Aquí están, estos son los mejores inicios de libros consagrados

¿No has podido olvidar el arranque de algunos libros? Es que son libros modélicos que abordan al lector y le hacen una de esas ofertas que no pueden rechazar.

Esta lista es, como todas, sumamente discutible, profundamente alterable e irrefutablemente mejorable. Si tienes más aportaciones, enviá tu comentario. 

Todos sabemos de la importancia de un buen inicio para engancharnos a una novela. A nuestra mente acuden frases tan conocidas como: "Todas las familias felices se parecen..." de Tolstói, "Al despertar Gregorio Samsa una mañana..." de Kafka, "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." de García Márquez, o "En un lugar de la Mancha..." de Cervantes. 

Todos ellos míticos, aunque la cotidianidad y la reiteración haya hecho que pierdan parte de su magia original.

Dejando de lado los ejemplos citados arriba, aquí tienes una lista de los mejores comienzos de novelas de todos los tiempos. Fuertes, directos, impactantes; los mejores. Disfrútalos.

10. El extranjero (1942), de Albert Camus

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

9. Historia de dos ciudades (1859), de Charles Dickens

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.

8. Si una noche de invierno un viajero (1979), de Italo Calvino

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo enseguida, a los demás: "¡No, no quiero ver la televisión!". Alza la voz, si no te oyen: "¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!"

7. Moby Dick (1851), de Herman Melville

Llamadme Ismael. Hace años, no importa cuántos exactamente, hallándome con poco o ningún dinero en el bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de ahuyentar la melancolía y arreglar la circulación.

6. El gran Gatsby (1925), de Francis Scott Fitzgerald

En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza."Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas..."

5. Pregúntale al Polvo (1939), de John Fante

Cierta noche me encontraba sentado en la cama de la habitación de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los Ángeles. Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que tomar una decisión relativa a la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota, la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta. Un problema relevante, merecedor de una atención enorme. Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir.

4. Jakob von Gunten (1909), de Robert Walser

Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito.

3. Imaginative Qualities of Actual Things (1971), de Gilbert Sorrentino (*)

¿Y si esa joven, que escribe esos poemas tan malos, rivalizando con su marido, cuyos poemas son igualmente malos, extendiera frente a usted unas piernas notablemente largas y bien formadas, de modo que su falda se deslizara hasta la parte superior de sus medias?

2. El guardián entre el centeno (1951), de J.D. Salinger

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada.

1. Lolita (1955), de Vladimir Nabokov (**)

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan­do firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

 


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