No te confíes de las listas de cosas que hacen las personas exitosas

Si bien la mayoría de los consejos que suelen enumerar son razonables, también pueden ser potencialmente dañinos. Entrá en la nota y entérate porqué.

En un artículo publicado recientemente por la Harvard Business Review (Robin M. Hogarth, Emre Soyer) se pone en duda este tipo de listas de "cómo triunfar".

Sin embargo y más allá de que estas listas sean muy atractivas y fáciles de leer también podrían ser inútiles y ser potencialmente dañinas para personas emprendedoras o con responsabilidad en la toma de decisiones.

Veamos las razones:

Las pruebas en las que se basan son más bien anécdotas. La mayoría de los consejos que contienen estas listas están basados en interpretaciones subjetivas de experiencias personales, no en un análisis científico y sistemático. A no ser que los consejos hayan sido evaluados mediante métodos basados en pruebas, no se puede juzgar su validez. Además, los análisis mal concebidos a partir de pruebas anecdóticas a menudo difuminan la diferencia entre las causas y las consecuencias. ¿Tiene alguien éxito porque evita ir a reuniones o puede evitar las reuniones porque tiene éxito? Una serie de comportamientos y actitudes que supuestamente comparte la gente exitosa -no importarles lo que piensan los demás sobre ellas, evitar reuniones, priorizar lo primero, decir que no a casi todo, etc.- puede que sean lujos de los que solo disfrutan las personas extremadamente exitosas y que, además, solo lo hagan después de convertirse en exitosas a ojos de los demás. Por lo tanto, algunas de sus acciones representan algo que el éxito les ha aportado, no lo contrario.

Las investigaciones no siempre se replican en contextos diferentes. Algunas de estas listas sí que se están sostenidas en investigaciones relevantes, como esta publicada por HBR en 2011. No obstante, el resultado de una investigación académica normalmente tiene mucho que ver con el contexto estudiado. Piense en el caso de la perseverancia como precursora del éxito. Mientras que el trabajo y la charla TED de la psicóloga Angela Duckworth sobre ello resultan convicentes, un metanálisis reciente sobre la eficacia de esta característica pone en duda sus amplios beneficios. Como suele pasar con problemas complejos, las soluciones y su aplicación tienen más matices que las formas en las que se presentan, además de depender en buena medida del contexto en el que se aplican y las circunstancias de las personas afectadas.

Los fracasos son silenciosos. En "The Black Swan", Nassim Taleb recuerda una anécdota contada por Cicerón sobre el poeta griego Diágoras de Melos. Cuando se le dijo a Diágoras que rezar salva a los marineros de ahogarse, éste preguntó sobre todos aquellos que sí rezaban pero se habían ahogado de todos modos. Rezar se consideraba una salvación para los marineros porque todos los marineros que se habían salvado también habían rezado. Pero este planteamiento es completamente inútil si los que murieron también rezaban, algo que representa una suposición razonable. Si todos rezaban y tan solo unos pocos se salvaron, realmente no importa rezar. Solo parece que sí importa para las personas que sobrevivieron y quienes puedan mirarlas.

Esto es lo que los científicos sociales denominan sesgo de supervivencia. En su libro, Taleb se refiere a la gente que no sobrevivió como "pruebas silenciosas", los resultados que no llegamos a ver: su ausencia da pie a una falsa sensación de eficacia de determinadas medidas. Tanto nuestra investigación como las de otros científicos del comportamiento sugieren que, mientras que somos increíblemente capaces de aprender a partir de lo que podemos observar y experimentar (como las historias de éxito publicitadas), somos igual de incompetentes a la hora de reconocer lo que no vemos (un vastísimo número de fracasos desconocidos). Lo anterior nos hace vulnerables frente a la intuición sesgada de que el éxito es más determinista de lo que realmente es.

De hecho, en una situación en la que existan decenas de intentos fracasados, cuanto más concreto y específico sea un consejo al respecto, más se presupone que la gente que no fracasó o era ingenua o directamente poco inteligente. Los análisis basados únicamente en los casos de éxito obvian la posibilidad de que muchas otras personas pongan en prácticas las mismas estrategias pero fracasen.

Un ingrediente clave que falta en todas estas listas, una información vital que necesitan las personas capaces de tomar decisiones para calibrar sus posibilidades reales de éxito, es la frecuencia base. ¿Cuántas personas, ideas, organizaciones entraron al juego queriendo tener éxito? ¿Cuántas lo consiguieron? Cuanto mayor sea la diferencia entre estas dos cifras, menor será el valor de cualquier consejo específico o versión de análisis del tipo "características que comparte la gente exitosa".

El éxito es personal. Mientras que cualquier éxito se enmarca en una persona y contexto concretos, los consejos de estas listas a menudo tratan el triunfo como algo común y constante, como si fuera un aspecto independiente del tiempo y el espacio y sobre el que se puede generalizar fácilmente.

Para que cualquier consejo sea relevante, los comienzos, las metas y las condiciones de las personas analizadas (el referente) y las personas aconsejadas deberían concordar, al menos de manera aproximada. Pero nuestras carreras, familias, vidas sociales, prioridades y visiones pueden diferir en gran medida de aquellas personas aclamadas como exitosos por un experto concreto. Es más, dadas las cosas que tuvieron que hacer y sacrificar para alcanzar el éxito, quizá tampoco queramos ocupar su lugar.

Por tanto, seguir cualquier consejo, incluso los que son aparentemente inocuos, implica también un coste de oportunidad. Si se toman demasiado en serio, pueden llevarnos a tomar medidas que no deberíamos o actuar de formas incompatibles con nuestra personalidad. Si usted, por ejemplo, decide levantarse a las cinco de la mañana cada día porque un grupo selecto de personas lo hace pero realmente trabaja mejor bien entrada la noche, lo que hará será perjudicar sus propias posibilidades de éxito.

Una última advertencia: no solo las listas de "Cómo triunfar" sufren este tipo de problema, también los manuales o guías empresariales de "Cómo ganar". Una de las principales razones es que los tiempos cambian, el mundo avanza y la tecnología mejora. Como resultado, la mayoría de los consejos para el éxito, sobre todo en los negocios, quedarán obsoletos antes de lo que nos gustaría. Por ejemplo, cuando Jim Collins y su equipo empezaron a investigar para el libro superventas Good to Great, seleccionaron algunas empresas "geniales" y las compararon con empresas similares que habían fracasado en el intento de lograr los mismos resultados (para demostrar el sesgo de supervivencia del que hablábamos antes). Desafortunadamente, la mayoría de las empresas "geniales" también tuvieron problemas después de que el libro vendiera millones de copias. Las historias de éxito descritas en otro libro éxito de ventas anterior, In Search of Excellence, toparon con el mismo problema. El mundo siempre está cambiando. Y también los secretos del éxito.

Resulta fácil definir una situación como un éxito o fracaso una vez que ha sucedido. Por eso, capacidades como reconocer oportunidades o saber cuándo quedarse y cuándo irse parecen tan mágicas. Uno puede analizar estos episodios a toro pasado, con una precisión láser, pero los demás tenemos que abordarlos dentro del contexto del incierto y siempre cambiante futuro.

Fuente: Harvard Business Review

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10 de diciembre de 2017 | 22:33
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