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Hoy saldrá a la venta la biografía no autorizada de Zinedine Zidane

Las librerías francesas reciben "Una vida secreta", la polémica obra sobre Zinedine Zidane, donde los halagos a su excelsa carrera deportiva se alternan con capítulos de tono crítico sobre su actividad empresarial, su aislamiento del mundo o ciertos privilegios disfrutados en relación con los controles antidopaje.

El diario El Mundo cuenta que el manuscrito de esta biografía no autorizada fue robado de la casa de su autora, la magrebí Besma Lahouri, aliñando de misterio y morbo la publicación. Las 420 páginas revelan también la discreta vida de una estrella retirada que cambia de móvil cada seis meses, come carne de caballo en garitos de barrio a las afueras de París y sigue ganando 3,5 millones de euros al año por publicidad.

La ejecutoria impecable de Zinedine Zidane (Marsella, 1972) requería el contrapeso de una biografía iconoclasta y desautorizada. Que es una manera de humanizar al personaje y de rescatarlo de las hagiografías propagandísticas. Muchas veces empalagosas, incondicionales, aromatizadas de incienso o de perfume merengón. Así se entiende el interés editorial e informativo de ’Una vida secreta’, cuyas 420 páginas redondean la mayor investigación periodística que despertó la vida y obra de Zidane. Tiene el libro la firma de una plumilla de origen magrebí, Besma Lahouri, aunque las conclusiones no arrojan hallazgos espectaculares ni exclusivas al antojo de la prensa del corazón. Tampoco justifica el celo que se tomó un comando de ladrones para llevarse del domicilio de Lahouri su ordenador y el primer manuscrito del libro. ¿Quién los enviaba? ¿Qué temores incitaron el golpe?.

Misterios al margen, la biografía no autorizada es un tratado serio y discretamente escrito que redunda en el interés de la letra pequeña. Y que deja abiertas suficientes cuestiones como para preguntarse si el 10 francés o el 5 madridista ha gozado o no de una desmesurada indulgencia.
Zinedine Zidane fue expulsado en el Mundial de Francia cuando los ’bleues’ se enfrentaban a Arabia Saudí. También encajó la tarjeta roja en la finalísima de Berlín (2006) ante los italianos de Materazzi. Menciona Lahouri los ejemplos para recordar que en el primer caso y en el segundo ’Zizou’ no fue requerido en los test antidopaje. Lo preconiza el reglamento cada vez que se expulsa a un futbolista, aunque el capitán francés tuvo el privilegio de regatear la engorrosa experiencia del laboratorio. Se lo confirma a la autora del libro un médico bien acreditado de la FIFA, aunque no puede leerse una acusación directa a ’Zizou’. Sí puede evocarse, en cambio, el escándalo del dopaje que sacudió a la Juventus cuando el astro francés militaba en la ’Vecchia Signora’ (1996-2001).

La versión oficial del cabezazo a Materazzi consiste en que Zidane fue provocado y en que tenía derecho a una respuesta visceral. Lo dijo en televisión y lo ha repetido en las entrevistas con los síntomas de un mantra benefactor, aunque el ’crack’ sobrelleva la expulsión y la derrota berlinesa como un castigo inexpiable. Bien lo sabe su primo farmacéutico, Akbou. Recibió a Zidane en su casa argelina y le felicitó por haber agredido al central italiano. "Así es como hacemos las cosas nosotros", jaleó a propósito el envalentonado familiar. El ya ex futbolista no agradeció el comentario. Y puso delante muchos otros testigos para rectificar el dislate: "No hice bien en golpear a Materazzi. Y no podéis imaginaros cuánto me arrepiento", dijo Zidane.

Anuncia gafas, habla por teléfono, recomienda yogures, bebe agua mineral de marca, vende seguros, huele a perfume de Dior, viste de Adidas, pilota un Ford y lleva en la muñeca un IWC. Es la dimensión de Zidane como hombre anuncio. La pretérita y la contemporánea, puesto que las multinacionales asociadas al ’crack’ valoran más que nunca la elevadísima reputación del mejor jubilado francés. De acuerdo con la investigación de Besma Lahouri, Zizou obtendría 3,5 millones de euros anuales como resultado de las distintas campañas comerciales. Un dineral que se añade a los beneficios de su propia actividad empresarial. Particularmente la sociedad polifacética Zidane Diffusion, titular de la página web (www.zidane.fr) y oficina de empleo más o menos humanitaria para sus cinco allegadísimos hermanos. Los tentáculos financieros del jugador comprenden igualmente la marca ZZ. La comparte con su esposa, tiene residencia fiscal en Suiza y comprende sectores tan diferentes como el alimentario y el informático.

Celoso de su vida privada y maestro en el arte de sustraerse a los ’paparazzi’, Zidane saca partido a toda clase de trucos para conservar la intimidad. Camina deprisa, muchas veces con capucha. Cambia de número de móvil cada seis meses. Y se vale de una guardia pretoriana para ahuyentar a los fans y a los periodistas. La componen, por más señas, Mustapha y Malek, ambos amigos de la infancia y guardaespaldas multifuncionales. Unas veces pagan los cafés. Otras se lo llevan a comer carne de caballo a un garito del aeropuerto de Orly. No utiliza ’Zizou’ casi nunca la tarjeta de crédito. Tampoco le gusta mostrarse opulento, aunque el dinero le ha alcanzado para adquirir su residencia madrileña en Conde Orgaz. Que le ha costado cinco millones de euros, de acuerdo con la biografía de Lahouri.

Zidane se ha dedicado al fútbol tanto como se ha distanciado de él. Sobre todo si se trataba de forjar amistades y de construirse su propio mundo. Besma Laohuri insiste en esta idea e identifica a los cuatro grandes apóstoles del zidanismo. Que son el patrón de Danone, Franck Riboud, el realizador Stéphane Meunier, el empresario Jacques Bungert y el actor estrella Jamel Debbouze. "Zizou dejó el colegio a la edad de 15 años", explica Riboud. "Y no ha tenido mucho tiempo para aprender ni formarse. Nosotros estamos ahí para acompañarlo en su nueva vida", añade en alusión al cuarteto protector. 
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