Disfrazados de panaderos, asaltan una confitería y se llevan 2.000 pesos

Dos sujetos ingresaron a la confitería Dunken -San Martín y San Lorenzo de ciudad- disfrazados de panaderos hoy a las 3. Una vez adentro, redujeron al único empleado que allí se encontraba y le echaron gas pimienta en los ojos, para luego atarlo. Con una amoladora destrozaron la caja fuerte y se llevaron de su interior 2.000 pesos.

Dos individuos vestidos con delantales, barbijos y hasta gorritos de panaderos ingresaron durante la madrugada de hoy a la confitería Dunken –ubicada en San Martín y San Lorenzo- y, luego de reducir al único empleado que se encontraba en el local, se llevaron 2.000 pesos que estaban en la caja fuerte.

Según contaron desde la misma confitería, los delincuentes recurrieron a esos disfraces para no levantar sospechas en la calle y que cualquier transeúnte ocasional creyese que se trataba de empleados de la confitería. Pero la coartada no incluía al joven de 22 años que, como cada noche, se encontraba en el interior de la confitería horneando la mercadería. Por eso fue que, una vez que lograron violentar el candado de la puerta de rejas –cerca de las 3-, los delincuentes ya tuvieron todo a su merced.

Para que la víctima se asome a la sala principal, golpearon una puerta y cuando el panadero llegó, en cuestión de segundos lo redujeron aplicándole un golpe seco y echándole gas pimienta en los ojos. Indefenso, el joven fue atado y en ese momento los asaltantes le preguntaron una y otra vez por el dinero, a lo que la víctima siempre respondió que no sabía donde estaba guardado.

“Yo sé donde está”, dijo uno de ellos –quienes en todo momento permanecieron con los barbijos- y de una patada destrozó una puerta. Justo detrás estaba la caja fuerte y, entre los dos, la arrancaron de la pared y se la llevaron al depósito. Allí, con todo el tiempo del mundo, extrajeron una amoladora que llevaban en una mochila y abrieron la caja para llevarse de su interior 2.000 pesos en efectivo.

Con el dinero en su poder, los delincuentes no se dieron por satisfechos y antes de retirarse revolvieron algunos rincones de la confitería en busca de más plata que acreciente su botín. Pero no tuvieron éxito, por lo que huyeron con la misma parsimonia con la que habían entrado. Y pese a que dispusieron de todo el tiempo del mundo e, incluso, utilizaron la amoladora en el interior de la panadería, nadie en esa zona céntrica se percató de los movimientos y ruidos extraños.

La víctima en tanto, aguardó que los delincuentes escaparan para poder zafarse de las ataduras y avisó a la policía. El episodio quedó en manos de la Oficina Fiscal 1 que investiga el hecho.
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22 de octubre de 2017 | 09:55
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