Una cuestión de fe

Hay quienes, al no poder hallar una salida a sus sufrimientos, se refugian en la fe.

 Tener fe significa no querer saber la verdad. Friedrich Nietzsche.

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- Hay quienes, al no poder hallar una salida a sus sufrimientos, se refugian en la fe. Recurren a ella porque les da consuelo y calma a sus almas convalecientes, a cambio de una entrega total y desinteresada.La fe no necesita ser explicada, es lo que es. Todo aquel que procura ir en búsqueda de sus orígenes, de aquellas enrevesadas raíces que forman su cimiento, termina convenciéndose de que no ha hecho otra cosa más que dar vueltas en círculo. Siempre se llega al mismo lugar, porque la fe no posee punto de partida ni de llegada, como tampoco conoce de límites; se halla supeditada a una existencia desconocida e inextricable para el resto. Lo más que se puede llegar a saber de ella, es que se encarga de brindarle sostén a los espíritus abatidos, y se alimenta de la credulidad que detentan sus adeptos.

- A mi modo de ver las cosas, debo confesar que aquella cuestión de que la fe puede llegar a ser un buen aliciente para el alma de los desconsolados, me resulta inverosímil. ¿Dónde se halla la credibilidad en todo ello? Toda doctrina debe contener una base firme que la sustente, y no alcanzo a vislumbrarla en la fe, al punto de que, si no cuenta con los elementos necesarios para erigirse como tal, es probable que tampoco haya de contar con la suficiente capacidad como para ejercer algún influjo sobre los problemas mundanos.A la luz de los hechos, nadie puede aseverar que un fenómeno de dudosa existencia, en este caso, la mal llamada fe, sea quien nos sostenga en tiempos de crisis. Sería como si creyésemos realmente que con unas cuantas palabras de aliento, reconfortantes y reparadoras para aquel desventurado y afligido corazón, el dolor que lo carcome se disipará sin más, cuando en realidad, no ejercen más que un efecto placebo sobre el mismo.

- Buen punto, pero, ¿cómo podemos estar seguros de que no existe una fuerza mayor que nos impulsa a perseverar ante cualquier hecho o desgracia desafortunados? ¿Cómo se explica entonces, que mientras unos caen, otros se levanten, y con más fortaleza que la que detentaban? El meollo del asunto, radica en la poca o nula capacidad que tienen algunos para expandir sus mentes atrofiadas. Se muestran renuentes a considerar toda perspectiva que no se amolde a sus cánones. Éste ha sido siempre el gran problema de los hombres, creer que con la estrechez de pensamiento se puede llegar a algún lado. Pero como no pretendo ser el salvador de nadie, y tampoco me hallo dispuesto a transformar mentes indispuestas, y por lo demás, insustanciales, me abstengo de intervenir, y me limito a nutrirme con aquellas que ven más allá de lo dado. Al querer introducirnos en la doctrina de la fe, lo que se intenta no es otra cosa más que, adjudicarle un sentido -una razón de ser-, y para ello, nos vemos forzados a revisar nuestras propias concepciones teóricas. En lo particular, creo que la fe no daña ni envenena en grado alguno, al contrario, sus consecuencias resultan en extremo benéficas para el espíritu del indefenso. A la vez que lo dota de esperanza y lo aleja de las sombras, por otro lado, le devuelve la tranquilidad de la que se hubo separado en contra de su voluntad. Pero como suele suceder, hay excepciones a la regla. Podría decirse que la fe se asemeja alcaldo que nos receta el médico para subsanar el estado de malestar en que nos hallamos. A algunos les sienta bien, y a otros les deja sin efecto alguno.

