En un rincón de la India

Una vez allí, procuraron mezclarse lo más que pudieran entre las gentes, mimetizarse con todo lo que los rodeara, y estudiar el comportamiento de los nativos.

 A partir de ahora sólo voy a viajar en mis sueños. Julio Verne

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Con la idea de adentrarse en una cultura completamente diferente a la suya, y con ello, enriquecer el espíritu, Nicanor, junto a su buen amigo, Josué; decidieron visitar la India.

Una vez allí, procuraron mezclarse lo más que pudieran entre las gentes, mimetizarse con todo lo que los rodeara, y estudiar el comportamiento de los nativos.

Nicanor y Josué, en un rincón de la India...

- Resulta en alto grado sorprendente, el modo con que estas gentes se las ha arreglado para conservar este pedazo de cielo en el completo anonimato. ¿Es que acaso nadie más, a excepción de nosotros, ha dado con este lugar? -dijo emocionado el viejo Nicanor.

- Así parece, Nicanor. El paisaje es extraordinario. No creo que tenga punto de comparación con ningún otro rincón en la tierra. En lo que a mí concierne, es lo más parecido a un edén, o al menos, así se me figura en lo inmediato. -le contestó Josué, que se encontraba en el mismo estado de obnubilación que su amigo.

- Estoy anonadado. Siempre hube pensado que esta clase de lugares, sólo se hallaban en los libros. Ahora alcanzo a vislumbrar con total claridad, que estuve errado todo este tiempo. -un mundo de ensueños se abría ante los ojos de Nicanor.

- No me extrañaría que aquí las costumbres disten de parecerse en modo alguno a las de otros lugares que hayamos conocido. Deberíamos buscar un paraje donde refugiarnos, el cielo parece dispuesto a demostrar de qué está hecho, y no convendría que nos enfermásemos. -Josué se veía algo cansado, y deseaba ponerle fin a la larga caminata.

Hallándose a la intemperie, bajo la copiosa lluvia, y contando sólo con sus camisas completamente mojadas para hacerle frente a la misma; se les acercó un niño que, luego de darse a entender por medio de gestos un tanto confusos, los invitó a que se resguardasen en su precario pero cálido hogar. El niño no hubo terminado de darles las indicaciones precisas del camino, que ya los dos se hallaban llenando sus estómagos con algo de pan, y un poco de leche.

Los huéspedes, se convirtieron en la nueva atracción para los miembros de la casa.Sus comportamientos, palabras y gestos, eran estudiados cuidadosamente por aquellos. Se sentían atraídos por el modo con que se dirigían a los demás, y el tratamiento que le daban a la comida. Pese al aspecto inofensivo de los visitantes, y al aparente sentido de humanidad con que contaban para relacionarse con el prójimo, no dejaban de albergar cierta cuota de desconfianza, que es dable esperar, cuando alguien a quien no conocemos aún, irrumpe en nuestra vida por vez primera.

- Es una suerte el que nos hayan recibido de esta manera ¿no lo crees así? -interpeló Josué a Nicanor, quien se hallaba estirando sus piernas entumecidas, en un intento por aflojar los músculos.

- Tú lo has dicho, mi buen amigo. Con sus atenciones, siento que de a poco voy recobrando las fuerzas perdidas. -dijo animado el otro.

- Lo mismo digo. Ya mi cuerpo se halla revitalizado de nuevo. Cuando cese la lluvia, deberíamos de explorar los alrededores. Tengo deseos de conocer todo lo más que pueda. -Josué se encontraba un tanto ansioso por recorrer y observar el lugar.

- ¡Ese es el espíritu! Nadie nos asegura que podamos volver de nuevo. -concluyó Nicanor.

Luego, cuando la lluvia se hubo apaciguado lo suficiente como para no enfermar, el niño los condujo con Savir, el viejo chamán de aquellos lares.

- Savir habla todos los idiomas. -les informó el niño a los extranjeros antes de alejarse.

- Observa sus atavíos, son extraordinarios. -le susurró por lo bajo Josué a su acompañante.

- Veo que los han tratado muy bien, como debe ser. Me llamo Savir, aunque aquí la mayoría me conoce como "el brujo" Savir. Pero por el momento, prefiero Savir.-se dirigió con soltura a sus nuevos amigos el viejo chamán.

- Así es, maestro Savir. Quisiéramos agradecer la hospitalidad de su gente, se han comportado muy amablemente con estos dos extraños. -el chamán asintió con la cabeza a Nicanor.

- A estas horas acostumbro a pasear y reflexionar cerca del río. Deberían acompañar a este viejo huraño, soy un buen guía, y además, se me da bien lo de escuchar a otras personas. Vamos, no creo que se aburran más de lo que ya están -el viejo parecía contar con un excelente estado de ánimo.Y así, emprendieron el paseo.

Se trató de un paseo singular y por demás novedoso para ambos amigos, puesto que era la primera vez que se subían al lomo de un elefante.

- No conozco a otros animales que se les parezcan. Son siempre obedientes, y leales a su amo. -atinó a decir el chamán.

- Al parecer, los conoce muy bien. -le respondió Nicanor.

- Más que a mí mismo, y no es poca cosa. -dijo esbozando una sonrisa el viejo chamán.

- Es común que así suceda. El hombre conoce muy bien a los demás, pero desconoce todo lo que refiere a su persona. Usted parece conocer ambas partes, deberíamos de imitarlo. -intervino Josué.

- Si el resto se pareciese a mí, el mundo sería demasiado aburrido. -dijo a tono de broma Savir, y a continuación, los presentes dejaron escapar una carcajada.

- Debo confesar que jamás hube estado en un lugar tan inhóspito como éste. Aquí se lo debe pasar realmente bien ¿no es así? -interrogó Nicanor al chamán.

- En verdad que sí, pero cada quien ama y se identifica con todo lo que a su lugar de origen se refiere. -el chamán había adoptado un tono reflexivo.

- Eso es tan cierto como que cada hombre necesita viajar para nutrirse de otras culturas, así como también, de otras existencias. -sentenció Josué.

- Se puede enriquecer el espíritu conociendo otros lugares, mas no es recomendable quedarse mucho tiempo en un mismo lugar. -sus oyentes se encontraban sumamente abstraídos por las palabras del viejo chamán.

- Lo que quiere darnos a entender, en otras palabras, sabio maestro, es que no debemos olvidar nuestros orígenes ¿verdad? -Nicanor disfrutaba tanto del paseo como de la conversación.

- Así es. Uno puede pasárselo muy bien en tierras ajenas, por un tiempo, pero una vez llegado el momento donde sentimos que debemos abandonarlo todo, es preciso que obremos de acuerdo a dicho sentir. -se explayó el chamán.

- ¿Los nativos de aquí recurren a usted en busca de consejo? -le preguntó Josué al meditabundo chamán.

- Ya veo que mi compañía y conversación no les ha aburrido. -dijo risueño el chamán.

- En lo absoluto, maestro Savir. -replicó Nicanor.

- Sí, muchos se acercan a mí para pedirme consejo, pero nunca me he acostumbrado del todo a ello. -dijo el humilde y sabio chamán.

- El problema de dar consejo, es que nadie parece darle la importancia que requiere. -comentó Nicanor. A la brevedad, el cielo se despejó por completo, y la India se convirtió en el paraíso de aquellos tres grandes hombres.

Manuel Arias ariasmanueldereyes@gmail.com


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