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Los "8 valores claves", nuevo libro de Castro Santander

Te anticipamos el nuevo libro que Alejandro Castro Santander presentará en marzo: cómo "ser y estar con los demás".

Alejandro Castro Santander es uno de los profesionales que más ha aportado desde la ciencia y el campo práctico a transformar la educación, desde sus estudios sobre convivencia. Porteño de nacimiento, pero mendocino por adopción, docente frente al aula también -lo que coloca en situación de permanente experimentación- es requerido en gran parte del planeta para exponer sus planteos.

Valores claves

Autor prolífico, en marzo saldrá de imprenta su nuevo libro: "8 valores claves para convivir. Ser y estar con los demás". Su presentación formal deberá esperar a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, pero MDZ accedió a un anticipo del volumen que, sin dudas, marcará los debates sobre la escuela durante 2017.

Entre los libros que ya ha presentado Castro Santander, cabe que sean destacados: "Gestión escolar del maltrato y el abuso infantil", "Bienestar escolar", "Autoridad y liderazgo educativo", "Conflictos en la escuela de la era digital", "Violencia silenciosa en la escuela", "Bullying duro, bullying blando y cyberbullying", "Desaprender la violencia (un nuevo desafío)" y "Analfabetismo emocional".

Aquí los primeros pasos del nuevo libro:

1. PRÓLOGO

Hablar de valores para la convivencia constituye la base de una sociedad funcional, ya que favorece la interrelación y la confianza entre sus individuos, y por lo tanto, la promoción de un desarrollo integral de éstos, al sentirse tranquilos, respetados y tomados en cuenta. 

Lo mismo aplica para cualquier otro ámbito de interrelación, ya que la carencia de valores, además de hacer difícil la convivencia, es una de las fuentes generadoras más significativas de las conductas violentas, dado que en esas circunstancias no existen procesos de consciencia que permitan ver y entender al otro. 

Alejandro Castro Santander en esta obra, aborda de manera magistral la importancia de la interrelación y la corresponsabilidad de la escuela y la familia, por lo que solo a través de un trabajo conjunto, es que se lograrán implementar climas de convivencia propicios para un óptimo funcionamiento social. 

La familia, las relaciones sociales, la libertad de expresión, el respeto por las distintas formas de pensar y sentir de los demás, al igual que saberse escuchado, constituyen los aspectos más importantes para determinar el grado de felicidad de los integrantes de una sociedad. 

Al integrar dentro de la vida cotidiana familiar, la práctica de los valores, así como de las habilidades sociales y emocionales, estaremos aportando ambientes de convivencia con mayor equilibrio y estabilidad, lo que brindará la oportunidad a sus hijas e hijos de sentirse más felices, e impactará directamente tanto en su desempeño académico como en el social dentro del marco escolar, lo cual generará adultos emocionalmente fuertes, capaces de lidiar efectivamente con el estrés y la presión, para así estar en posibilidades de enfrentar las adversidades con respeto a ellos mismos y a los demás. 

El seguimiento de las normas y los límites tanto en el marco familiar como en el escolar, tendrán que mirarse bajo una nueva óptica. Por lo tanto, es crucial dejar de lado las prácticas punitivas para dar paso a una disciplina por convicción y no por temor, en donde se pueda contar con la participación de todos los miembros de la comunidad escolar, tanto en la elaboración, como en el adecuado funcionamiento de las mismas, lo cual fomenta su cumplimiento como algo positivo y necesario para una convivencia armónica. 

Contar con ambientes pacíficos y armónicos en el marco escolar, favorece en los estudiantes una sensación de tranquilidad, lo que a su vez propicia que puedan estar mucho más receptivos a estímulos positivos y de enseñanza. 

Más allá de poner toda nuestra energía en transformar el mundo que nos rodea, debemos centrarnos en la forma cómo miramos al mundo. Lo realmente trascendente no es cambiar la circunstancia sino la actitud frente a la misma, lo cual antecede nuestras emociones y reacciones. 

Favorecer la mejora de aspectos como la autoestima, el aprecio por los demás, el establecimiento de metas, así como el manejo adecuado de nuestras emociones y de los conflictos, es sin duda la mejor inversión para fomentar en las niñas, niños y adolescentes las bases para el desarrollo de sociedades más reflexivas y cooperativas. 

Más allá de corregir los problemas que hoy enfrentamos como sociedad, debemos generar programas para prevenir el desarrollo de conductas y sociedades basadas en la violencia y la individualización. La educación de los valores para "ser y estar con los demás", constituye el camino adecuado para funcionar como una sociedad integral, y aprender a vivir y a convivir en un contexto de respeto y de equilibrio, lo cual constituye el sendero para concebir seres humanos felices y exitosos. 

Lic. Esther Oldak Finkler. Directora del Programa Nacional de Convivencia Escolar, Secretaría de Educación Pública México.