- Si me lo permiten, quisiera dar a conocer mi opinión al respecto. He escuchado con sumo interés sus disertaciones, y aún no alcanzo a entrever, cómo es posible que no podamos llegar a un entendimiento cabal del asunto aquí desmenuzado. En el campo de las creencias religiosas y de la fe, como en muchos otros en los que se halla circunscripto el hombre, siempre habremos de chocar contra una pared. Y es que no se puede convencer a un hombre de fe consumada, de que toda su existencia e idiosincrasia no son más que unvil engaño, como así tampoco se puede convertir de la noche a la mañana el espíritu de un hombre desprovisto fe.La fe se tiene o no se tiene; así como el dinero y la tranquilidad de espíritu, por poner algunos ejemplos. No existen puntos intermedios en este asunto.Ahora bien, ¿qué es lo que conduce a un hombre a relacionarse con la fe? ¿El vacío en su interior? ¿La levedad de espíritu? ¿Algún hecho aciago o desafortunado? ¿Es un sentimiento como tantos otros o mera sugestión? ¿Se puede tener fe y luego abandonarla, o a la inversa, no tenerla y luego entregarse a ella por completo? ¿Hasta qué punto puede alguien identificarse con algo tan abstracto y que escapa a todo raciocinio? ¿Es posible llevar una existencia sin fe?¿Si en verdad existe la fe, es la misma siempre o cambia con los años? Éstas son algunas de las preguntas cuyas respuestas aún se hallan a la deriva. Esto se da así, porque aquí no hay conclusión que valga. Si a un hombre le alcanza con su fe -o supuesta fe-, todo aquel que intente ponerla en duda, no será visto más que como alguien que se encuentra equivocado. No se puede culpar ni a uno ni a otro, ya que dos verdades tan contrarias nunca podrán llegar a entenderse sin asperezas de por medio. Por otra parte, si se intentase persuadir a un hombre apartado del mundo de la fe, de que debe consagrarse a la religión para encontrarse a sí mismo y caminar sin ataduras internas que le dificulten su existencia, no se estaría haciendo otra cosa más que exacerbar su sentimiento de animadversión hacia todo lo que entre en contradicción con sus creencias más arraigadas. En fin, la fe no tiene lugar en las almas de los no creyentes, y a la inversa, la falta de fe no tiene morada en un corazón crédulo y colmado de esperanza.

Manuel Arias


Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|01:38
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10 de Diciembre de 2016|01:38
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  1. Buena redacción, tema difícil de tocar pero no intocable. La "Fe" es en sí misma una incógnita que no se refleja en sensaciones corporales; el odio o el amor, el perdón o el rencor, son sentimientos que se pueden expresar debido a que se sienten físicamente. Para mi, la "Fe" es un puente que une lo mundano y terrenal a lo divino y celestial, no debes entender cómo cruzarlo, sino creer que puedes transitarlo. Llevándolo a un nivel mundano o terrenal, transcribo una carta de Manuel Belgrano a José de San Martín del 6 de abril de 1814: "He dicho a usted lo bastante; quisiera hablar más; pero temo quitar a usted su precioso tiempo y mis males tampoco me dejan. Añadiré únicamente que conserve la Bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el Ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre Nuestra Generala, y no olvide los escapularios a la tropa; deje usted que se rían; los efectos le resarcirán a Usted de la risa de los mentecatos que ven las cosas por encima. Acuérdese usted que es un General Cristiano, Apostólico Romano; cele Usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más triviales se falte al respeto de cuanto diga a nuestra Santa Religión. Se lo dice a usted su verdadero y fiel amigo". Es decir, la Fe en la Bandera o Nuestra Señora de las Mercedes o el Escapulario o las risas; son una especie de protección que nos acompañada por el camino de la vida a un destino incierto, que sólo con la la muerte se ha de develar: ¿ Dios existe ? ¿ Dios no existe ? Entonces... ¿ Qué destino tiene una plegaria ? Si Dios existe, piénsala en voz baja... Él te ayudará. Si Dios no existe, piénsala en voz alta... alguien te escuchará. Saludos.- ¿ Qué pasó con Nicanor y Clodete, después de salir de la Biblioteca ?
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