Peripecias de estudiar de grande

¿Se te pasó el tren universitario? Nunca esta tarde para volver a estudiar... pero te va a pasar esto.

 Tenes más de 25 años y secundario completo, por suerte hace un tiempo que estas laburando en una empresa seria, le has puesto todo el huevo, las onda y estás empezando a cosechar algunos frutos. Pero de pronto te encontras con una pared... para seguir avanzando en la empresa tenes que tener título. Otro caso sería que, por ejemplo, te cansaste de la empresa en la que estas, que sos groso y queres dar un salto a otra compañía... sin título no te reconocen en ningún otro lado. También está el caso de que, por fin, te das cuenta de la importancia de tener título terciario, así que, cansado de andar de laburo rasca en laburo rasca, decidís invertir un tiempo en educarte. Y por último, con o sin título, te diste cuenta que te apasiona una profesión, así que decidís emprender la difícil tarea de estudiar de grande.

Sin dudas ya sabes qué vas a estudiar, que te gusta o que necesitas, así que directamente apuras los tiempos y comenzas a averiguar por una universidad. Lo primero que descartas es la estatal. El tema del ingreso y la prácticamente imposibilidad de estudiar y laburar a la vez te hacen siquiera pensarlo. Además necesitas ponerle pilas y recibirte relativamente rápido, no te quedan diez años para ser un profesional. Avanzas con las privadas. Generalmente la terminas eligiendo por una cuestión de horarios, más allá de los precios. La que más se ajuste a tu rutina diaria será la elegida... en Marzo arranca el carnaval.

Llega el día... así como el niñito se abraza a la mamá y no quiere quedarse solo en el jardín, a vos te cuesta bajarte del auto y vas apretando el celular fuerte de los nervios. Vas solo, pedís por favor encontrarte con alguien conocido. Entonces llegas al pasillo de aulas y ves a tus futuros compañeros.

Las mujeres lindas tienen una cuestión genética, como un poder especial, un acto inconsciente de juntarse solamente con lindas. Los loser también lo tienen. Así que lo primero que divisas y te llama la atención son estos dos grupos tan marcados. Por un lado un grupito de pendejas divinas, de pelos largos, celulares brillantes, cuerpazos de atletas, bronceadas, divertidas vestidas como un viernes a la noche. Charlando entre ellas, sin mirar a nadie, como si el resto del mundo fuese dominado por ellas y nada les importase más que ser adoradas por todos. Por otro lado, bien marcado, están los losers. Grupete de fanáticos del joestick, onanistas supremos, adoradores de la ciencia ficción, eternos lugareños de la friendzone. Ellos con sus lentes, sus peinados raros, su silencio, su miedo, sus jodas internas que solo los losers entienden, mirando de reojo a las divinas. Y en el medio el medio... un mixtura de gente normal, chicas tímidas que acaban de salir del secundario, nenes de papá que son obligados a estudiar, intelectuales mediocres que se cambian de carrera todos los años, resignados, deportistas, pibes asustados que no saben con qué se van a encontrar, pícaros que piensan que es el es sexto año de la secundaria, tímidos, jóvenes, viejos y por fin... y por suerte... y gracias a la vida... un par de flacos de tu edas. Te les acercas y de toque te pones a hablar... lógicamente de las divinas, como todo loser.

Al entrar por primera vez al curso pasa algo muy loco. Según las personalidades cada cuál ocupará su lugar... y ese lugar probablemente sea el usado por el resto del año, como cuando un gatito mea la caja de piedritas. Los chantas y los nenes de papá se van derecho a la última fila, los loser y las ñoñas se sientan adelante, lo más pegado al pizarrón. Las divinas al medio, para que todos las miren, generalmente hacia el lado de las ventanas, ya que pretenden aprovechar algunos soles y broncearse en clase. Los viejos se ponen al medio, porque no ven bien, pero los ñoños les ocuparon la primera fila. Los treintañeros laburantes como vos se ponen al medio, pero del lado de la puerta, porque sabes que muchas veces vas a llegar tarde, fuera de horario.

Generalmente la primer clase es dada por un profesor buena onda que hace una especie de prólogo o por alguna autoridad de la universidad que da la bienvenida. Ahí nomás definis las personalidades de cada compañero y deparas rápidamente el futuro. Los ñoños apuntan todo... hasta las palabras de bienvenida, como calculadoras insulsas e idiotas. Los chantas del fondo le sacan la ficha al orador y se cagan de risa de algún defecto o gesto. Los del medio no cazan un pato, entre las risotadas del fondo y lo extraño de ver a los goma de la primera fila tomando apuntes. Las divinas aprovechan para fichar a sus víctimas y victimarios. Le hacen caritas al profe... tarde o temprano usará sus atributos físicos para avanzar. Vos te sentis raro, por un lado estas contento con todo lo nuevo, por otro lado sabes que se te viene una etapa intensa, linda pero intensa, vas a tener que aprender a convivir con una fauna de gente a la que hace más de diez años te desacostumbraste. Si estas soltero sin duda ya te fichaste una víctima.

Y comienza la carrera, te cuesta agarrar el ritmo con el tema apuntes, en tus números no habías calculado el costo de fotocopias y libros, se le va sumando pimienta a la sopa. Pero la vas manejando, el temple de la edad te ayuda a ir sorteando la situación mucho mejor que tus compañeros, los cuales a mitad de año ya perdieron el rumbo o están colapsados de materias, divagando entre horas de estudio y de joda. Ordenarte entre horas de estudio y laburo está en tu rutina. La llevas joya.

Llega la época de los exámenes.... cuando realmente te tenes que sentar varias "horas culo" a meterte en la cabeza lo cursado. Sentís la misma chispa y ganas de hacerle bullying a los ñoños que ya se han estudiado todo y ves cómo las divinas se ponen nerviosas porque tanto sol, shopping y joda les impidió llegar a tiempo. Te has hecho un grupo de estudio entre los viejos y los de mediana edad, de un par sos amigo, se gesta algo lindo, el ser humano es incapaz de no socializar.

Esta pasando el año... nada era tan malo como esperabas. Los viejos te aprecian, los ñoños te pasan los apuntes y las divinas te han empezado a mirar con buena cara, se podría decir que sos el que mejor la está pasando. Te das cuenta que los finales son bastante fáciles cuando usas la razón, los profesores no te ven como un pendejo choto, sino que saben que le estas metiendo pilas, las materias no te cuestan tanto porque vos sos el que eligió a conciencia qué estudiar y entendes la lógica, lo importante, lo intrascendente y el corazón de cada materia. Incluso te das cuenta que disfrutas el estudio como nunca antes en tu vida... ¿será que maduraste? El tiempo vuela y no te das ni cuenta cuando por fin te volviste un profesional.

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20 de agosto de 2017 | 09:11
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20 de agosto de 2017 | 09:11
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