Arte y poder; fascismo y globalización

En "No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles", Patricio Pron expone las relaciones entre la vanguardia artística italiana y el fascismo de Mussolini, con sus implicancias en las décadas posteriores.

Los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial en Italia fueron extremadamente caóticos. El fascista Benito Mussolini se aferraba al escaso poder que aún ostentaba, amenazado no solo por el accionar de los rebeldes partisanos y los Aliados, sino también por la Alemania Nazi, cuyas Fuerzas Armadas (Wehrmacht) eran las que controlaban de facto el gobierno del Duce. La República Social Italiana, o más conocida como República de Saló (porque en esa ciudad residían las autoridades fascistas), creada en 1943, era la institución gubernamental que aglutinaba esta realidad, acotada al norte del país, y pregonaba un modelo que estaba a punto de sucumbir.

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles libro

En ese contexto histórico, el escritor argentino Patricio Pron dio punto inicial a su novela No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Literatura Random House), una obra que reluce no solo la radiografía de los últimos tiempos del régimen fascista, también revela los coletazos que éste produjo en las siguientes generaciones de Italia desde hace más de 60 años. Sin embargo, a través de una narración multicoral, abre otras ramas, como el arte y la literatura, la familia, el poder, la política, la sociedad e incluso la vida misma como sujeto, que forman una reflexión sobre la propia existencia y las configuraciones del pasado que dejaron sus legados en el presente.

La obra encuadra diferentes relatos que se suscitan en tres periodos temporales bien diferenciados: finales de la Segunda República Italiana; el agitado 1978, con sus Brigadas Rojas y el asesinato de Aldo Moro; y el contemporáneo 2014, con una crisis laboral que afecta a los jóvenes en medio de una globalización prometedora y destructora. Con protagonistas ficticios y varios personajes secundarios reales, estos últimos ligados a los escenarios artístico y político de sus épocas, las narraciones van entrelazándose y abarcándose para constituir una historia poliédrica exquisitamente atrapante.

La primera parte de No derrames tus lágrimas... gira en torno al desarrollo del Congreso de Escritores Fascistas llevado a cabo en la localidad de Pinerolo entre el 20 y 21 de abril de 1945, pocas semanas antes de la caída final de Mussolini, y que buscaba mostrar el apoyo de la literatura fascista a la causa de la República Social Italiana. Pero la irrupción de Luca Borello, quien nadie había visto en los últimos diez años, y su misteriosa muerte, causó la precipitada finalización del encuentro. La reconstrucción narrativa del hecho y de parte de la historia de Borello llegó 32 años después, con la inquietud de un joven miembro de las Brigadas Rojas en conocer ese pasado, para lo cual entrevistó a cuatro escritores que formaron parte, en su momento, del movimiento literario futurista-modernista de Perugia: Atilio Tessore, Oreste Calosso, Michele Garassino y Espartaco Boyano, cuyas ideas alimentadas por Filippo Marinetti reflejaron los movimientos vanguardistas italianos de los '20 y '30, que se irían, a su vez, fundiendo con las manifestaciones estéticas fascistas.

En estos relatos, lejos de limitarse a contar lo que sucedió en ese Congreso, los escritores reflexionan sobre la vinculación entre política y literatura, "que es la disciplina artística que más se le parece y a la que más necesita la política"; el uso del plagio como herramienta de creación artística ("a nadie le gusta perder, y al parecer el del plagio es un juego en el que siempre se pierde, excepto que sus reglas no sean las que son sino unas muy distintas, que solo unos pocos conocen"); y la existencia misma de ese encuentro: "Organizamos ese congreso porque sabíamos que todo estaba perdido y que caeríamos en breve, pero queríamos caer con honor y siendo fieles a unas ideas que seguían pareciéndonos correctas, o menos erróneas que otras"; todo con matices contradictorios, nostálgicos, desdeñosos o intrascendentes.

En la segunda parte se produce una suerte de quiebre narrativo, menos por la linealidad conceptual que por una retrovisión histórica. Francesco Linden, un joven partisano que sufre un severo accidente en un barranco montañoso en 1944, es rescatado por un hermético solitario que vive en una casita abandonada. Esta relación entre Linden (que sería el padre del joven "investigador") y Luca Borello será clave para comprender la transición personal que sufrió el escritor poco antes de su irrupción en el Congreso del año siguiente, como así también algunos aspectos relacionados con la genealogía posterior de los Linden. Más impactante, y quizás lo más creativo de la novela, es la recopilación de todas las obras "perdidas" de Borello, donde Pron plasma, de manera magnífica, la materialización artística del movimiento futurista italiano, con pinceladas ramificaciones de otros procesos ligados a la vanguardias revolucionarias, de índoles soviéticas y latinoamericanas; además de algunos guiños a su propia obra literaria.

Una suerte de epílogo termina siendo el último capítulo, con el (valga la redundancia) el último eslabón de los Linden, un adolescente que se debate entre las tensiones reinantes por un pasado cargado de simbolismos, heredado de su padre, y un presente que promete poco y exige mucho. Una precariedad existencial termina encontrando una suerte de paradoja en relación al círculo abierto hace seis décadas, del cual su familia tuvo una importancia inesperada.

Pron logra una novela que, de a momentos, parece no tener un género, o los tiene todos. Bucea entre el documental histórico y el ensayo, juega con el thriller, coquetea con el noir e incluso esconde cuentos; priman los sucesos frente a un esteticismo difuminado, casi inexistente, lo cual da un amplio espacio a la visión genérica, pero sumamente profunda, de un pasado que busca colarse en un presente que vive en permanente ebullición.

"La obra de un escritor es él mismo, y que todo el resto -digo, los textos literarios- es apenas un apéndice de esa obra y carece de importancia. [...] La vida de los escritores es ahora lo único que parece tener relevancia en la literatura".

Nicolás Munilla


¿Qué te pareció la nota?
No me gustó9/10
Opiniones (0)
3 de Diciembre de 2016|12:17
1
ERROR
3 de Diciembre de 2016|12:17
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016