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Los Pumas comieron un asado para celebrar su gran momento

Todo el plantel se entrenó por la mañana y luego, en el almuerzo, degustaron un exquisito asado en la terraza del primer piso del Hôtel Métropole, donde se hospeda el equipo de Loffreda.

Luego del entrenamiento de hoy, sobre el mediodía, todo el plantel de Los Pumas aprovechó para distenderse, para desconectarse un poco de la rutina, de los entrenamientos, del rugby. El técnico Marcelo Loffreda, su ayudante, Daniel Baetti, y el resto de los muchachos compartieron un asado en la terraza del hotel donde se hospeda la delegación. Hubo música y mucho buen humor. Todo sirvió para celebrar el gran momento que vive el seleccionado argentino de rugby en el Mundial de Francia.

Por la mañana hubo dos horas intensas de entrenamiento en el Stade George Lyvet. Pero, después del mediodía, el opíparo asado preparado por el fisioterapeuta Sergio Carossio, el parrillero oficial desde que está con el plantel resultó el disparador de la fiesta Puma. Al asador lo ayudó Rodrigo Jiménez Salice y juntos cocinaron 40 kilos de carne, además de chorizos y morcillas, señala una nota del diario La Nación.

Los jugadores argentinos aprovecharon al máximo la jornada de licencia, que se vencerá esta noche. Los Ipod de Manuel Contepomi y Juan Fernández Lobbe abastecieron de música por varias horas; fue un largo y muy variado concierto de rock nacional, pero también hubo cumbia, y los temas más tranquilos llegaron una vez que terminó el agite, cuando se trasladaron a las reposeras apostadas cerca de la pileta del hotel. Con un chapuzón bajaron los decibeles, y las cartas juntaron en una mesa a Felipe Contepomi, Juan Hernández, Federico Serra, Corcho Fernández Lobbe, Gonzalo Tiesi y Marcos Ayerza.

La unidad del plantel nacional es inquebrantable. Eso es algo nítidamente visible. Y si bien los positivos resultados en la Copa del Mundo contribuyen al buen ánimo, no es una condición novedosa. Esa fortaleza es un síntoma altamente influyente para la persecución de un objetivo, para confiar en el compromiso del equipo nacional.

Cada cual aprovechó el descanso como quiso. Muchos optaron por hacerse una escapada fugaz a sus casas para ver a las familias. Así fue como Agustín Pichot, por ejemplo, viajó en tren a París: "Mis hijas [Valentina y Joaquina] me extrañan", dijo el capitán. Omar Hasan manejó hasta Toulouse. Martín Scelzo y Mario Ledesma alquilaron un auto para trasladarse a Montferrand. Esteban Lozada se movilizó a Toulon, su nuevo destino tras este campeonato. Y Nicolás Fernández Miranda y Patricio Albacete (acompañado por su padre Carlos Eduardo, su hermano Gastón y su cuñado Ignacio) se fueron a Ginebra, distante unos 180 kilómetros de esta ciudad, en la región Rhône-Alpes.

La buena onda, estado que en ningún momento de esta convivencia faltó, se fomentó desde temprano, en la práctica matutina. Porque luego del calentamiento, se separaron los forwards y los backs y se organizaron dos partidos de tocata. El más bravo de esos duelos tuvo como protagonistas a los hombres del pack; las formaciones se hicieron de acuerdo a una clara distinción: de un lado, el grupo denominado "La Sub 23", integrado por los más jóvenes; enfrente, los más experimentados.

En el conjunto de mayores se alistaron Ignacio Fernández Lobbe, Ledesma, Roncero, Scelzo, Hasan, Alvarez y Durand; enfrente estuvieron Albacete, Lozada, Juan Fernández Lobbe, Ayerza, Vernet Basualdo y Leguizamón. Como árbitro se desempeñó el preparador físico Jorge Ruiz. Desde el comienzo, los "veteranos" dominaron las acciones, con una amplia diferencia del tanteador (ganaban 3-0); a partir de ese instante, como para salvar a los "inexpertos", se integraron al caliente encuentro algunos miembros del cuerpo técnico: Loffreda y Cash se unieron a los más jóvenes, y Baetti (más tarde reemplazado por Pichot) se acopló a los mayores.

Como las cosas no iban bien, el Tano dio una rápida charla técnica, y su equipo reaccionó con dos conquistas de Lozada, con las que quedó 5-4 abajo. Pero los experimentados se recompusieron con una anotación de Durand. Lozada apoyó su tercera conquista, pero Scelzo -después que Pichot dejara desairado a Loffreda, que voló infructuosamente para tocarlo- redondeó la inobjetable victoria por 7-5.

Fueron 20 minutos de rigurosa competencia, por eso no faltaron los airados reclamos al árbitro y Loffreda fue uno de los que más objetó la tarea de Ruiz. "Fue totalmente influenciable", protestó en voz alta el coach. Los ganadores celebraron el éxito con mucha euforia. Nacho Fernández Lobbe no dudó en asegurar que "fue un baile", mientras que Leguizamón reconoció errores: "Tuvimos problemas de manejo. Esta derrota duele", aseveró el tercera línea santiagueño.

Pasó un día de absoluto rélax para el plantel nacional. Hasta aquí, como líder del complicado Grupo D, el seleccionado argentino sonríe por el mejor comienzo de su historia en los Mundiales. Se recorrió satisfactoriamente sólo la primera mitad de la carrera por la clasificación, es cierto, pero eso merecía el festejo íntimo y sin límites como recompensa.



Hasta el festejo estuvo bien custodiado
De la fiesta Puma también participaron los dos guardaespaldas franceses que conviven con ellos, Javier y Christopher, y por la tarde, Gonzalo Quesada pasó de visita por el búnker argentino para saludar y felicitar a sus ex compañeros.
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3 de Diciembre de 2016|16:30
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