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A Blatter lo inquieta más la política que los estadios en Sudáfrica 

La visita a Sudáfrica del presidente de la FIFA parece más enfocada a discutir de política con los líderes del país anfitrión del Mundial 2010 que a supervisar los retrasados trabajos en los estadios.

Concertada poco después de los Juegos Olímpicos, la llegada del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, tomó a los sudafricanos casi por sorpresa, en un momento en el que tanto el país del cabo como su vecino Zimbabwe viven incertidumbres políticas.

La construcción de los estadios, que experimentó un ostensible progreso, es en realidad la menor de las preocupaciones de Blatter, como aclaró a su llegada.

La política es el motivo de los desvelos del jefe de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), ya que en el horizonte de Sudáfrica hay más preguntas que certezas.

El presidente del país, Thabo Mbeki, cuyo segundo mandato termina el año próximo, cayó en desgracia en su propio partido. El gobernante Congreso Nacional Africano (ANC) sospecha que el mandatario se encuentra tras los problemas legales de su ex vicepresidente y hoy rival político Jacob Zuma, jefe del partido.

El ANC está considerando por eso la posibilidad de obligar a Mbeki a dejar el cargo y forzar elecciones anticipadas. Se considera posible una moción de censura del partido, que tiene mayoría de dos tercios en el parlamento.

Zuma, un político tan polémico como popular, tendría en ese caso opciones de ser el sucesor de Mbeki.

En ese contexto, Blatter reservó mucho tiempo a hablar con Zuma. Sobre todo cuando el tono público del discurso se hizo cada vez más rudo, con términos como "eliminar", "muertos" y "disparar" presentes continuamente en el vocabulario político.

El jefe de la federación internacional quiere evitar a toda costa el caos político en la antesala del evento deportivo. Una Sudáfrica inestable sería para Blatter un riesgo esencialmente más grande que los retrasos en la construcción de los estadios.

"Da totalmente igual lo que suceda en relación a cambios políticos", dijo Mbeki en una comparecencia retransmitida al todo el país. "Este país cumplirá con sus compromisos con la FIFA de garantizar un Mundial exitoso. Tendremos elecciones y un nuevo gobierno, pero no habrá cambio en la política o posición (respecto al Mundial)".

Por su parte, Blatter reculó respecto a sus anteriores declaraciones sobre la posibilidad de buscar una sede alternativa para el campeonato. "El plan B es Sudáfrica, y el plan C también es Sudáfrica", dijo el suizo.

Al menos otro motivo de preocupación parece superarse poco a poco. La visita de Blatter coincidió con la solución política de una larga crisis en el vecino Zimbabwe, que en una ceremonia festiva, selló el lunes un acuerdo de colaboración entre gobierno y oposición tras diez años de enfrentamiento.

El caos en Zimbabwe sobrevolaba hasta ahora como una espada de Damocles sobre el Mundial, ya que tenía el potencial de influir negativamente sobre el evento. Millones de sus habitantes huyeron ya del país camino a Sudáfrica, donde en mayo la creciente ola de inmigración legal e ilegal condujo a incidentes violentos.
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