Un descanso necesario

Hastiado de la naturaleza enfermiza y egoísta de aquellas gentes que componen el grueso de la sociedad, Nicanor; hubo optado por pasar una temporada en lo de K., su primo más allegado.

Cuando una gran pasión se apodera del alma, el resto de los sentimientos se apretujan en un costado. Lucy Maud Montgomery.

-------------------------------------------------

Hastiado de la naturaleza enfermiza y egoísta de aquellas gentes que componen el grueso de la sociedad, Nicanor; hubo optado por pasar una temporada en lo de K., su primo más allegado. Éste, vivía solo y a gusto, en un inmenso campo que contaba con miles de hectáreas a la redonda, alejado de la congestionada Moscú. Aunque con el paso del tiempo, la relación entre ambos hubo sufrido varias transformaciones, en consonancia con las características psicológicas de semejantes personalidades, no por ello, hubo menguado el afecto que se prodigaban entre sí. Al término de sus conversaciones, siempre acababan por convencerse de que sus ideas primigenias, ya no contaban con la misma fuerza que les hubo dado su origen, y cuando uno no encontraba las palabras acordes para comunicar todo cuanto necesitaba expresar, el otro, como en un acto altruista, acababa por completar la idea de su interlocutor. Nicanor comprendía muy bien que, un hombre de talante comedido como el de su primo, aislado por completo del bullicio de la urbe, acostumbrado a trabajar la tierra día y noche, a auscultar el alto cielo con sus trémulas estrellas, y a concebir su existencia como la mejor de las existencias posibles; no podía menos que ejercer algún influjo sobre sus penas ya consumadas, por lo cual, resolvió presentarse de improviso en su humilde pero acogedor hogar.

Una vez allí, K. decidió celebrar la llegada de Nicanor con un gran banquete. Luego de que el visitante se hubo acicalado y dado un buen baño, ambos parientes se dispusieron a comer, tal y como lo pudiesen llegar a hacer dos hombres afectados por un apetito voraz, tras una larga jornada de trabajo. Las atenciones de K. para con su persona, produjeron un gran efecto en la cosmovisión de Nicanor, el cual se hallaba acostumbrado a un trato indecente, y por demás, descortés, propio del ambiente elitista y de las denominadas personalidades de primer mundo. La espectacular velada, la calidez del lugar, la inigualable compañía y la exquisita conversación, no podían haberse dado de otra manera. Así y todo, el buen Nicanor, se sentía un tanto contrariado, ya que desde su parecer, aún le faltaba algo a aquel insoslayable conjunto. No alcanzaba a vislumbrar con total claridad, a qué podía atribuírsele tal estado de insatisfacción, pero todo parecía indicar que su descontento se hacía presente una vez más.

En cuanto a la mesa, estuvo dispuesta por toda clase de platos abundantes: liebre, carne de cerdo, guarnición de papas rellenas, sopa de albóndigas; y para degustar, unos exquisitos vinos de la cava de K. El anfitrión, se encontraba con un estado de ánimo envidiable, por demás jocoso, y predispuesto a compartir sus sentimientos, y lo mismo sucedía con Nicanor.

Concluida la cena, ambos convinieron en que sería reconfortante continuar la conversación, bajo el manto del cielo estrellado, y el fresco de la inmensa noche. K., parecía estar experimentando un estado de sumo placer al poder contar con la compañía de Nicanor, mientras que éste, se hallaba encandilado por estar contemplando semejante paisaje, y no podía atinar a hacer otra cosa, más que soñar, y entregarse a aquella inefable sensación de hallarse en el lugar correcto.

- Cada vez que labro la tierra, mi entrañable Nicanor, algo dentro de mí se renueva. Tal vez ese algo al que me refiero, no sea otra cosa, más que mi propio porvenir. -dijo K., mientras observaba con aire pensativo las estrellas.

- Un hombre como tú, rodeado por toda esta naturaleza y serenidad, no debería sentirse atraído por dichos asuntos. Hazme caso, no te embauques en los abismos de la interioridad; puesto que una vez emprendido el viaje de ida, no hay vuelta atrás, eso seguro. -le respondió Nicanor.

- Creo que te equivocas, querido primo. No me hallo exento de pensar mi vida, soy como cualquier otro hombre. -inquirió K.

- Te diferencias enormemente del resto, puesto que mientras la mayoría espera encontrarse a gusto con su desmantelada existencia; tú, por el contrario, procuras hacer lo imposible para colmar los corazones de aquellos. - Nicanor estaba al tanto de la bondad que colmaba el corazón de su primo.

- Me gustaría creer que soy tan bueno como dices, pero lo cierto es que, no todo es como aparenta ser. También llevo mis cargas internas, pero no me quejo, no son tan pesadas como las de otros. -un espíritu como el de K., predispuesto a dar a conocer sus sentimientos más profundos, no podía evitar emocionarse, y al mismo tiempo, sentirse el más dichoso de los hombres, por el hecho de saber que su primo Nicanor, también pertenecía a aquella clase de seres apasionados.

- Eres lo que eres, y allí concluye todo. Las virtudes siempre han de ser más importantes que los defectos que nacen de ellas, puesto que el bien, reina en la mayoría de los corazones, a excepción de aquellos casos en donde el mal los ha corrompido, y envenenado de tal modo, que no hay nada que pueda hacerse para salvarlos. -sentenció Nicanor.

- Las pasiones tienen lugar en los corazones afectados por la dicha de vivir. -dijo K., que parecía estar absorto por las palabras de Nicanor.

- Cierto, y poco puede hacerse para erradicar los sentimiento amorosos que emanan del interior del hombre, cuando ya su vida se halla circunscripta a ellos con una fuerza inextricable, y de por sí, desconocida. -y al decir estas palabras, los ojos de Nicanor se inundaron de lágrimas, producto de la sensibilidad alojada en su espíritu.

- En el campo, la vida adopta muchas veces el mejor de sus tonos, y otras, simplemente, el más grisáceo de todos. -dijo serio K.

- Es un hecho universal, el que todos los que habitamos este mundo, nos encontramos desgraciados o dichosos, ya sea en el campo o en la ciudad, con o sin porvenir, bajo un cielo estrellado o colmado de oscuridad. -el pensamiento de Nicanor, distaba mucho de parecerse al de cualquier otro mortal.

- Así es, mi querido primo, pero ya es momento de que nuestros cuerpos descansen un poco; mañana tendremos tiempo para seguir labrando nuestravida interior. -y así, ambos se despidieron de las estrellas, para refugiar sus corazones dentro de las cuatro paredes de la casa.

Manuel Arias


¿Qué te pareció la nota?
No me gustó5/10
Opiniones (0)
3 de Diciembre de 2016|12:44
1
ERROR
3 de Diciembre de 2016|12:44
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016