Graves revelaciones en el juicio por la muerte de Chandía

Rolando Rojas, quien era el jefe del oficial Oruza la noche en que mató al joven de un balazo, admitió hoy en el juicio por el homicidio que el imputado le confesó que "plantaron" un arma en el lugar para salvarse y complicar a la víctima. Además, dijo que la cúpula policial de ese entonces -con los comisarios Quiroga y Dos Santos a la cabeza- lo presionó para que "se lleve a la tumba" esa confesión.

El principal Rolando Rojas era el coordinador de la Unidad Operativa de Godoy Cruz la noche del sábado 27 de mayo de 2006, cuando un disparo efectuado por el oficial Juan Carlos Oruza –perteneciente a esa unidad- terminó con la vida del joven Jonathan Chandía (20) en las inmediaciones de Boulogne Sur Mer y Las Tipas, en Godoy Cruz.

Desde un primer momento, el episodio quedó calificado como un caso de gatillo fácil e, incluso, durante la investigación se confirmó que los efectivos implicados dejaron un arma de fuego en la escena para tratar de hacer pasar el episodio como un caso de legítima defensa.

Rojas admitió durante la jornada de hoy ante el tribunal de la Séptima Cámara del Crimen que el propio efectivo le confesó que “habían puesto el arma ahí (en la escena) porque creyeron que se les iban a complicar las cosas”.

La confesión de Rojas no sólo involucra a Oruza, sino también a otros efectivos de menor rango y a la cúpula policial de la Provincia en aquel entonces, encabezada por Héctor Quiroga y Rafael Dos Santos, jefe y director general de Policía, respectivamente. “Dos Santos me dijo que tenía que llevarme a la tumba lo del arma”, declaró Rojas, acusando a todas las autoridades de encubrimiento y de haberle dado la espalda a la hora de confesaron los detalles del hecho. Incluso, Rojas destacó que el día siguiente al hecho, recibió el traslado a pasiva como “castigo” por su confesión ante la Justicia.

El principal fue el segundo testigo del juicio hoy pero, sin dudas, quien más comprometió a Oruza, imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y con el agravante además de ser integrante de fuerza de seguridad.
 
Poco a poco, Rojas fue adentrándose en los detalles más comprometedores. Es que, al inicio de su declaración sostuvo que él solamente sabía lo que había ocurrido esa noche por lo que le contó el imputado cuando llegó al lugar donde fue ultimado el joven de un balazo en la nuca. “Yo estaba yendo a otro procedimiento en el barrio La Estanzuela cuando, por radio, escuché a Oruza pidiendo una ambulancia. Fui directamente allá y, cuando llegué, ya había pasado todo. Ahí le pregunté a Oruza y me contó que el móvil en el que él iba había interceptado a tres personas y que las características coincidía con la de unos jóvenes que minutos antes habían asaltado un kiosco en la zona. También me dijo que dio la voz de alto y que, de los tres, sólo la acataron dos, mientras que el tercero sacó un arma y apuntó como para poder fugarse, y que fue en ese momento cuando le disparó”, se explayó Rojas, reiterando lo que esa misma noche le contó el imputado.

Pero, mientras más fue indagando la fiscal de cámara –Susana García- y la querella, más información fue soltando el uniformado. Inmediatamente después de reproducir la versión que le brindó Oruza, Rojas dijo que el chofer que había llegado con él a la escena –de apellido Carabajal- subió a la movilidad donde estaba el oficial para poder correrla unos metros y allí, tirada en el asiento del acompañante encontró un arma de fuego. “Oruza me dijo que era de uno de los detenidos y que se había equivocado al dejarla tirada ahí”, sostuvo Rojas, y agregó que el oficial también le dijo que habían hallado otra arma en el interior de una acequia, debajo de un puente.

En la declaración de Rojas también quedaron evidenciadas varias falencias del accionar policial durante el procedimiento. Es que el principal destacó que ni bien llegó, hubo que correr el móvil de Oruza porque estaba obstruyéndole el paso a una ambulancia, al tiempo que indicó que fue él quien ordenó que no se levante nada de la escena, ya que el fiscal no había llegado todavía. Los dos jóvenes detenidos, en tanto –que acompañaban a Chandía- fueron subidos a otro móvil y de allí los llevaron a la comisaría 27, donde quedaron detenidos como lo supuestos autores del robo al kiosco, mientras que Oruza y sus compañeros se fueron por unos minutos de la escena con el fin de entrevistarse con los dueños del negocio. Lo llamativo es que mientras se hicieron las actuaciones, Oruza –implicado en episodio desde un primer momento- no estuvo presente, detalle que no es menor.

Encubrimiento

De acuerdo a la declaración de Rojas, ya más tranquilos Oruza le confesó que habían ‘plantado’ el arma, al tiempo que explicó, con respecto al disparo que le efectuó al joven, que “en ningún momento me dijo que se le haya disparado el accidentalmente”.

