún o no alcanzamos para este año. Y sucede que con este "cierre" volvemos a ver nuestras zonas descosidas, las menos luminosas o tal vez las más lastimadas.

Esta es una maravillosa oportunidad para pasar por el taller de costura espiritual.

Este trabajo requiere templanza, constancia y paciencia para mirarnos amorosamente en el proceso de cosido, zurcido o bordado de nuestras partes incompletas. Porque para desplegarnos necesitamos hacer el doble trabajo:

  • Salir al encuentro de la persona que queremos ser, probándonos en los distintos aspectos de la vida. Probar lo nuevo, establecer metas y disfrutar las posibilidades.
  • Volvernos a nosotros mismos, para observarnos en el proceso de construcción. Bordar lo viejo que puede estar roto o descosido. Esto duele, porque en parte significa hacernos amigos con lo que no fue posible. Y hacer magia con lo existente, que suele ser mucho. Sin embargo, generalmente, con nuestro estilo inconformista, no es lo que queríamos.


Foto: Carolina Martín

Foto: Carolina Martín

Es un juego de ir y venir constante, porque para desplegarnos en la vida necesitamos tener firmes los hilos que tejieron el hoy. Si hay hilos flojos, todo en algún momento empezará a abrirse, como lo hacen las telas cuando sus hilos se zafan del entramado.

Por eso es vital ir completando aquello que nos falta con amor. En el juego de querer salir al mundo es probable que busquemos volar alto, pero cuando debemos encontrarnos necesariamente con eso que nos falta, tal vez sea pesaroso volver a re-bordarnos. Lo podemos considerar incluso un retroceso, pero no lo será. Cuando miramos con perspectiva hacia el futuro o el pasado es posible resignificar los logros y los mal llamados "fracasos". Entonces estamos en la capacidad de redireccionar nuestras puntadas, para que el tapiz del despliegue personal siga tomando forma.

Foto: Julián Mora

Foto: Julián Mora

Animarnos a examinar los hilos sueltos, los espacios rotos del pasado o las áreas que aún no conquistamos son nobles tareas. Es parte del compromiso asumido en la búsqueda de ser la mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, es indispensable llevar a cabo dicha tarea con amor incondicional. De modo que el bordado sea iluminado desde la más plena ternura compasiva, sabiendo que siempre podemos contar con nosotros mismos para acompañarnos.

Que seamos gentiles en nuestras puntadas del balance de fin de año y elijamos el amor para dar forma a los hilos que la Vida nos ofrece


Carolina Martín: Licenciada en Ciencias Psicopedagógicas (UCA). Diplomada en Coaching Ontológico. Especialista en autocuidado en el dolor. Ha cursado formaciones en Programación Neurolinguística, Práctica en Vínculos y Emociones, Cuidado Contemplativo al Final de la Vida y Comunicación Afectiva. Es docente e investigadora universitaria. Le gusta jugar a escribir sobre los aprendizajes interiores. Para leer sus textos y contactarla: Facebook: Carolina Martin