 2. INTRODUCCIÓN

Ser de encuentro 

"Toda vida verdadera es encuentro"

 Martin Buber. 

Nuestros hijos al nacer no son ni buenos ni malos; desconocen no sólo sus propias capacidades sino también los valores y normas que rigen su familia o la sociedad, por lo que necesitan ser orientados para saber si sus actos son correctos y permiten la buena convivencia o por el contrario nos apartan cada vez más del otro. 

Aprendemos a ser y convivir a partir de un largo camino de encuentros y desencuentros que experimentamos en distintos ámbitos de nuestra vida, pero siempre necesitados y abiertos al otro para poder ser, como afirma Umberto Eco: 

"(...) son los demás, es su mirada, lo que nos define y nos conforma. Nosotros (de la misma forma que no somos capaces de vivir sin comer ni dormir) no somos capaces de comprender quién somos sin la mirada y la respuesta de los demás". 

Sin embargo, estar cerca no alcanza para encontrarnos, compartir y lograr estar bien ambos. Para eso necesitamos actitudes que sugieran confianza, coherencia, cordialidad, paciencia, para poder así compartir actividades llenas de sentido. Si entendemos que estas actitudes son valiosas, las iremos sumando como conductas estables para realizar todo tipo de encuentros. 

Mucho se ha escrito y hablado sobre el papel que debería desempeñar la educación en la transformación de las personas y con ellas de la sociedad, pero a pesar de las propuestas que se hacen para mejorar los sistemas educativos, sólo se observan pobres resultados. Las políticas educativas en su mayoría orientadas desde una óptica reduccionista, sin visión de futuro, sólo repiten modelos que no alcanzan a responder a la realidad, exigencias y necesidades actuales. 

Las leyes educativas, consideran a la educación integral como un objetivo de la formación en sus etapas obligatorias. Explicitan que proveer a los estudiantes de las herramientas necesarias para desempeñarse en la vida activa, implica necesariamente dominar una serie de conocimientos, destrezas, hábitos, principios y valores. Los planes y programas de estudio deben, por lo tanto, no sólo prescribir sino también asumir las distintas dimensiones, incluyendo la moral, si quieren responder a las dinámicas del desarrollo personal y la complejidad de la actual sociedad. 

Los valores deben constituirse en un contenido fundamental de la educación intencional. 

Sin embargo, observando nuestra sociedad, podemos apreciar que la estructura familiar como primer lugar de encuentro y aprendizaje de valores, sufre un marcado deterioro. Sumado a esto, la creciente participación de los medios masivos de comunicación en el aprendizaje de niños y jóvenes, se realiza a través de mensajes que, en numerosas oportunidades, se contradicen con la cultura familiar y escolar. Así, ante un contexto familiar inestable y un ámbito escolar donde los valores son ambiguos o no se proponen, los niños no alcanzan a desarrollar una autonomía que les permita tomar decisiones correctas. Se encuentran "desarmados" para enfrentar un mundo cada vez más complejo e inseguro. 

El crecimiento de la indisciplina, los fenómenos de la violencia y el acoso escolar, han llevado a las instituciones educativas y a los gobiernos escolares a potenciar la elaboración, revisión y mejora de los planes de convivencia en las escuelas. En los últimos años se está pasando, lentamente, de un enfoque punitivo a otro educativo; de un planteamiento sólo basado en el cumplimiento (sin discernimiento) de la norma, a un enfoque basado en el desarrollo de habilidades para la vida fundamentado en valores éticos. 

El término "valor" hace referencia a las cualidades que poseen ciertos objetos o determinadas acciones, gracias a las cuales son consideradas preferibles o más adecuadas con nuestros principios. Por esto, el valor es algo que "vale", algo tan inevitable "que resulta imposible imaginar una vida sin ellos" (Cortina, 1997) y que dan un horizonte de sentido a nuestras acciones. 

Siempre educamos y somos educados en función de valores que se concretan en las conductas y las actitudes. Se puede decir con certeza que no hay educación sin valores, sin ideales, y así como toda educación implica un proyecto, todo proyecto educativo intencional, sea familiar o escolar, supone un cuerpo de valores. Así, cualquier educación, sea familiar o escolar, que no se fundamente y forme vigorosamente en valores, será una educación sin valor.

... la cuestión de los valores no es una más en la complejidad de la existencia humana, es la fundamental, la básica, la nuclear y no puede reducirse a otras, pues no hay ninguna posibilidad de moverse como personas al margen de la cuestión de los valores." AA.VV., 2000. 

Opiniones (1)
24 de Marzo de 2017|12:00
2
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24 de Marzo de 2017|12:00
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  1. Junto con el último de Eco, otro buen libro para las vacaciones. ¡Gracias!
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