Acerca de "Crónicas de Ardnedé" de Rafael Ortiz

Nos encontramos en presencia de una obra encuadrada dentro del género épico-heroico y hallamos como personaje central al protagonista Diego Mauricio Moyano.

Cuando leemos Crónicas de Ardnedé de Rafael Ortiz, nos encontramos en presencia de una obra encuadrada dentro del género épico-heroico y hallamos como personaje central al protagonista Diego Mauricio Moyano cuyo accionar cautiva al lector apenas comenzado el relato, pues nuestro héroe, de manera absolutamente involuntaria, se sumerge en un universo que se encuentra a quince mil años de distancia del día seis de enero del año dos mil ciento cuarenta y nueve; y se halla, decimos, de buenas a primeras en un mundo totalmente desconocido, en el cual ignora todo, incluso desconoce si existen otros habitantes en ese escenario.

Crónicas de Ardnedé libro

Allí comienza la aventura-epopeya.

Ahora bien, a menudo me he preguntado ¿qué es lo que hace que una obra literaria sea buena o mala?

Ciertamente, la cuestión admite diferentes respuestas:

-Podríamos proponer como respuesta válida aludiendo a su éxito comercial. Así concluiríamos que si se convierte en un éxito de librería, una obra es indudablemente buena. Este concepto no resiste el menor análisis, pues lo destruimos con un argumento tremendamente lógico y simple: si algo es bueno, no depende de un acontecimiento futuro e incierto para determinar su valor (en este caso el éxito comercial).

-Podríamos decir que si una obra es entretenida es buena, lo cual es parcialmente cierto, pues en desmedro de este criterio podríamos argumentar que muchas novelas de bolsillo, revistas de relatos cortos para leer en salas de espera son muy entretenidas, pero en realidad no son grandes obras literarias.

-También podríamos decir que una obra literaria es buena cuando está bien escrita. Allí estaríamos confundiendo técnica con arte. Pues una obra literaria puede ser técnicamente perfecta, gramaticalmente exacta, y sin embargo carecer en absoluto de contenido.

En definitiva, son varias las respuestas, algunas que disfrutan de relativa certeza y otras no tanto; lo difícil es acertar con un concepto básico, medular.

En lo personal, opino que dicho concepto medular dependerá del género del cual se trate. De tal manera, las cualidades que deberá tener la obra literaria para ser considerada de valía serán variables según se trate de novela, relato, dramaturgia o lírica.

Por ejemplo en caso de la lírica, podríamos arriesgar una respuesta diciendo que una buena poesía es aquella que en definitiva hace filosofía con cierta musicalidad.

En el caso del relato épico-heroico, opino que la obra debe contener un presupuesto indispensable que es la lucha y antinomia bien versus mal, lo cual en definitiva constituye y no es otra cosa que la historia de la humanidad. La obra debe tener además, pretensiones de universalidad, pues su argumento debe ser abarcativo, no circunscribirse a un escenario acotado; deberá también tener fantasía, a la cual se llega sólo a través de la imaginación del autor; creatividad, para evitar caer en el lugar común; minuciosidad e indiscutiblemente una trama que nos conduzca a través de laberintos que nos hagan desear seguir leyendo; en otras palabras, y en relación a esto último, una de las condiciones indispensables para que un relato épico heroico sea considerado una buena obra literaria es la amenidad.

La novela de Rafael Ortiz cumplimenta sobradamente estos requisitos indispensables, pues nos facilita las cosas, nos conduce a los lectores a través de las páginas de manera agradable, amablemente diríamos, hasta el final, y cuando llega la culminación de la obra, deseamos sinceramente seguir leyendo o bien sumergirnos en otro libro del mismo género.

¿Qué influencias se advierten en el autor?

Sin lugar a dudas, la primera persona que se nos viene a la mente es Tolkien, con su mundo de elfos, medianos y enanos; con sus bosques, sus montañas y sus volcanes; con su lenguaje especial.

También, he creído advertir algo de Rowling, con sus duendes y su magia, la magia que se encuentra presente en la obra de Rafael y que nos hace imaginar y disfrutar a cada paso de la narración.

La obra que comentamos también podríamos decir que reconoce algún antepasado en Bradbury y sus Crónicas Marcianas; y en cuanto a sus datos técnicos en Asimov; y naturalmente Verne y su De la tierra a la luna.

Sin perjuicio de lo expresado, la obra de Rafael emerge como algo nuevo dentro de un género que conoce predecesores ilustres. Emerge como algo nuevo en tanto, la fantasía del autor, talentosamente incorpora ingredientes novedosos y agradables que dejan pensando al lector.

Es una obra moderna en todo el sentido de la palabra, en la medida en que resulta adaptable y generosa para cualquier tipo de lector.

Las descripciones, lejos de ser anodinas e intrincadas son nítidas, exactas con una exactitud casi exagerada diríamos, al punto que ante cada escenario imaginamos fielmente encontrarnos en ese lugar.

Los datos son simples, puntuales, estrictos, hasta técnicamente perfectos, lo cual evita confusiones y allana el camino del lector.

Para concluir: recomendamos ampliamente la lectura de Crónicas de Ardnedé de Rafael Antonio Ortiz, pues representa una obra de gran calidad literaria, amable, dócil para cualquier tipo de lector, a la vez que profunda y con una gran riqueza narrativa y un excelente manejo del lenguaje descriptivo; con una historia que es llevada de manera hábil por el autor de principio a fin; y que acepta una eventual zaga, que desde ya aguardamos con infantil expectativa.

Por otra parte, no es frecuente en nuestro medio encontrar obras que aborden este género de manera eficaz, lo cual a nuestro modesto entender el autor realiza plenamente. Por todo ello, podríamos decir que en la literatura mendocina, la obra de Ortiz es una bocanada de aire fresco, y una agradable novedad literaria. 

Juan Edgardo Martín

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11 de diciembre de 2017 | 13:19
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