Vida y pensamiento

Mi razonamiento no responde, y temo por el bien de mis sentimientos, puesto que son el sostén de mi voluntad.

El pensamiento es la principal facultad del hombre, y el arte de expresar los pensamientos es la primera de las artes. Éttiene Bonnot de Condillac.

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- Es como si una marejada de pensamientos se hallase ocupando más espacio del necesario en mi cabeza. Mi razonamiento no responde, y temo por el bien de mis sentimientos, puesto que son el sostén de mi voluntad. Me estoy consumiendo por dentro, lo que trae aparejado una insoslayable pesadumbre, acompañado por una sensación de malestar de nunca acabar. -tal era el estado de afección de Nicanor.

- No te preocupes Nicanor, tiendes a exagerar todo un poco más de la cuenta. Lo peor que puede pasarte a tu edad, es que tomes conciencia de que eres un mortal como cualquier otro. -dijo a tono de broma Josué, un viejo ermitaño y ocurrente, allegado a Nicanor.

- Me abro ante ti, y lo primero que haces es burlarte. Ten en cuenta que ello no me comporta ningún beneficio, al contrario, alimenta aún más mi zozobra y resignación. -se mostró abrumado el viejo Nicanor.

- Pensar demasiado sólo conduce a deformar las cosas. Debes procurar no cavilar más allá de cierto límite, puesto que al final de cuentas, no todo lo que se alcanza a obtener resulta provechoso. -inquirió Josué.

- Es lo que he intentado hacer toda mi vida, y en vano, ya que los motivos que conducen a la desdicha, siempre sobrepasan a las alegrías que nos acarician el alma.No es mucho lo que podemos hacer para contrarrestar tal estado de cosas; sólo nos queda levantar la cabeza, sacudirnos un poco para deshacernos de aquellas miserias de las cuales nos hallamos impregnados, y procurar no mirar hacia atrás, tal como lo hubo hecho Orfeo en un momento de debilidad. Todo ello, para cerciorarnos de que seguimos siendo los mismos, pese a las aparentes transformaciones que parecen tener lugar en nuestra interioridad. -Nicanor no podía evitar dar muestra de su estado alicaído y meditabundo. Por dentro, se sentía algo confundido, puesto que a la vez que experimentaba todo el peso de la no existencia, por otra parte, disfrutaba cada una de las incongruencias internas a las que se hallaba sujeto.

- Uno termina acostumbrándose a cierto grado de examen interno, el cual, no produce otro efecto, sino, el de hacernos creer que toda cuestión mundana, puede extrapolarse al orden espiritual.Nada menos verosímil que esto, ya que todo intento por querer convencer al espíritu de que existe un universo material, más allá de cualquier potencial cuestionamiento, resulta por completo imposible. Es como si a un sumo sacerdote, se lo intentase convencer de que la divinidad, no es más que un producto de los hombres.

- En consonancia con tu observación, creo que el universo espiritual, dista demasiado del mundano; hasta llegado al punto en que, colisionan cada vez que se los intenta fusionar. En otras palabras, los asuntos del espíritu, siempre tan intrincados por naturaleza, y que nos exigen rebasar todo límite instaurado, no pueden ser abordados en otro orden que no sea el de la reflexión y conjugaciones internas. ¿Es que acaso no terminamos posicionándonos ante la disyuntiva de estar vivenciando una vida que no es nuestra, pero que a la vez, es la que nos ha tocado en suerte, y no conocemos otra que sea mejor o se le equipare? Nos golpeamos una y otra vez nuestras frentes, pero nunca acabamos por comprender el para qué de dichos golpes; lo único que atisbamos a razonar, es que duelen, y en harto grado. -reflexionó en voz alta Nicanor.

- Cuentas con un profuso entendimiento del mundo, símil al de un pensador ya consagrado. Eres agudo y obcecado, mas no permites que tus aspiraciones nublen tu razonamiento. Las raíces de tu pensamiento, ya no tienden a enredarse como antes, sino que, por el contrario, se hallan bifurcadas de tal manera, que es imposible que puedan ocasionar daño alguno. Es por ello, que en resumidas cuentas, preciso valerme de tu sapiencia, para arrojar luz sobre un asunto que me ha traído complicaciones desde siempre, y que podría ser expuesto a modo de pregunta: ¿de qué modo debemos obrar para convencernos a nosotros mismos, de que la vida interior es la única que deberíamos de sembrar, puesto que no existe ninguna otra que cuente con tierras tan fértiles como ésta?

- Lo que sucede, mi buen amigo, es que no todos desean sembrar las mismas tierras. Hay quienes se contentan con ver cómo otros se abren su propio camino, así como también, se encuentran aquellos que procuran apoderarse de las tierras de otros. Cada quien elige ser sembrador o no, para bien o para mal.

- Puede que sea así como dices, pero creo también que, en un primer momento, no hacemos otra cosa sino, intentar discernir cuál es el punto más álgido del asunto que nos turba, para luego, terminar arribando a conclusiones impensadas, y muchas veces, carentes de sentido,incluso para aquellos espíritus libres, que sólo conocen los frutos de la autosuficiencia. -Josué se hallaba a gusto como siempre, cada vez que intercambiaba pareceres con Nicanor.

- Sí, y es debido a ello que ha nacido el pensamiento. En mi caso, se comporta como un niño huérfano, puesto que la mayoría de las veces, lo desconozco, y otras tantas, es el más correcto de todos. -sentenció Nicanor.

Manuel Arias


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