Perdiendo la virginidad

Fran Lucas nos deja otra de sus maravillosas anécdotas juveniles, en esta ocasión sobre la ausencia de su virginidad.

 Incomoda, absoluta, dramática, precoz, hemorrágica. Perdón, comienzo de nuevo.

La generación de la cual formé parte, se caracterizó por la ausencia de Kurt Cobain y el frenesí de los Backstreet Boys. Por la asociación entre la cocaína y el deporte. Por Sofovich jugando al Jenga. Pero por sobre todo, por el apogeo de los cybers y matinees.

Éramos esos locos bajitos a los que les canta Serrat, pero con peloteros oscuros, sobredosis de Coca Zero y canciones brasileras con estribillos que decían "tutuca". Hija del Counter Strike y el déficit atencional, nuestra promoción juvenil fue la causa brutal que hoy se expresa en esos turros patológicamente sexuales, que rebalsan por las calles.

Yo respeté a rajatabla la tradición de la cual les hablo. Era tarjetero, tarimero, blogeero, pajero y todas esas cosas que hoy continuo siendo. Mi semana solo tenían dos días. El sábado en "La Morena" y el lunes en la reunión de RRPP. Es decir, el chapazo de trasnoche contra el guarda ropa y el apriete en el sillón de Punta Colón.

Una noche, bah, una tarde conocí dos personas que determinarían mi vida para siempre. El Enano y Yanina, o Yamila, no recuerdo bien su nombre. Mi reciente colega y yo éramos en la pista de Reggaeton como niños asiáticos con tecnología digital. Infalibles. Él había tocado más culos, pero yo tenía más números de teléfono. Nuestra hormona adolescente era la resaca de American Pie con la crisis del 2001.

Recuerdo con profunda erección el eco de "arde papi, sacatela mamita, ufff que calor", "menea tu cola superpoderosa" y ese inesperado sierre con la Isla del Sol, que nos invitaba a despejar el Club Atlético Gimnasia y Esgrima.

Pero fue en ese mismo cierre de acto, sobre el cual el concepto de confort mutó y en un contexto casi minimalista, de árboles, arbustos y corrector de ojeras, me divorcié del acné. Al igual que el Enano, que estaba en el árbol de enfrente con su amiga, que supongamos se llamaba Jesica.

La relación sexual fue controversial desde el comienzo, no tenía preservativo y si lo hubiera tenido, no habría sabido cómo usarlo. Fue "a guacha pelada", como se lo suele denominar en la jerga aristócrata cuyana.

-¿Por cuál de los tres agujeros?, pregunté. -¿Te vas a hacer cargo?, respondió, y un néctar intransigente me untó sobre su pelvis. A los 156 segundos, exclamé con retórica - "¿Y, qué tal, como estuve?" -"Creo que normal", fue su contestación, y corrió hacia el auto de su papá que la estaba esperando. Tres preguntas me invadieron de inmediato: - ¿Por qué en las películas gritan? , ¿Me vuelvo a lavar la mano?, ¿Voy a ser papa?

Me volví a casa con una pegajosa curiosidad y un nuevo nick para el msn. Al otro día abandoné la confirmación, el club y deje de visitar a mi prima. Se le anticiparon.

Mientras veía Erreway con adolescente arrogancia comiendo tostadas con manteca y azúcar, un mensaje de texto me alertaría por primera vez sobre una constante en el resto mi vida. "Es posible que haya quedado embarazada y que tengas SIDA, u otra enfermedad de transmisión sexual". Era el Enano, que acababa de ver "Embarazada a los 16" en MTV y estaba por celebrar su primer infarto. Vino hasta mi casa, y Talca pomelo de por medio me convenció de que nos hiciéramos un estudio médico. Yo, al igual que ahora, no tenía obra social y detestaba el Hospital Central.

Cuando el doctor me atendió, inauguró el traumático momento así: -"Che nene, ¿Tomas merca o te gustan los travestis?", Mi rostro quedó tan helado como su estetoscopio y prosiguió: "Tranquilo pibe, que hoy por hoy, de SIDA se puede vivir toda la vida". Al parecer el método de la paleta y la pedagogía no era el suyo.

Cuando el licenciado con retención de líquidos me entregó el resultado del análisis, sentí por primera vez la incómoda sensación de la responsabilidad. Al leer "negativo", me sentí irresponsablemente feliz, de nuevo.

Al sábado siguiente la volví a ver y garchamos sin forro otra vez. Pero acabé afuera. Algunos amigos que suelo saludar para el día del padre, me afirmaron que es un método eficiente, seguro y no invasivo.

Gracias Lucas y Turco por el espacio...

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21 de octubre de 2017 | 13:37
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