Melconian: "La inflación es tendencialmente decreciente"

El presidente del Banco Nación estimó, además, que es posible que para 2017 en algunos sectores de la economía "los salarios le ganen al índice de precios".

El presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, aseguró que "la inflación es tendencialmente decreciente" y estimó posible que para 2017 en algunos sectores de la economía "los salarios le ganen al índice de precios".

"Tendencialmente la inflación el año que viene va para abajo de la de este año esa es la cuestión importante", aseveró el economista al relativizar si el índice estará por debajo o por encima de las estimaciones del Gobierno nacional para 2017.

En ese contexto, el economista entendió que advierte "alta posibilidad de que los salarios le ganen a la inflación y en la libertad de decisión que tiene un trabajador para decidir su paritaria con su empleador también vamos a rumbo a que pueda participar de las mejoras o restringirse cuando va más o menos".

"No todos los sectores están iguales" explicó en declaraciones a Radio la Red al plantear que es necesario "manejar la transición enfrentando las paritarias con cerramientos y aperturas" de las discusiones.

Tras reiterar su frase ya conocida de que "el ajuste lo tiró el Gobierno anterior y el actual está poniendo las cosas en orden", Melconian admitió que "cuando un PBI da negativo como puede dar en el 2016 es difícil que suban los puestos de trabajo".

No obstante, aclaró que ese estancamiento en la creación de empleo viene de los últimos años al explicar "al final del 2015 la Argentina tenía el mismo PBI que en el 2011, y no hay mejor prueba del estancamiento".

Télam

Opiniones (3)
21 de agosto de 2017 | 16:01
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21 de agosto de 2017 | 16:01
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  1. Si hay "altas probabilidades" de que pase algo, es una verdad fáctica que existe una probabilidad de que no pase. Lógica pura. Entonces Sr. Melconián, por qué no se deja de pelotudear.
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  2. Antes me parece que los empresarios se llevaban el dinero xq no había clima de negocios compitiendo con lázaro baez . O si José López y de Vido decidían sobre las licitaciones. En cuanto al as ganancias financieras nunca los bancos hicieron tanta plata como con los gobiernos menemista o kirchnerista. Ojalá esta vez funcione. Al menos no están los de siempre
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  3. "Pasemos ahora a la situación actual. Para el Gobierno que asumió en diciembre pasado el nivel de actividad económica interna y el de empleo dejaron de ser una prioridad a corto plazo y pasaron a ser un acto de fe, esperanza o ilusión ?el tiempo diráa a largo plazo, consecuencia automática de una serie de ajustes draconianos a efectuar en la economía sobre la base de un diagnóstico apocalíptico incomprobable. La idea principal es alinear las variables económicas como para que sean los mercados los que asignen de una manera eficiente y productiva los recursos para generar un crecimiento sostenible y ?empleo de calidad?, para usar un término que le gusta mucho al actual Presidente. Para lograr este objetivo a largo plazo este Gobierno indujo un aumento del tipo de cambio oficial superior al 50 por ciento en un solo acto, eliminó o redujo retenciones a las exportaciones agropecuarias e industriales y eliminó abruptamente los subsidios a los principales servicios públicos, todo lo cual está induciendo una fuerte contracción de la demanda y un aumento del desempleo, incluyendo despidos ejemplificadores en el sector público, para tratar de contener parcialmente el escandaloso aumento de precios a que estas medidas dieron lugar. Uno podría estar tentado a decir, y muchos lo dicen por hipocresía, que la caída de la demanda y el aumento del desempleo son los efectos no deseados del "inevitable" ajuste que había que hacer para poner en orden una economía "desquiciada". Una reflexión un poco más profunda, sin embargo, revela que lamentablemente no es así, que estas consecuencias no son efectos secundarios de una medicina dura pero necesaria, sino que son parte de los objetivos de una política económica que está orientada a gobernar para los negocios antes que para el bienestar de la mayoría, prometiendo que éste vendrá después. Lo primero que hay que destacar para entender que estos no son efectos no deseados es que lo que ha pasado y está pasando con los precios no es un proceso inflacionario sino . Para consumar este cambio es fundamental que los ingresos fijos afectados (salarios y jubilaciones principalmente) no recuperen esa pérdida porque si no, no sólo se volvería al principio sino que entonces sí se desataría una espiral inflacionaria por puja distributiva. ¿Cómo se logra que los ingresos fijos no recuperen su poder adquisitivo anterior al salto de precios? Principalmente induciendo una caída en el nivel de actividad económica que incremente el desempleo, y las expectativas de pérdida del empleo de quienes aún lo conservan, para que en las negociaciones paritarias los sindicatos deban reflexionar dónde les aprieta el zapato, como dijo el Ministro de Hacienda: si en obtener un salario más alto con menos gente trabajando o un salario más bajo con algún compromiso de menos despidos, que de todos modos habrá que ver si se cumple. Y prueba de que esto no es un efecto no deseado es que el principal impulsor de los despidos en estos meses fue el propio Sector Público que emitió la primera señal inconfundible de hacia dónde tenían que apuntar las empresas. Alguien podría argumentar que la caída en la demanda no fue necesariamente "inducida" sino que fue un efecto no deseado del cambio de precios relativos. La ingenuidad de este razonamiento se pone de manifiesto por el brutal aumento de la tasa de interés que el Banco Central indujo con la colocaciones de Lebac; que logró que empresas y bancos distraigan sus recursos líquidos en inversiones financieras y no en proyectos productivos, agregando a la recesión de la demanda una fuerte reducción de la oferta. Esto no es magia ni impericia: son efectos deseados. Ahora bien, una vez que se haya logrado consolidar el cambio de precios relativos y la consecuente redistribución de ingresos para recomponer las ganancias empresarias, eliminando los empleos de baja productividad y la "grasa militante" en el Estado, ¿qué promete esta política de sinceramiento? Básicamente dos cosas, también incomprobables: 1) que las mayores ganancias empresarias se volcarán a inversiones productivas que recuperen el nivel de actividad de manera genuina (y no que se dediquen a la fuga de capitales a paraísos fiscales ?off shore? como en las últimas décadas), y 2) que, complementariamente, el maravilloso clima de negocios que todo esto genere atraerá inversiones externas que irán a la producción y no a la especulación financiera, también como en las últimas décadas. Si toda esta explicación resulta poco convincente, está el veto a la ley anti despidos para demostrar que no eran un descuido sino un efecto deseado que forma parte ineludible de la política económica vigente." Nota IMPACTOS DESEADOS por DANIEL NOVAK Ex subsecretario de Coordinación Económica de la Nación. Docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
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