Derrumbando los mitos de la Segunda Guerra Mundial

Un equipo de especialistas franceses desmantela veintitrés "verdades absolutas" forjadas alrededor de la época más trágica que padeció la humanidad.

Todo evento histórico de gran importancia puede atribuirse alguna "unanimidad" en su contenido, y la Segunda Guerra Mundial contiene todos los requisitos que lo moldearon como tal. Este conocimiento masivo y muy generalizado encierra varios "mitos" que se fueron forjando desde el incipiente comienzo de las batallas, y que se afianzaron con el correr de los años hasta convertirse en verdades que, en varios casos, se convirtieron en "irrefutables" hasta para los espacios académicos tradicionales. Pero no todo es lo que parece.

Libro Los mitos de la Segunda Guerra Mundial

A eso apunta un grupo de investigadores, historiadores y académicos franceses que, coordinados por Jean Lopez y Olivier Wieviorka, publicaron la compilación Los mitos de la Segunda Guerra Mundial (Editorial El Ateneo), en la cual desentrañan y derrumban supuestas verdades absolutas que ocurrieron en la época más sangrienta que vivió nuestro planeta y que muchos se encargaron de alimentar.

Los especialistas desmitifican veintitrés afirmaciones que se afianzaron en el consciente colectivo mundial durante más de 70 años, y que solo ciertas aperturas e intensificaciones en las investigaciones históricas en las últimas décadas, especialmente tras el cambio de milenio, permitieron desandar esos relatos que parecían inamovibles.

En la introducción, y sin eufemismos de por medio, Lopez y Wieviorka advierten que la persistencia de muchos de estos mitos se debe a que, "a pesar de su talento, los historiadores no siempre lograron que el gran público compartiera el fruto de sus trabajos" y "confirma también que la propaganda de la Segunda Guerra Mundial hizo estragos, mucho más allá de la derrota conjugada de las fuerzas del Eje", ya que muchos de esas construcciones retóricas "salieron directamente de las oficinas del doctor Goebbels", el temible vocero del Reich. En otros casos, ese proceso de mitificación obedece a las tensiones políticas entre varios actores internos o externos, e incluso a la narración elaborada por los propios protagonistas.

La popularidad inquebrantable de Winston Churchill, la audacia de Hitler frente a Stalin, la mediocridad del ejército fascista de Mussolini o la capitulación japonesa culpa de Hiroshima, entre otros, son conceptos absolutizados que, más que puestos en duda, son directamente rebatidos en todos sus espacios con datos fehacientes y argumentos sumamente convincentes que dejan poco espacio al escepticismo y la reprobación. 

Con un lenguaje claro y conciso, sin abundar demasiado en detalles insignificantes pero con textos suficientemente potentes como para otorgarles credibilidad académica, Los mitos de la Segunda Guerra Mundial abre una nueva puerta hacia la reconstrucción histórica de un pasado que nos asusta, asombra y nos recuerda las complejidades de la especie humana.

Nicolás Munilla


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Opiniones (3)
3 de Diciembre de 2016|12:18
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3 de Diciembre de 2016|12:18
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  1. Recuerdo la frase la historia la escriben los triunfadores...!
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  2. En general lo que sale de editorial el ateneo es muy serio y me encanta. Recomiendo la lectura de este libro, una forma interesante de aprender historia
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  3. La historia es un concatenado de eventos, de hechos vividos. Lo que escriben los historiadores no es historia, son comentarios. El libro, que parece interesante, será, en todo caso, un avance en la búsqueda de esa cosa gelatinosa, casi imposible de asir, llamada "verdad histórica". Puede ser muy válido, no lo pongo en duda, y ha de ser interesante, pero por mucho rigor científico que demuestre, en modo alguno debería tomarse como la verdad de los hechos. Esa búsqueda no acaba nunca. Quisiera mencionar que fui crítico del señor Nicolás Munilla, que firma la nota, por la mala calidad de sus primeros escritos. Me complace reconocer sus progresos. En esta nota ha inventado el verbo "absolutizar", que no existe, pero aparte de ese detalle (verdaderamente un detalle), sus últimas notas están mucho mejor escritas que aquellas primeras. No se detenga, Nicolás, siga progresando. Así como la búsqueda de la verdad histórica, la excelencia literaria es un sendero sin fin. Saludos
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