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Los jugadores brasileños empataron con Bolivia, pero igual festejaron

Brasil empató como local ante los bolivianos en las eliminatorias. Pese al mal resultado, a los jugadores de la selección dirigida por Dunga le quedaron ganas de celebrar, y organizaron una fiesta en una casa de campo.

El empate sin tantos con Bolivia por las eliminatorias del Mundial de Sudáfrica 2010, el miércoles último en Río de Janeiro, no afectó el ánimo de los jugadores de la selección brasileña, que salieron del estadio Engenhao directamente a una fiesta que se prolongó casi hasta el mediodía del jueves.

Según reveló hoy la agencia Estado, la fiesta se realizó en una casa de campo en el barrio Jacarepaguá, en medio de un rígido esquema de seguridad, que prohibía el ingreso en el lugar de personas con bolsos y teléfonos celulares.

El astro Ronaldinho, del Milan, fue el último en abandonar el lugar: se fue el jueves, "casi a la hora del almuerzo". Mientras permaneció allí, fue uno de los más alegres, y comandó el grupo que pasó la noche entonando canciones de samba, bailó y "usó su encanto para impresionar a las muchachas más bellas que circulaban por el lugar".

La alegría de los festejos generó indignación entre los vecinos de la casa. "Yo gasté 250 reales (unos 160 dólares) en entradas para ver con mi familia el pésimo partido de la selección contra Bolivia, y ellos hacen fiesta con asado, bebidas, todas esas cosas. Estoy indignado", dijo el gerente de un restaurante vecino al lugar de la celebración.

El empate sin tantos con el frágil equipo de Bolivia, colero de las eliminatorias sudamericanas, fue recibido con abucheos por la hinchada que compareció al estadio Engenhao, e hizo aumentar la presión por la destitución del técnico Carlos Dunga.

Ronaldinho, quien tuvo una actuación apagada en el partido, jugó el domingo en su nuevo equipo, el Milan, que cayó por 2-0 ante el Genoa y es penúltimo en la Liga italiana.
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