#LaChicaQueLee: Patti Smith (des)teje recuerdos para hacer magia

Tejiendo sueños de Patti Smith reivindica la niñez de una de las rockeras más influyentes de la historia.

Sin ser generacional me resulta inevitable no querer a Patti Smith. Seguramente su relación entrañable con Robert Mapplethorpe tenga mucho que ver. El cariño, a veces, es para siempre. Si algo demuestra (como si hiciese falta tener que demostrar para ser) es que es generosa. La generosidad se le desprende a borbotones. 

En estos tiempos que corren, no cualquiera es capaz de exponer-nos su corazón. Así, sin filtros. En tiempos de redes sociales, en dónde cada quien muestra su mejor versión de sí mismo, asciende a rareza. Patti es una especie de Rara Avis, que bien celebramos.

En esta oportunidad no vengo a hablarles de su libro emblema: Éramos unos niños (aunque lo recomiendo con fervor). En esta oportunidad vengo a contarles sobre Tejiendo sueños, las memorias de una de las figuras femeninas más emblemáticas del rock. 

Tejiendo sueños

Un libro pequeño en cantidad de páginas, pero inmenso en relación a sus emociones y sentimientos. 

En esta obra hilvana recuerdos y sueños centrados, básicamente, en su niñez. En ese momento donde todo parece posible: "La mente de un niño es como un espontáneo y desinteresado beso en la frente. Gira como gira la bailarina sobre una decorada torta de varios pisos...Y el viento levantaba los bordes de la tela que cubría mi ventana. Allí hacía yo guardia, alerta a lo pequeño, que bajo la mirada fácilmente se volvía monstruoso y bello...Observaba, calculaba y, de pronto, ya no estaba allí...Me iba y no se enteraba nadie", dice quien se permite adentrarse en sus propias profundidades.

El puntapié para escribirlo fue una carta de Raymond Foye, fundador de Hanuman Books: "Los libros de esa editorial solo medían ocho centímetros y medio, como esos libritos de rezo hindúes que se llevan en el bolsillo. Entusiasmada ante la perspectiva, me entregué a la tarea a principios de otoño, coincidiendo con las primeras peras maduras". Dos cuestiones parecen desprenderse de esta cita. Por un lado, la madurez (necesaria) para hablar de la propia vida en perspectiva. Por otro, el tamaño de los libros y su vinculación con el libro de rezo. ¿Son los sueños una versión de los rezos?

Todo resulta un disparador bien válido. Aún lo más nimio. Sin proponérselo conscientemente Patti hace magia a través de: sus medias, sus canicas, un cuarzo, el acero, el campo, la naturaleza, un salón de baile, una brújula, una vieja cuchara, los restos de un walkie-talkie, la música, un anciano, el silencio, las ausencias, las partidas, sus hermanos, su familia, un cuello blanco almidonado, unas manos enormes contra un abrigo oscuro, una serie de dibujos, dibujar, sus ganas de ser pintora, un video en particular, determinados lugares, la juventud, su adorada perra Bambi ("Tenía sentimientos posesivos que nunca había experimentado... Lo dije todo con el corazón a través de la mirada"), el recuerdo de su perra Bambi ("mi perra de espíritu de ojos tristes y penetrantes...Ella me lamió la cara y supe que lo entendía... La complejidad de mis sentimientos era tan grande que me elevó por encima del reino de las lágrimas"), el año 1957, su hermano Kimberly, su bisabuela Olive Hart, la nostalgia de lo que nunca fue, el (no) destino, las costumbres de sus antepasados. 

La autora abre ventanas (reales e imaginarias) como portales de sueños que parecen tejerse en un dejá vù constante.

Es la propia cotidianidad, con su don de musa inspiradora, la que convierte estos "retazos" en lugares llenos de vida que se convierten en poesía."Si levantas la vista, las nubes se forman y vuelven a formarse..." Se permite bucear en sus pensamientos, emociones y sentimientos con un dejo de melancolía (o como una nota al pie). Parece que los recuerdos (contra todo pronóstico y contra toda insistencia) nunca mueren y, muchas veces, ofician de "alegre" carga. "Siempre imaginé que escribiría un libro, aunque fuera pequeño, que transportara a un reino imposible de medir, incluso de recordar...en el movimiento está la bendición", admite. ¿Será que la fragilidad y la fugacidad de los momentos los vuelven importantes recuerdos? "Me veo a mí misma volando sobre el pasado y siento lo que sentía: alegría pura e indescriptible"

"Alguien me preguntó si Tejiendo sueños podía considerarse un cuento de hadas. Siempre me ha encantado este tipo de historias, pero no creo que lo sea. Todo lo que contiene este librito es cierto, y tal como está escrito ocurrió. Escribirlo me arrancó de mi extraño letargo y espero que en alguna medida llene al lector de una vaga y curiosa alegría", dice una honesta (y no por ello menos mágica) Patti Smith. Tejer sueños. Tejer (el propio) vuelo. "No corría, me deslizaba unos metros por encima del pasto. Esa era mi habilidad secreta, mi coronación" Dicen, por ahí, que escribir es lo más parecido a volar. "La mente es un cuadro. Y allí, en la esquina, se entrevé una espiral...Y la materia de que está hecha la mente, saturada, revienta y se desparrama, como las semillas y la pelusa". O lo que es lo mismo lo que crece y lo que incomoda en ese crecimiento, pero que, inevitablemente, es parte.

"Una mano pequeña me ofreció un panadero. ¡Pide un deseo! Pide un deseo, sopla...Teniendo aliento, qué más podía pedir. Todo mi ser se elevó. Tenía a favor el cielo, con su habilidad para convertirse, en un abrir y cerrar de ojos, en todas las cosas" Quizá Patti Smith sea haya propuesto reivindicar su propia niñez. Así como los libros de rezo hindúes se llevan en el bolsillo, este libro se lleva en el corazón. Y reinvita su propia felicidad. Pese a todo y con todo. 

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11 de diciembre de 2017 | 11:01
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