MDZ, a la velocidad del futuro

A MDZ llegué primero como lector y después, mucho después, como periodista. Como lector, debo reconocer que por una deformación profesional me costaba dejar de lado la subjetividad (los periodistas somos tipos raros, desconfiados por naturaleza y por oficio) y, sobre todo, por ser parte de la competencia al trabajar en otro medio. Pero lo que nunca dejé de reconocerle, y hoy veo y valoro desde adentro, es su auténtico pulso digital, con todo lo que eso implica frente a la seducción de las redes sociales y los efectos implacables de la posverdad.

Desde el minuto cero, MDZ ha ido a la velocidad de un mundo tecnológico cuyo límites son impredecibles. En ese vértigo constante está implícito el desafío de no olvidarse de los lectores, de hacerlos parte de este excitante viaje. El nivel de respuesta de los foristas, con todo lo positivos o tóxicos que a veces pueden llegar a ser, habla de un medio que nunca se caracterizó por mirarse el ombligo.

Con estilo propio, MDZ muestra las distintas caras de la realidad de Mendoza, la Argentina y el resto del mundo sabiendo que siempre habrá alguna más para descubrir. 

Si hay algo que a esta altura de mi trayectoria me estimula tanto como en mis primeros pasos en la profesión, es ser parte de un medio que nunca está conforme, que siempre está subiendo su vara, más que por la batalla diaria con otros medios por ser aún mejor que su versión más lograda.



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18 de diciembre de 2017 | 12:29
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