Y en este tramo de la declaración fue cuando el uniformado vinculó fuertemente a Quiroga y a Dos Santos. “Al otro día, Quiroga me pidió que haga un informe sobre lo que me había contado Oruza para llevarlo al Cuarto Piso de la Casa de Gobierno”, explicó Rojas, destacando que no incluyó la confesión sobre el arma colocada en la escena. “Yo me presenté y quería que me reciba el gobernador (Julio Cobos), estaba dispuesto a hablar”, continuó el testigo, dejando en claro que pese a que en el informe nada se mencionaba sobre la confesión del oficial, él no quería ser parte del encubrimiento. Pero –según declaró- ese día, nadie lo recibió en la Casa de Gobierno y sólo recibieron el informe.

Esa misma noche, él y los efectivos implicados fueron al Ministerio y allí se reunieron con los dos jefes de la Policía. “Quiroga me dijo que si no decíamos la verdad, íbamos a cagar todos. Y en ese momento yo me di cuenta que al gobernador no se le informó lo que se le tendría que haber informado”, acusó Rojas, dejando en claro la actitud de encubrimiento que la cúpula había adoptado. Es que fue en ese momento cuando Dos Santos lo amenazó diciéndole que lo del arma “debía llevárselo a la tumba”.

Continuando con su extensa declaración, Rojas –sin pelos en la lengua- acusó a todos los efectivos implicados esa noche de haberle dado la espalda. “Nos habíamos puestos de acuerdo porque, como en el informe no estaba la confesión, habíamos decidido ir y contárselo al subsecretario (de Seguridad, Omar Pérez Botti). Pero después Carabajal se arrepintió, diciéndome que él no había escuchado a Oruza confesando y me dejaron solo”, denunció el efectivo.

Al día siguiente. Rojas recibió la notificación del traslado a pasiva en su casa –lo que el considera como una represalia- y, viendo que lo habían dejado solo y el panorama se tornaba más complicado, en su auto particular se dirigió hacia el despacho del fiscal especial, Luis Correa Llano y allí confesó todo lo que sabía y no había podido contar hasta ese momento por encontrarse presionado. “Quiroga me dijo que dijese la verdad o me iban a echar. Ahora, no sé si quería que diga alguna verdad en especial, pero yo considero que cumplí con mi deber”, sentenció Rojas.

Un amigo que iba con Chandía identificó a Oruza como quien disparo 

Previo a la declaración del ex coordinador de la Unidad Operativa de Godoy Cruz, compareció ante el tribunal Roque Jouas, el otro joven que iba con Jonathan y su hermano esa noche con dirección a la casa de la novia de la víctima.

Entre los puntos más sobresalientes de su declaración, Jouas sostuvo que, una vez que los obligó a detenerse y después de haberlos insultado,  Oruza tenía tirado en el piso a Jonathan y que, tomando el arma con ambas manos, lo apuntaba mientras lo pisaba y le gritaba ‘¡Callate!’. Y fue en ese momento cuando le disparó en la nuca.

“Al ‘Chanta’ (como lo llamaban a Jonathan) lo tiraron como un perro a la camilla de la ambulancia y tiraron un arma en el lugar donde fue el hecho”, destacó Jouas, explayándose sobre lo ocurrido después de que le dispararon a Chandía.

Asimismo, relató que esa noche los llevaron a la Comisaría 27 y los dejaron detenidos en uno de los calabozos. Al día siguiente, domingo, los llevaron a Investigaciones y recién allí les contaron que Jonathan estaba muerto. Todo el día permanecieron encerrados allí y les pintaron los dedos, mientras que esa misma noche los dejaron en libertad.

“Todavía no sé por qué nos pintaron los dedos”, reconoció el joven, con temor, ante los jueces.

El juicio, en tanto, se reanudará mañana a las 10 y está previsto que comparezcan más testigos para ir aportando pruebas testimoniales que comprometan aún más al oficial Oruza, quien puede ser condenado a cadena perpetua en caso de que la Justicia lo encuentre culpable del delito por el que está imputado.

Opiniones (2)
26 de septiembre de 2017 | 12:55
3
ERROR
26 de septiembre de 2017 | 12:55
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Y el Gobernador Cobos NO TENIA IDEA DE ESE TERRIBLE Y DELICTIVO ENCUBRIMIENTO? ¿Y SU MINISTRO DE SEGURIDAD?
    2
  2. Y en esa noche o a la mañana siguiente cual fue el accionar de la Insp. Gral. de Seguridad, ya que según tengo entendido allí se concentra lo más granado de la seguridad pública.
    1
En Imágenes
Devastación en Puerto Rico tras el paso del huracán María
26 de Septiembre de 2017
Devastación en Puerto Rico tras el paso del huracán María