Caso Abonassar: dos de los imputados acusaron al tercero de haber disparado

Dos de los tres jóvenes imputados por el asesinato de la mujer en Villa Hipódromo hace un año y medio señalaron al tercero como el autor del disparo que terminó con su vida. Explicaron que no sabían que el arma estaba cargada. Hubo incidentes entre familiares de Abonassar y de los imputados.

Leonardo Abel Palacios (20) y José Agustín Ramos (27) -dos de los tres imputados por el crimen de Laura Abonassar – volvieron a acusar a su compañero, Javier Romero (22) de ser quien la madrugada del 14 de abril del año pasado le disparó en la cabeza a la mujer, herida que le provocó la muerte tres días después. Del mismo modo, los dos admitieron haber participado del asalto, aunque se desligaron del asesinato. Los tres arrastran la imputación de robo agravado por el uso de arma de fuego, en concurso con robo en poblado y en banda, en concurso con homicidio criminis causa, delito que prevé una pena de cadena perpetua.

Al igual que lo hicieron durante la instrucción, en la primer jornada del juicio por el brutal asesinato de la mujer en Villa Hipódromo, los dos imputados pidieron declarar luego de que en la Séptima Cámara del Crimen se diera lectura a la elevación a juicio de la instrucción que, en su momento, recayó sobre el fiscal de Delitos Complejos, Luis Correa Llano. Fue Ramos quien primero compareció frente a la presidenta del tribunal, Gabriela Urciuolo y en su declaración, además de indicar que fue Romero quien disparó a Abonassar, destacó que, en un principio, el objetivo inicial no era asaltar a la mujer –a quien le robaron el auto-, al tiempo que agregó que no sabía que el arma estaba cargada.

“(Laura) Alcanzó a subir al auto y a cerrar la puerta. Ahí es cuando apareció Javier (Romero) y le abrió la puerta, sacándola. Cuando llegué, los dos estaban forcejeando y escuché el disparo”, se explayó Ramos, apodado “Mecha”. Del mismo modo, el imputado relató que en ese momento se subió al auto, ingresando por la puerta del conductor del Peugeot 307 gris, pero se ubicó en el asiento de acompañante porque no sabía manejar. En tanto, indicó que fue Palacios quien tomó el control del vehículo, mientras que Romero –quien ya le había disparado a Laura- subió al asiento trasero y fue allí donde encontró al pequeño hijo de Laura, Matías (4), a quien lo bajó y lo dejó junto al cuerpo de su madre, que yacía tirada en la acequia.

“Cuando nos íbamos, empezamos a discutir por lo que había pasado y en la calle San martín chocamos. De ahí salimos corriendo y nos tomamos un taxi, en el que nos fuimos a mi casa, Romero nos dijo que había sido sin querer, que no sabía a que le había pegado (disparado). Y después Romero y Palacios se fueron para las suyas, alguno de los dos se quedó con el arma, no sé que hicieron”, destacó Ramos, quien agregó que el arma no era suya pese a que ese mismo día –más temprano- sus cómplices la llevaron hasta su casa y que fue su compañero Palacios quien la portó esa noche, al menos hasta que llegaron a la plaza.

Es que, según coincidieron Ramos y Palacios en sus relatos, esa noche habían salido a “asustar” (asaltar) a un carnicero con una pistola berza calibre 22, propiedad de Romero. “Estábamos en la esquina de mi casa y nos dijeron que había un carnicero en calle Paso de los Andes, que teníamos que ‘asustarlo’ con el arma porque llevaba plata. Pero yo tenía entendido que no iba cargada. Cuando llegamos, nos dimos cuenta que el carnicero ya se había ido así que nos fuimos a tomar una Pepsi y seguimos caminando hasta que llegamos a la plazoleta (ubicada frente a la casa de la cuñada de Abonassar, donde fue ultimada), ahí dejamos el arma escondida abaijo de un árbol”, destacó al momento de su declaración Palacios. Acto seguido, agregó que vieron el momento en que pasaba el 307 de Laura y que lo estacionaba en la cuadra, y fue en ese momento cuando decidieron robarse el auto.

“Cuando salió la señora, Romero buscó el arma que estaba abajo del árbol y él se dirigió directamente a la puerta del conductor. Le abrió la puerta y como la mujer empezó a gritar, le disparó estando arriba y después la bajó. José (Ramos) se subió del lado del acompañante y yo me subo en el lado del conductor, porque soy el único que sabe manejar. Ya había arrancado y me gritan que atrás había un nene, por lo que frené y lo bajaron, dejándolo al lado de su madre. Yo no sabía que había un chico atrás”, declaró Palacios, quien agregó que en el trayecto que recorrieron en el auto de Abonassar fueron discutiendo y que Romero les decía que no lo había querido hacer.

“Queríamos sacarle el auto, nada más. Yo pensé que iba a asaltar a un carnicero, pero nunca pensé que el arma estaba cargada ni que íbamos a asaltar a una madre que estaba con su hijo. Cuando me enteré de lo que había pasado, por la tele, me di cuenta que tendría que haber ayudado a la mujer y no irme como me fui”, continuó Palacios.

Sobre la venta de la pistola, tanto Ramos como Palacios argumentaron desconocer esto. Es que, según figura en la instrucción –que fue leída al comienzo del debate-, un testigo de identidad reservada denunció que Romero le había ofrecido una pistola de esas mismas características a cambio de 350 pesos.

Por su parte, la abogada de Romero, Belén Salido indicó que su defendido declararía cuando lo crea conveniente, por lo que se abstuvo durante el primer día.

Contradicciones
En su declaración, Palacios cayó en varias contradicciones teniendo en cuenta lo que había declarado durante la instrucción e, incluso, con lo que había declarado minutos antes en el mismo debate.

