Xenoglosia: un hallazgo novedoso entre autores mendocinos

La notable primera novela de ciencia ficción de Bernardo Yazlli es capaz de abarcar un colorido abanico de escenarios y tramas, elaborados inteligentemente.

¿Qué pasaría si los sueños pudiesen ser grabados?, o, mejor dicho, ¿qué pasaría si no solo pudiesen ser grabados sino manufacturados e incorporados a un sistema de producción-consumo no menos lucrativo que el del actual Hollywood? Ya Walter Benjamin sentenciaba, a propósito de la industria cinematográfica del siglo XX, que Hollywood lejos de una fábrica de sueños había devenido en una fábrica de pesadillas. Entonces ¿qué cabe esperar propiamente de la "industria de lo onírico" del siglo XXII? La respuesta es evidente: una gran pesadilla -sino la última. Y esta novela, justamente, empieza con una; no existe un mejor modo de introducirnos a esta nueva realidad: una sociedad distópica a lo Philip K. Dick, con la que el libro es fiel al género.

Xenoglosia

Nos encontramos, entonces, con una sociedad corroída por décadas de guerras civiles, en la que ha finalmente prevalecido una tecnocracia deshumanizada, basada en la afinidad entre la tecnociencia y los poderes económico-financieros. En toda la historia humana, la tecnología jamás ha jugado un rol políticamente neutro. Es de esperar que, en este tipo nuevo de sociedad, tampoco. De la revolución que supone la creación de una máquina capaz de grabar sueños solo sobresale su dimensión más reaccionaria: algo así como un nuevo aparato de control ideológico... una nueva caja boba al frente de un ejército de alienados. Y una -aún más penosa- instrumentalización de la relación del hombre consigo mismo, que no es otra cosa que la colonización -en su acepción más negativa- o mejor dicho la mercantilización definitiva del mundo onírico. Pero claro, Bernardo Yazlli es, entre otras cosas, sociólogo, y esta dimensión va a quedar bien retratada en su libro. Sin embrago, Xenoglosia no se agota jamás en estas consideraciones, este es solo su punto de partida.

Porque no todo es una pesadilla. Xenoglosia nos ofrece también el contrataque de la fantasía -por llamarlo de algún modo. Una suerte de resistencia no consciente ni organizada -o quizá si- contra la decadencia de la humanidad. Todo el sentido del libro y de sus protagonistas pareciese confluir instintivamente en esta especie de complot o motín. O mejor aún, de misión suicida. ¿El detonante de todo esto? la muerte - ¿suicidio o asesinato? - de Josefina, la más grande "Star Dreamer" de todos los tiempos.

Bernardo Yazlli

Cada uno de los personajes de esta historia, ajenos unos a otros, irá descifrando a su modo -imperfecto e incompleto-, el gran enigma que se cierne sobre todos ellos, que no es otra cosa que el arcano de los sueños. Tenemos a Eduardo Escrín, un ocasional ladrón de sueños; también tenemos al "Bocha", su jefe, un alto tecnócrata de la Cinco Corp.; a Julio Corinto, un "Clerk" de un negocio de alquiler de sueños; a Antonio Luprestti, un científico de la Cinco Corp. que analiza el material genético inscripto en los sueños; a Fausto Ventimiglia, un mendigo con un fetiche por las pesadillas y nostálgico de los libros; a Rodolfo Suden, un ex guerrillero, una de las tantas víctimas de los robos de sueño; y finalmente a Josefina, la "reina onírica", nuestra "Star Dreamer". (¡Podríamos decir que tenemos a toda la cadena productiva de los sueños, desde el montaje hasta la distribución y el consumo!). El elenco se completa finalmente con personajes venidos de otros mundos, pero guiados siempre por la estrella misteriosa de los "sueños".

Así, la novela transcurre en un terreno entre lo "real y lo imaginario". Este motivo se repite como un mantra a lo largo del libro. Y es que, justamente, los sueños no dejan de ser eso: algo a mitad de camino entro lo real y lo imaginario, algo que evita ponerse al descubierto, alguna quintaesencia atascada entre esas dos dimensiones. Por este camino se moverán los protagonistas, entre certezas e incertidumbres, entre ciencia y ufología, entre materia y protoplasma, en un viaje que solo se puede hacer abordo de la "nave de los locos" -la Stultifera. ¿Acaso de otro modo podría entenderse la "xenoglosia"? nos referimos, claro, a ese raro fenómeno cuasi paranormal mediante el cual una persona empieza a hablar una lengua desconocida de forma infusa; un fenómeno que, en ocasiones ha sido documentado en pacientes bajo hipnosis, e incluso asumido como evidencia de vidas pasadas. Realidad y fantasía.

Así, pasando por la neurociencia, la genética y el psicoanálisis, hasta llegar a derroteros que casi acarician la teoría de las supercuerdas y los multiversos, la novela es capaz de alcanzar incluso un clímax lovecraftiano y volar hasta otros mundos y otros seres impensados. Y aquí es donde se pone aún más buena. A medida que la trama evoluciona hacia lugares imprevistos, lo hace como por remolinos de párrafos rabiosos, pero también exquisitos. Y es que hay pasajes que son notables en su redacción, pero también en su capacidad para modelar lo extraordinario. ¿Cómo narrar un encuentro ocurrido entre seres de distintos mundos?, ¿cómo narrar sus diálogos? Habrá acaso poquísimas combinaciones de palabras que puedan hacerlo satisfactoriamente, y Yazlli ha dado con ellas. Las sorpresas siguen, pero no quiero arruinarlas.

Bernardo Yazlli da un notable primer paso en el mundo de la narrativa con esta novela. Esta es capaz de abarcar un colorido abanico de escenarios y tramas, elaborados inteligentemente. Nos encontramos además con personajes y aventuras típicos de la literatura de género, que se encuentran a la altura de tamaña tarea. Esta novela sienta un grato precedente para las obras que estén en camino, y, por qué no, para la versión completa del "Diario de un enamorado de una extraterrestre".

Opiniones (1)
15 de diciembre de 2017 | 04:05
2
ERROR
15 de diciembre de 2017 | 04:05
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. La nota refleja muy bien el contenido de la novela..dense un gusto..disfruten leyéndola, vale la pena
    1
En Imágenes
Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho