"El absoluto", de Daniel Guebel

La obra maestra del escritor porteño trasciende épocas y fronteras, traza los vínculos entre historia, arte, poder y misticismo y elabora lazos familiares unidos por la genialidad y las desgracias.

Tras muchos años de arduo trabajo y paciente espera, el escritor porteño Daniel Guebel maravilla y desafía a la literatura argentina con su obra maestra: El absoluto (Literatura Random House), un texto titánico que nos devela tres siglos de una familia que trasciende épocas y fronteras, traza los vínculos entre historia, arte, poder y misticismo y elabora lazos unidos entre sí por la genialidad y las desgracias.

El absoluto libro

Mediante seis "libros" compilados en capítulos, El absoluto narra la historia de la familia Deliuskin, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XX, las inhóspitas y desoladas estepas de la Siberia rusa hasta los más cercanos suburbios del Gran Buenos Aires. Cada libro está dedicado a un integrante masculino de ese linaje tan fascinante como lúgubre e inquietante, que fue dejando una huella cada vez más profunda que su antecesor en las civilizaciones y legando sus conocimientos a los descendientes, quienes irán en búsqueda de un objetivo aparentemente imposible pero marcado por el destino: transformar el rumbo del Universo.

Contada desde la voz de una mujer descendiente de casi todos los personajes ficticios, convencida de la genialidad de sus ancestros, cada historia es un pequeño mundo interconectado con los demás mediante las herencias familiares, el propio ritmo de la Historia y una serie de acontecimientos que van reconfigurándose en una línea evolutiva del saber y la contribución universal. "En nuestra familia de locos pagamos el precio de la demencia para ascender a los cielos de los genios".

El tatarabuelo Fransitek, hijo de un vendedor de cadáveres de mamuts, que forma un vínculo especial con la música hasta convertirse en el fiel representante del nacionalismo musical ruso; el bisabuelo Andrei, un habilidoso lector que descifra los Ejercicios Espirituales del jesuita Ignacio de Loyola y luego se une a Napoleón en su soberbia y bizarra campaña por Egipto; el abuelo Esaú, que persiguió los designios utópicos de su padre y materializó parte de ese destino revolucionario, que ya empezaba a configurar lo que se esperaba para las décadas venideras.

El elemento central de la obra gira en torno a una figura verídica: Alexander Scriabin, célebre compositor ruso considerado como uno de los músicos más innovadores de su época, precursor de la música atonal. Mediante una singular y exquisita combinación de biografía real y ficción, Guebel formó un personaje cuyo misticismo y extrema sensibilidad musical lo llevaron a la búsqueda de la transformación del Universo mediante la elaboración de su Mysterium, una obra musical y extraordinaria e inacabada que, según su autor, era capaz de modificar el rumbo de los planetas mediante su melodía para evitar el fin del cosmos.

Sebastián Deliuskin, que llega de pequeño a la Argentina junto con su madre, mantiene una extraña conexión con su hermano Alexander mientras se desenvuelve como un singular pianista viajero provinciano. Al final irrumpe la narración del hijo de la "protagonista", nieto de Sebastián y sobrino-nieto de Alexander, que intenta comprender el absorto de su madre y los misterios que encierra su familia, cuyos designios también lo impulsarán a lo absoluto.

Estos se rodean de personajes secundarios que asumen responsabilidades importantes en el desarrollo vivencial de los Deliuskin, como Napoleón, Lenin, Rasputín y Madame Blavatsky. Al igual que con Scriabin, el autor parte de la verosimilitud de las biografías de estas figuras para dotarlas de suma trascendencia, aportarles reflexiones multifacéticas (verídicas o ficcionales) propias de los grandes protagonistas de la Humanidad y convertirlas en una especie de ‘guías' hacia la cima deseada a alcanzar. "La eternidad está enamorada de las obras del tiempo. Eso explica el descenso de Cristo a la cruz y lo que yo siento por la cretina de mi señora ¿Por qué tanto afán por la egiptología, entonces? Porque lo que podemos aprender del Antiguo Egipto ya no significa nada. [...] Ahora no me queda más remedio que ser Napoleón Bonaparte, el conquistador, el marido de la posteridad, Triste consuelo".

Con una ambición propia de un escritor vanguardista que apuesta fuerte al riesgo, que no duda en brotar dosis de extravagancia y exotismo a su escritura, y se apoya menos en los diálogos que en reflexiones y monólogos intensos, Guebel ofrece en El absoluto una narración fascinante que combina historia, política, misticismo, filosofía, música y ciencia; una reinterpretación de la realidad para volcarla en una narración mucho más que atrapante: un verdadero desafío logrado.

Nicolás Munilla

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10 de Diciembre de 2016|09:49
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