Sin embargo, la contradicción más fuerte tuvo como protagonista a Ramos. Es que durante la investigación, Palacios no vinculó a Ramos –de quien es amigo- con el hecho, mientras que hoy admitió que los tres habían participado. “Cometí un error al declarar eso (en la instrucción). No declaré la verdad en ese momento porque los efectivos de Contraventores me habían dicho que me iban a dar muchos años y que no iba a salir más. Yo me asusté y no involucré a José (Ramos) en ese momento porque lo conozco desde hace un montón de años”, confesó.     

Asimismo, el propio Palacios también habló sobre un supuesto comprador que tenían para el auto robado –pese a que habían aclarado que la intención no era robarse el auto-, quien les había ofrecido 2.000 pesos.

Los testigos
Los primeros testigos que comparecieron durante la mañana de hoy fueron el viudo, Alejandro Gil; una vecina de la cuñada de Laura, Ana Cristina Jaime y tres vecinos que, justo en el momento de la agresión venían caminando por la plaza y vieron el hecho a la distancia.

Entre lo más notorio de las declaraciones de Gil –que no estaba junto a la mujer en ese instante, sino que se enteró cuando le llamó su hermana-, el viudo destacó que se trató de una “verdadera desgracia”, ya que ese día su mujer no había ido por nada concreto, sino que pasó circunstancialmente.

“Incluso, cuando yo vi que se había hecho un poco tarde, la llamé y me dijo que estaba por volver. Esa fue la última vez que me contacté con ella, después me llamó mi hermana llorando y me contó lo que había pasado”, destacó el viudo, quien también arremetió contra la conducta del Hospital Central. “La llevé al Hospital el Carmen, y de allí quisieron derivarla al Central por la gravedad de la lesión. Pero desde allí nos dijeron que no tenían camas, que se les había roto el tomógrafo y muchas excusas más porque era una herida muy grave y tenían miedo de que Laura se muera en el Central. Gracias a unos contactos con médicos amigos, terminamos llevándola al Italiano. Pasaron muchas horas sin que la intervengan, y creo que eso pudo haber afectado”, arremetió el viudo, quien también se constituyó como querellante en la causa.

Jaime, por su parte, destacó que a esa hora ella y su novio llegaban en el auto y que, desde el interior, vieron como Abonassar y un hombre forcejeaban. “Pensé que era una pelea de pareja, pero después escuché el disparo y vi que bajaban al niño. Salieron a toda velocidad y nosotros los perseguimos unas cuadras, pero en un semáforo los perdimos”, explicó la mujer.

Incidentes entre familiares de la víctima y de los imputados
En reiteradas ocasiones se escuchó a los familiares de Abonassar quejarse entre ellos por algunos dichos e insultos que, en voz baja y entre susurros, proferían los familiares de los imputados. Sin embargo, en un momento la situación llegó a su límite y fue cuando, durante un cuarto intermedio, los familiares de Abonassar salieron eyectados de sus bancos y se quejaron con los efectivos que custodiaban a los jóvenes imputados, y luego fueron a la Secretaría.

Uno de los secretarios debió ingresar a la sala y advertir a todos los familiares que mantengan el silencio, ya que si no deberían salir de la sala. Cuando Urciuolo fue notificada sobre el episodio, dispuso que para la continuidad del proceso haya presencia policial en la sala para evitar nuevos incidentes.

Mañana a las 9 se reanudará el debate con una decena de testigos que comparecerán ante el tribunal integrado, además de Urciuolo, por Agustín Chacón y María Marta Guastavino.
Opiniones (5)
22 de agosto de 2017 | 13:27
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22 de agosto de 2017 | 13:27
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  1. Sinceramente nunca entendí qué motiva a un abogado a defender a estas personas. Alguien que me lo explique, si les pagan por hacerlo, quién les paga, cuánto les pagan, etc. Pero yendo más profundo, cuál es la moral para defender y buscar artimañas jurídicas para que le den menos años, o para que justifiquen sus acciones con algo que los beneficie..... en serio, alguien que me explique porque no estoy en el ambiente jurista y sigo sin entender qué motiva a los abogados de los acusados a defenderlos
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  2. con quienes matan de esa forma sin necesidad. La vida es lo mas importante y ellos no saben nada de eso
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  3. Les pido humildemente que no entren en el juego de los familiares de esos gusanos malnacidos. No les den el gusto, ni se les pongan a su bajisima estatura moral. Estan podridos por dentro y esa porqueria que los inunda a ellos y sus familiares juzgados sera el calvario que tendran que vivir por lo que han hecho. Ahora espero que Lavado y Cia. no aparezcan ofendidos por sentir que han violado los derechos humanos de estas ratas de albañal. De una forma u otra, con estrategia judicial o no, iran a la carcel. Solo espero que vayan a esa que no es nueva y donde viven uno encima de otro, como zanganos a los cuales tenemos que pagarles su estadia. Ojala no vayan a Cacheuta, seria como mandarlos de vacaciones al club Med.
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  4. Una vez mas queda claro que la justicia del Hombre no sirve. ESTOS ACESINOS dentro de muy poco tiempo vuelven a matar. Todo esta preparado para cambiar la "CARATULA". El que mata se debe podrir dentro de la carcel, y que la familia los mantengan, le lleven comida. . . Y SINO QUE SE MUERAN.. . . . . . EL ESTADO NO DEBE HACER CARGO DE SU MANUTENCIÒN. Porque la pagamos todos tambien los familiares de las victimas. Ah!!!!!!!! van a saltar los DH.
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  5. los matamos por error con una pistola "descargada"? aunque también podría ser a latigazos.
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