Tribulaciones de un inadaptado: ¡Déjenme en paz!

Quiero que me dejen en paz. Quiero que las cosas dejen de cambiar. Ahora todo cambia constantemente, uno no acaba de acostumbrarse.

¡Déjenme en paz!

Quiero que me dejen en paz. Quiero que las cosas dejen de cambiar. Ahora todo cambia constantemente, uno no acaba de acostumbrarse a lo nuevo que ya debe cambiarlo por algo más nuevo.

Claro, podría no cambiarlo, pero el problema es que lo nuevo-viejo ya no sirve más cuando aparece lo nuevo-nuevo. Se vuelve obsoleto. Es una paradoja que en tiempos de tanto cambio, la palabra más de moda sea "obsoleta".

Uno compra un teléfono celular pagando más de la mitad de lo que gasta en comida en todo un mes, y luego de seis meses, ya no sirve más. Porque han aparecido nuevas aplicaciones que la tecnología del nuevo-viejo teléfono celular ya no las resiste. Y hay que gastar nuevamente lo que no se posee para estar comunicados. Y claro, ustedes dirán "nos podemos comunicar sin celular". ¿Cómo? Ya nadie conversa, ya nadie escribe cartas, la gente no soporta la espera de la respuesta "a vuelta de correo". Si se ofenden si no reciben contestación a un mensaje de texto enviado hace cinco minutos, es improbable que soporten quince días de espera para la respuesta de una carta.

¿Será que Dios en su omnipotencia ha cambiado la duración del tiempo sin que lleguemos a advertirlo y antes el tiempo era más largo?

Y todo eso sin mencionar que los teléfonos fijos se están convirtiendo en una especie antediluviana.

Como decía, tampoco la gente quiere hablar. Hace poco le digo a un tipo "necesito tal cosa" y me responde: "mandame un mail" (¿para qué corno te voy a mandar un mail si te lo estoy diciendo personalmente?)

Le digo a mi hijo: "¿le hablaste a fulano preguntándole por el tema de la computadora?" y me responde: "¿le mandé un mensaje por whatsapp"

¿Nos hemos vuelto mudos?

Luego está el tema de los automóviles.

Son descartables. Uno roza un guardabarro y hay que cambiarlo. Se rompe la bomba de nafta y hay que cambiarla. Esto mismo que escribo es probable que sea obsoleto, es probable que ahora los automóviles ya no tengan guardabarros o bomba de nafta y yo ingenuamente me esté refiriendo a cosas que ya no existen.

Antes, los amigos de mi viejo y mi viejo, tenían EL AUTO de toda la vida. Por ejemplo, mi tío tenía un Valiant IV, don Antonio tenía una camioneta Chevrolet, nosotros teníamos un Torino, Mi tío Enrique un Rastrojero, y así era por los tiempos de los tiempos.

Hoy, cada vez que voy a un asado con mis primos, alguno aparece en un auto que no conocíamos. Ojo, ese auto a los siete años ya no sirve más.

¡Y eso sin mencionar los casamientos!

Antes había que ponerse contentos cuando nos invitaban a un casamiento. Ahora si odiás a alguien invítalo al casamiento de tu hija. Te aseguro que le vas a causar un problema financiero irreparable.

Lo que ocurre es que existe una regla no escrita que dice que el tipo debe abonar por el regalo más o menos lo que pagaste por el valor de su cubierto a la empresa de banquetes, multiplicado por dos. A valores de hoy serían más o menos entre mil quinientos a dos mil pesos. Porque hoy sos un paria si la fiesta no es en una bodega de Vistalba, con "islas" y todo eso. Si a eso le agregamos vestido para la esposa y traje o tintorería (en el mejor de los casos), más una corbata nueva, para el pobre desdichado, porque seguro la mujer le dice que la que tiene es más vieja que las que usaba Roberto Galán. Más le vale al pobre tipo ir solicitando un crédito.

Antes, el tipo sacaba del ropero el traje, la mujer se lo cepillaba, planchaba y se iban contentos, con un par de frazadas compradas en la Alameda a disfrutar de una rica cena con vals de los novios, mesa para los regalos, y padrino gordo embutido en saco pasado de moda; y todos felices. La flamante pareja pasaba por las mesas sacándose fotos con los invitados y no había que depositar plata en ninguna cuenta de ningún banco, porque los novios se iban a Bariloche y buenas noches los pastores.

Nadie sabía donde quedaba Punta Cana...

Ahora hasta las parejas son descartables. Uno se junta con un amigo que hace un par de años que no ve, y no sabe a quién referirse cuando le manda saludos a su esposa.

Soy abogado. Hace dos años me cambiaron TODO lo que aprendí en la facultad. Me cambiaron el Código Civil. La Constitución la cambiaron hace un tiempo también, y ahora cambian el Código de Procedimiento. Pienso que más práctico es nacer de nuevo.

Corro el riesgo de que eso también cambie y la gente deje de nacer.

Si quiero sacar el certificado de buena conducta, tengo que llamar a un teléfono que nunca atiende o ingresar a un laberinto informático donde teóricamente me dan un turno para que vaya un día a pasarme el día en el palacio policial. Antes uno directamente se iba a pasar el día al palacio policial y volvía con el certificado.

Y no hablemos de renovar el carnet de conductor o sacarlo por primera vez. Les aseguro que es más sencillo ingresar a Harvard. Hay que rendir un examen escrito más riguroso que si uno quisiera viajar a la luna.

Después está el tema de los sexos. Uno va a un lugar y lo atiende una flaca alta, chueca, con las mandíbulas grandes y medio narigona y uno no sabe si es la flaca de mesa de entradas o un ex arquero de Huracán Las Heras y en ese caso no sabemos si decirle "maestro" o "señorita" porque si le decimos "señorita" es probable que se ofenda porque si bien está vestida de mujer, sigue siendo un tipo y no quiere que le digan que es una mina; o bien si le decimos "maestro" se nos va a ofender porque no respetamos la diversidad.

Parece que también cambió lo que nos enseñaron el viejo y la vieja.

En fin...que quiero estar tranquilo y este mundo no nos deja tranquilos, se está volviendo francamente incómodo.

A veces pienso en irme a vivir a las Lagunas de Guanacache.

Espero que sigan en el mismo lugar.

Juan Edgardo Martín

Opiniones (1)
24 de noviembre de 2017 | 07:16
2
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24 de noviembre de 2017 | 07:16
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  1. Las cosas no cambian...LAS CAMBIAN. Detrás de cada cambio hay un ser humano. Es un/a oportunista que detecta esa miserable avidez por lo novedoso y lo sorprendente y que todos padecemos en mayor o menor medida según sea el nivel educativo/cultural alcanzado. Las personas con algo de recursos económicos disponibles no se dejan encandilar y viven de manera austera. El problema es que "San Mercado" empuja permanentemente a gastar más y más con el pretexto de la novedad, de poseer lo que ahora cambió. Amigo Martín: Resista, muera peleando, sostenga los valores, que no se negocian. Buena suerte.
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