La Justicia citará a Julio Cobos por el asesinato del joven Chandía

El tribunal de la Séptima Cámara del Crimen aceptó el pedido de la querella para que Cobos, quien era gobernador cuando el joven fue asesinado en mayo el 2006, comparezca ante la Justicia. Es a raíz de la declaración de un efectivo que ayer implicó a toda la cúpula policial en un supuesto encubrimiento de gatillo fácil y buscan determinar cómo manejó la información el Gobierno y si esa versión llegó a oídos del mandatario.

La tercera jornada del juicio por el asesinato del joven Jonathan Chandía tuvo de todo, desde nuevas acusaciones cruzadas entre los efectivos de la fuerza hasta la determinación de citar para las próximas jornadas al vicenpresidente de la Nación, Julio Cobos. El pedido, formulado por el abogado querellante Carlos Varela Álvarez –que contó con la adhesión de la fiscal Susana García- fue aceptado por el tribunal de la Séptima Cámara del Crimen y tiene como objetivo que el mandatario –en aquel entonces gobernador de la provincia- aporte detalles sobre la información que llegó a sus manos y cómo la manejó el Gobierno.

A esta insólita derivación se llega luego de que ayer el oficial principal Rolando Rojas –en ese momento coordinador de la Unidad Operativa de Godoy Cruz- declarara que existió encubrimiento por parte de toda la cúpula policial de la Provincia y que el jefe de la Policía, Héctor Quiroga lo visitó en su despacho el día después del hecho, ocurrido el 27 de mayo del 2006. Incluso, Rojas sostuvo que el imputado Juan Carlos Oruza le confesó que habían “plantado” un arma de fuego en la escena del crimen para ocultar el caso de gatillo fácil y hacerlo pasar como un caso de legítima defensa. “(El director general de la Policía, Rafael) Dos Santos me dijo que el tema del arma me lo tenía que llevar a la tumba”, declaró ayer Rojas en relación a la actitud de encubrimiento que adoptaron las autoridades ante la confesión de Oruza.

Pese a la determinación del tribunal, probablemente Cobos no deba comparecer personalmente frente a los jueces, sino que lo haría mediante un escrito. Incluso, el presidente del tribunal, Agustín Chacón, le solicitó a Varela Álvarez que le entregue una copia con las preguntas que tiene previsto efectuarles al vicepresidente –ya que este testimonio no se encuentra dentro de la instrucción- y determinar si las considera pertinentes.

También los magistrados citarán al periodista de MDZ Jorge Hirschbrand por un artículo publicado cuando se desempeñaba en el diario Los Andes. En la edición del 30 de mayo del 2006, Hirschbrand publicó una información en la que se atribuía a Oruza la fase “Yo soy el que mató al rata ese”, que habría salido de su boca la madrugada del domingo 28 en el interior de la Oficina Fiscal 4, horas después de haber ultimado de un balazo en la nuca a Chandía. “(La citación) es en razón a lo manifestado por el testigo Jouas, quien dijo que esa noche mientras estaba en el interior de la celda escuchó al efectivo referirse a Chandía como rata”, fundamentó Chacón, sosteniendo que también se incluirá el artículo periodístico.

El lunes se reanudará el juicio y comparecerán nuevos testigos. En un primer momento estaba previsto que el juicio terminara el martes, pero todo parece indicar que se prolongará por unos días más. Oruza se encuentra imputado por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y, agravado a su vez, por pertenecer a la fuerza policial. El delito contempla una pena de prisión perpetua.

“Rojas no está diciendo la verdad”
Otro de los testigos de la extensa jornada de hoy fue el agente Nicolás Díaz Vargas, quien esa fatídica noche acompañaba a Oruza en el móvil. Tras relatar su versión de los hechos –que difirió en varios puntos con lo que él mismo había declarado durante la investigación-, Díaz atacó al principal Rojas y a lo que había declarado ayer.

“Rojas se reunió conmigo y me dijo ‘Yo me voy a salvar sí o sí, el Negro (Oruza) está en el horno, pero vos te podés salvar’ y yo le dije que no tenía nada de qué salvarme, si yo no había matado a nadie. Ahí fue cuando él me dijo que vayamos a hablar con (el subsecretario de Seguridad, Omar) Pérez Botti, que era familiar de él, y que le dijéramos que Oruza nos había confesado que habían plantado un arma. Yo accedí y fuimos hasta su despacho. Él (Rojas) entró primero y cuando salió, me dijo que Pérez Botti me esperaba. Yo ahí le dije que no iba a decirle lo del arma plantada, sino que le iba a decir la verdad, lo que yo sabía que había pasado. Él me insistió con que yo tenía que decirle lo del arma porque era lo que habíamos arreglado, pero yo me negué. Entonces Rojas volvió a entrar, estuvo un ratito y al salir me dijo que Pérez Botti no iba a hablar conmigo”, denunció el agente, destacando que “Rojas no está diciendo la verdad”. Sin embargo, el testigo explicó que nunca había dicho nada de este episodio porque estaba pasando una situación económica bastante mala y porque temía a la exhibición pública. “Quería que se conozca todo en este ámbito”, continuó Díaz.

Otras confesiones
Guante su relato, Díaz dio una versión diferente a la que le aportó al fiscal especial Luis Correa Llano. Mientras que en la primera instancia él había declarado que Chandía lo había apuntado a Oruza con un arma y que por eso le disparó, ahora se desdijo indicando que en ese momento él no vio lo que sucedía entre Jonathan y Oruza y que oyó el disparo. “Yo no vi nada, lo referido a que lo habían apuntado y por eso le disparó me lo contó Oruza después y cuando declaré, conté que era eso lo que había pasado sin aclararle que no lo había visto sino que me lo había contado Oruza.

Díaz contó que esa noche, cerca de las 23 fueron desplazados a un kiosco ubicado en calle Derqui y Hungría de Godoy Cruz, donde tres delincuentes acababan de cometer un atraco. Allí se entrevistan con una mujer y ella le contó que tres individuos los habían asaltado con un arma blanca, llevándose llaves, cigarrillos y algo de dinero. La víctima describió al trío de asaltantes y ellos –Díaz y Oruza- salieron a buscarlos por la zona.

“Como la mujer nos dijo que había pasado hacía 5 minutos, nosotros empezamos a patrullar la zona en búsqueda de ellos, con los datos que nos había pasado la mujer. No avisamos por la radio porque los sábados, por lo general, hay mucho movimiento en la frecuencia y se satura”, destacó Díaz. Así manejaron unas cuadras cuando, al llegar a Boulogne Sur Mer y Las Tipas –de acuerdo a lo relatado por el agente, que manejaba el móvil-, observaron a tres jóvenes que, cuando vieron el móvil, se corrieron hacia la banquina. “Las características eran similares a las que nos había dado la víctima y nosotros nos bajamos convencidos de que eran ellos, tenían hasta los mismos buzos. Cuando descendimos les ordenamos que se detengan y se pongan contra el patrullero”, continuó Díaz, destacando que dos de los jóvenes –Roque Jouas y el hermano de Jonathan, Diego Chandía- se ubicaron contra el capot, a la altura de las ópticas, mientras que Jonathan lo hizo contra la ventanilla del acompañante. En el momento en que Oruza requisaba a Jonathan, Díaz relató que Diego dejó caer un arma de fuego al suelo.

Ante esta situación, los uniformados exigieron a los jóvenes que se tiren boca abajo sobre la calle. “Los apunté con mi arma y como uno se quería levantar, le pisé la espalda para que se quede quieto. En ese momento escuché el disparo y miré a mi compañero. Lo vi bien, por lo que continué tratando de reducir a los otros dos, quienes me seguían insultando y reaccionaron al oir el disparo. ‘Cargalo que este muchacho está bien’, me dijo Oruza. Yo estaba encima del hermano, quien me doblaba en altura y logró zafarse, mientras le gritaba: ‘¡Mataste a mi hermano!’, mirando a Oruza”, se explayó Díaz.

Acto seguido, siguiendo con el relato del agente, empezaron a pelear y a forcejear (Oruza y el hermano del joven al que le habían disparado en la cabeza) y el oficial perdió el arma. Viendo que Diego se dirigía con intenciones de levantar el arma, el agente se abalanzó sobre él y, tras asestarle un golpe, logró reducirlo.

“Los chicos empezaron a patear el móvil mientras Oruza pedía por la radio una ambulancia. Creo que es una reacción lógica, porque su amigo estaba herido. Yo les dije que se queden tranquilos, que (Jonathan) estaba bien, pero ellos seguían insultado”, declaró Díaz, quien agregó que luego del disparo, Oruza “estaba muy nervioso, se agarraba la cabeza y me dijo que vio que el joven levantaba un arma y por eso le disparó”.

Luego llegó Rojas y le dio la orden a Oruza para que nuevamente los dos vayan hacia el kiosco de calle Derqui. Cuando llegaron, buscaron a las víctimas y como no había nadie, regresaron al lugar del asesinato.

Una vez que volvió, los otros uniformados le comentaron de la segunda arma que estaba en el lugar, un calibre 22 que habían hallado en el interior de una acequia, y admitió que algunos uniformados comentaban entre ellos que había sido plantada. “Yo no vi cuando la encontraron, sólo me contaron”, destacó Díaz, agregando que tampoco recuerda que hicieron con el arma que dejó caer el hermano de la víctima cuando los estaban requisando.
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